A nadie se le escapa que el progreso tecnológico de la humanidad ha sido considerable y que además este ha crecido exponencialmente en las últimas décadas es un hecho incontestable. También está claro que, si todo fuera como debería ir y la distribución de la riqueza fuese más justa y equitativa, todos esos avances permitirían al ser humano de cualquier país gozar del “estado del bienestar” tan jaleado por las huestes de la progresía mundial. Lamentablemente, siempre existen intereses creados e hilos ocultos que impiden que estas mejoras lleguen con toda su fuerza a cualquier rincón del planeta.
¿Verdaderamente es esto una auténtica civilización?, En cualquier caso, ¿Quienes impiden esa evolución necesaria?, ¿por qué lo hacen?.
Son tres enigmas que hay que contestarlos con sosiego y ecuanimidad, pero la clave de todo, pienso está en la primera de las tres.
Si nos ceñimos simplemente a la etimología, el diccionario de
1. Estado cultural propio de las sociedades humanas más avanzadas por el nivel de su ciencia, artes, ideas y costumbres.
2. Acción y efecto de civilizar.
En la primera de estas interpretaciones, es evidente, como ya hemos comentado, que el desarrollo científico ha propiciado, en ciertos sectores, la expansión de nuevas posibilidades de crecimiento económico y por tanto el florecimiento de sociedades más llevaderas. El auge de este nuevo cientifismo ha hecho posible progresiones en todos los campos; la industria, el comercio y la medicina han encontrado en estos adelantos un nuevo impulso; pero donde de verdad, se percibe este enriquecimiento es en la vida cotidiana. A ningún mortal que viva por estos pagos, le son ajenas las siglas, tdt, gps, mp4, ipod, cd, o dvd, ó vocablos como microondas, Internet, televisor de plasma, o placa vitrocerámica. Todo esto está muy bien, pero regresemos al resto de la definición de
En lo que respecta a las artes, ideas y costumbres, la cosa es totalmente distinta. Las artes, salvando honrosas excepciones, o son rematadamente malas o son refritos; las ideas –las buenas- brillan por su ausencia y las costumbres….están tan relajadas que no se tienen de pié.
En la plástica, otro tanto, es puro mercantilismo, sin talento, ni gracia; desde Kandinsky, Picasso, Pablo Gargallo y Antonio López, poco nuevo de talla, ha salido. Así, las artes sufren un proceso de estancamiento que ya dura demasiado.
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En las ideas, ya no hay debates serios; la duda y la curiosidad que son las que siempre han movido el pensamiento humano, han dejado paso al dictado de las modas y de las directrices que marcan los grandes grupos mediáticos. En esta crisis no hay lugar para el análisis, la vieja teoría hegeliana de tesis-antítesis-síntesis, ha borrado sus límites, se ha permitido simplificar todo en consignas y estereotipos.
El hombre piensa cada vez menos, está cada vez menos humanizado, se ha limitado a ser mero espectador sin criterio, en lugar de ser parte activa y co-creativa del mundo.
Mención especial y para tratarlo aparte es el tema de –las costumbres-.
Aquello de “las buenas costumbres”, ha pasado a la historia, esta sociedad decadente admite alteraciones aberrantes que en lugar de vaticinar progreso y civilización, suponen una involución histórica sin precedentes, una vuelta a sociedades primitivas tribales, donde la moral no existía y todo se aceptaba.
Esta es una comunidad de hipócritas, que se lleva las manos a la cabeza por el holocausto judío, al tiempo que apoya políticas infames que propician la matanza masiva de inocentes, sin cerrar los ojos. Tan sólo el hecho de que, sólo en un país como España, se practicaran 97.000 abortos provocados el año pasado (LD), sería como para que alguien, con corazón y sangre en las venas pusiera el grito en el cielo ante tal genocidio.
