Metidos en la espiral de dimes y diretes de la campaña electoral, imperdonablemente este blog ha dejado aparcados ciertos temas que nos interesan sobremanera, y que indudablemente tienen mucha más importancia que cualquier tema temporal. Y es que estamos en Cuaresma, y es bueno, saludable y recomendable, de vez en vez, pedir tiempo muerto, parar los devenires y sentarse a reflexionar para recomponerse por dentro. Y …es óptimo que, a final de tanta semana de agobio y no parar, llegué un descanso dominical que nos pause y nos ponga las pilas, para seguir rodando por esos mundos como Dios quiere que lo hagamos.
Así, para no perder las buenas costumbres, me dispongo con presteza y no sin cierto deleite a recompensar con este post la omisión anterior.
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En esta ocasión y dentro de lo que he dado en llamar mis reflexiones cuaresmales, quisiera compartir con vosotros mi gusto y asombro por uno de los pasajes de la vida de Jesús que siempre me han llamado más me han movido y conmovido.
El relato es conocido por todos, y a grandes rasgos y algo “novelado” por mí, viene a decir algo así:
- Era ya tarde, Jesús había predicado todo el día, y como hombre que era, estaba cansado. Así, que de regreso, con sus amigos en la barca que les había de llevar de vuelta a casa, decidió dormir durante las dos o tres leguas que les separaban de la otra orilla.-
Curiosamente, este pasaje es el único en toda
- Cuando partieron, el mar estaba en calma chicha, como dicen los marineros, pero paulatina e inesperadamente el tiempo fue cambiando hasta desatarse una importante tormenta.-
Al parecer, el hecho en sí, de esta tormenta súbita no tiene nada de extraño, ni de milagroso. Estas tempestades “imprevistas” ocurren con cierta frecuencia en el mar de Galilea, en ciertas épocas del año. La ubicación geográfica de este mar es propicia para este tipo de fenómenos, está situado en una hondonada a
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Pero continuemos con el relato, que sin duda, es uno de los más dramáticos de todo el Evangelio. Porque a pesar de “la normalidad” de estos fenómenos atmosféricos en esa región, aquella tempestad debió de ser realmente dura.
- Aquel día los amigos del Señor, nadie se olvide, expertos pescadores, vivieron auténtico miedo, nunca antes habían vivido un peligro tan grande.
Y junto a su angustia….¡El Señor dormido!; es lo que menos entendían, probablemente les sulfuraba, les indignaba. ¿Fingía el sueño?, era imposible que no se despertase con aquellos tremendos vaivenes, el agua, por fuerza debía salpicar su rostro, pero Él dormía, sólo dormía.-
Así que decidieron actuar, y molestos casi enfadados le despertaron y le atravesaron con esta pregunta:
- ¿Es que no te importa que perezcamos?
Evidentemente era un duro reproche fruto del nerviosismo de la situación, pero también un reconocimiento tácito del poder de Jesús sobre todo. Es cierto, que estos rudos pescadores, fallaron en las formas, pero no en el fondo.
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- Ahora Jesús se puso en pié y se dirigió al mar como si fuese una persona, y le dijo:
¡Cállate!, ¡Guarda silencio!; y en un instante el viento se paró, el mar se apaciguó y se produjo una gran calma, una gran quietud. Acto seguido, se volvió a sus amigos y ahora era Él quien se quejaba: “¿Por qué tenéis miedo?, ¿Es que no tenéis fé?.
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Claro que tenían fé, por eso habían acudido a pedir su auxilio, pero en esta ocasión su miedo fue más grande que su fé. Ellos, que habían vistos milagros, curaciones, ¡resurrecciones incluso!, a la vuelta de la esquina y viendo el peligro en sus vidas habían olvidado todos estos prodigios. Así somos los hombres.
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Sin embargo, en el relato de todo esto ahora viene lo más impactante.
Aquel si que era un océano en el que se perdían y en el que todo podía suceder. “¿Quién es este que hasta los vientos y el mar le obedecen?”. Era un hombre como los demás, como ellos, pero era mucho más. Caminar a su lado, entrar en su obra, era mucho más peligroso que adentrarse en el mar. Intuían que en aquella navegación perderían sus vidas. Pero misteriosamente, se sentían felices por ello.
¿Que os ha parecido?, impresionante ¿verdad?, pues eso, que aprendamos bien la lección y que incluso, en tiempos de tempestad como en este tiempo loco en el que estamos sumergidos, nunca lleguemos a perder la fé, ni nuestro verdadero rumbo. Hasta la próxima.
5 Comentarios:
Haces bien en recordarnos en el tiempo que estamos, porque con Rodríguez el Traidor se pierde hasta el horizonte.
P.D. Recemos también porque el 9 de marzo se obre el milagro.
La fé en ocasiones es lo único que nos queda y lo que más falta nos hace
Hola Arcendo, te tengo en un meme (sin compromiso) sobre los libros que deseas leer. Me lo pasó Maya.
Y la verdad, es bueno como dices, recomponer por dentro. Nos hace mucha falta en estos tiempos de carreras, más tratándose que ya estamos en Cuaresma.
Un abrazo, Martha
Cosoto es en la vida de un creyente mantener la fé, y más con los tiempos que corren. Sólo falta que nos tiren piedras. La dificultad es una prueba que nos hace más fuertes.
No me olvido del "meme" que tengo pendiente.
Un saludo español
Muy bien esta llamada, a la mitad de la Cuaresma. Ayer viv� un ejemplo de fe que todav�a hoy me tiene trastornada. En el funeral del marido joven de una amiga.
Como dices, estos tiempos de tempestades s�lo pueden salvarse con una fe indestructible. La tenemos como don de Dios pero que en las dificultades hay que pedir que nos la aumente.
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