Estamos llegando a la recta final de la campaña electoral, probablemente la más decisoria. Muchos, la gran mayoría, tienen ya el voto definido y pocos, salvo catástrofes que nadie quiere repetir, variarán su tendencia por mucho que hagan o digan los políticos en los próximos días.
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Sin embargo, las elecciones, generalmente no se ganan con el llamado “voto fijo”, sino arañando en la franja de los indecisos y desencantados, que al fín y al cabo, son los que realmente, hacen que la balanza se vuelque hacia un partido determinado. Y es ahí, donde, por confianza, simpatía y otros factores intangibles, los candidatos pueden hacer mucho en este último tramo de campaña.
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A nadie se le escapa que estas son unas elecciones cruciales para el futuro de nuestra Patria, y no sólo ya, en lo que se refiere a los cuatro años siguientes. Y es así, con esa premisa, con la que hemos de acudir a votar el día 9 de marzo, es decir concienciados de lo mucho que nos jugamos.
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Y quiero establecer esa prioridad para explicar mi voto e intentar rebatir, desde el respeto, ciertas posturas que estoy empezando a notar, incluso en alguno de mis habituales comentaristas y en ciertas bitácoras amigas.
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Voy a empezar por definirme, aunque muchos ya lo habrán intuido, mi voto va para Mariano Rajoy. Y voy a votar a Rajoy, además de por coherencia y responsabilidad, por las terribles consecuencias que tendrá para todos, si el que está ahora en
Digo esto, porque ciertos queridos compañeros, desde su libertad y seguramente con mucho raciocinio, defienden el apoyo a otras candidaturas. Estos colegas, niegan el voto a Rajoy, sin duda por razones poderosas. Principalmente alegan que, aún siendo mejor candidato que el impresentable (cualquiera lo seria); el Partido Popular, no sigue fielmente, el dictado de lo que propugna, en materia moral, la religión católica.
He de decir, que ciertamente pueden tener razón en estas importantes materias; yo soy católico practicante y tampoco estoy al cien por cien, conforme con las tesis del PP, en lo tocante a esos asuntos.
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Sin embargo, mirando en derredor en la franja situada a la derecha del espectro político español, tampoco existe ningún otro partido, que cubra totalmente mis necesidades en ese sentido y que además tenga posibilidades reales de derrotar al mangante. Unos, por extremistas, otros por demasiado centrados, los que más, por localistas; en definitiva, ninguna formación de las que se presentan, cumple todos los requísitos para que yo le pueda otorgar mi confianza y mi voto, con los ojos cerrados.
Tanto es así, que el que me ofrece más confianza, a pesar de que no lleve en su programa, todo lo que yo desearía es Mariano Rajoy.
No se trata de pedir el voto útil, ni tampoco de ir a votar con los ojos cerrados y la nariz tapada; se trata de la imperiosa necesidad actual de parar la debacle que se nos viene encima.
Y además se trata de dar la confianza a alguien que creo la merece. Alguien, que es coherente, razonable, moderado, inteligente; que apuesta por la libertad y el entendimiento; que defiende la unidad, que propugna la lucha contra el terror y la desigualdad. Alguien, que con mi voto y el de muchos más, tiene la posibilidad real de derrocar al negligente y llevar a cabo unas políticas, donde los católicos podamos ejercer nuestros derechos en libertad y sin ofensas, y todos los españoles desarrollar nuestro futuro con libertad y con posibilidades de mejorarlo.
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De otro modo, y votando en otro sentido nos arriesgamos a que gane otra vez el de la ceja y de ser así, esto es lo próximo que pasará:
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- En cuanto al modelo de Estado, en breve, Ibarreche abrirá el melón del secesionismo con su anunciado referéndum.
- En materia terrorista, como anunció Bermejo, y pese a lo que digan en campaña, volverán a chalanear con los asesinos de ETA.
- En educación, se implantará, sin cortapisas,
- En lo social, se abrirán las puertas, de par en par, a aberraciones como la eutanasia y a la adopción de niños por parejas del mismo sexo.
Y continuará también, la política sin control y de puertas abiertas, en materia de inmigración, con toda la importancia que tiene para nuestros bolsillos y para la convivencia pacífica.
- En materia económica, continuismo, es decir seguirá su tendencia en picado, mientras que el IPC y el paro, con seguridad, alcanzarán máximos nunca vistos.
- En libertades y derechos, los cordones sanitarios y las censuras al pensamiento disidente, harán imposible pactos y diálogos de ningún tipo.
Además, si vuelven a ganar, el control sobre Internet será férreo, y el canon digital será la cabeza del gran iceberg impositivo que pretenden.
Y…
- Si obtienen de nuevo la victoria, nunca se podrá acabar con el coleguismo, el enchufismo y el unte económico en forma de subvenciones.
- Seguirán usando sus privilegios y el dinero de todos, en macro despachos (Trujillo), en reformas millonarias (Bermejo), en viajes y cuchipandas con fondos públicos.
- Se seguirán riendo de nosotros, con las Kelly finder, el referendum plus y los minipisos.
- Las chapuzas a que nos tienen acostumbrados, como el Carmelo irán en aumento.
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Y los furibundos, pero todavía incipientes, ataques a los creyentes católicos, se incrementaran. Probablemente también cambien radicalmente las relaciones con
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Como dije al principio de este largo comentario, probablemente los compañeros que, desde su libertad, piensan de otro modo, tienen mis respetos; pero yo me niego en rotundo a dar la más mínima oportunidad a que estos últimos cuatro años se vuelvan a repetir en edición corregida y aumentada. No se trata de voto útil, se trata de coherencia, responsabilidad y sobretodo de libertad y de la defensa de la misma. Como dicen ellos, hay que votar con todas las fuerzas, y votar con responsabilidad, para que no vuelvan a pisarnos. Así os digo, con la cabeza en su sitio y con el corazón en la mano, ¡No es hora de tirar el voto!.














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