Nuestro mundo empobrecido moralmente, acepta cualquier anormalidad, transformándola en habitual; la adopción de criaturas por matrimonios del mismo sexo, la eutanasia disfrazándola de muerte dulce y caritativa, la manipulación genética sin escrúpulos, el comercio de embriones, e incluso últimamente se pretende abrir las puertas a la aceptación del incesto (20m).
No se puede, no se debe confundir la tolerancia y la caridad, con ciertos temas que rayan en la anti-naturalidad. No se pueden justificar ciertas conductas, cuando estas degradan la esencia misma del ser humano. No es una razón puramente religiosa el impedir que los avances de la ciencia, traspasen los límites de la moralidad, es la actividad científica la que debe respetar el lenguaje propio en que se manifiesta el mundo natural.
En definitiva, las costumbres del mundo actual, no hablan nada a favor de la civilización. Así ante la primera pregunta que hacíamos al principio, ¿Verdaderamente es esto una auténtica civilización?, rotundamente tenemos que negar la mayor. Una sociedad sin valores, ni representa estado cultural alguno, ni se puede considerar avanzado. Cuando los avances técnicos superan e incluso se sirven para aplastar a los principios éticos, algo va mal; se abre un abismo esquizofrénico que es difícil abordar.
El ser humano no puede depositar en la ciencia y en la tecnología una confianza tan radical e incondicional, como para creer que el progreso de la ciencia y la tecnología puede explicar todo y satisfacer plenamente sus necesidades existenciales y espirituales. La ciencia no puede sustituir a la filosofía y tampoco a la revelación, dando una respuesta exhaustiva a las cuestiones fundamentales. El creer esto es un gran error, que avecina la deshumanización de la sociedad, y por tanto su incivilización, y esto es lo que nos está pasando ahora.
En cuanto a las otras dos cuestiones, ¿Quienes impiden esa evolución necesaria? y ¿por qué lo hacen?; se contestan por sí solas, y en una sola sentencia. Los que realmente vetan ese progreso, son los que no creen que la persona humana se diferencia del resto de los seres vivos por ser una criatura hecha para la libertad. A través de su evolución va adquiriendo las características necesarias para este fin. El hombre no se rige por los instintos, que controlan la conducta animal, sino por su inteligencia. Tampoco se puede reducir la corporalidad humana a la categoría de un organismo vivo con órganos y estructuras corporales al modo como lo es un vegetal o un animal. La erradicación de esta idea, exige, ante todo, actitudes morales inequívocas. Nuestra sociedad, náufraga ahora en los lodazales de un hedonismo sin límites y una pasividad intelectual sin precedentes, y el problema es que no se atreve a afrontar, tal situación. Los que mueven los hilos, saben bien que una sociedad cómoda, que no piensa es fácilmente manipulable, y es el caldo de cultivo idóneo para cumplir su propósito; alejar cualquier atisbo de humanidad y por ende de Dios.
El laicismo imperante y quienes lo promueven, tienen la respuesta.







4 comentarios:
La clave es esa, hay muy pocos que piensan y tienen la capacidad de hacerlo razonando.
Saludos
Al menos Jordi Pujol Ex-presidente de la Generalitat,a confirmado que han muerto más personas de derechas (curas,monjas,religiosos y católicos)en la época de la guerra civil que personas de izquierdas.Saludos Arcen
No te preocupes, Arcendo, que la Historia es cíclica y ya vendrá el tío Paco con las rebajas... El saneamiento de la sociedad actual llegará más pronto que tarde. Y vuelta a empezar.
En los avances de la civilización siempre hay algo que se pierde. Pero es bien triste que la civilización nuestra esté avanzando sólo en elementos técnicos y se deje por el camino la moral más elemental y lo más bello que puede producir la imaginación y la inteligencia del hombre.
Ya ves, tu éstupendo post me ha quitado un poco de felicidad por el duro choque con la realidad que nos rodea.
¿Pillaste en el mío la doble referencia?.
Ya dejamos San Juan. Saludos
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