"Morir veinte años antes o después, importa poco. Lo que importa es morir bien. No te arrepientas de tus lagrimas. ¡Ahora, resiste y resiste!, ¡Aprieta los dientes, pon una mordaza a tu corazón! ¡Y sube!"
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miércoles 25 de junio de 2008

HOMENAJE A LA LEYENDA

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En este blog solemos hablar con cierta frecuencia y con mucho cariño del séptimo arte. Hemos tocado ya muchos palos, la comedia, el drama, el western, el cine de autor e incluso el musical; pero nunca, hasta ahora, habíamos tratado como se merece el cine de animación.
La verdad, es que si hemos de ser justos, ya es tiempo que le rindamos su homenaje, y lo voy a hacer en la persona, sin la cual, este género simplemente no sería considerado cine, ni arte en mayúsculas. Probablemente, más de uno, habrá pensado acertadamente en la figura de Walt Disney.

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Que Walt Disney es la figura más importante del cine de animación es como decir que las hojas de los árboles son de color verde. Guste o no guste, es así, por derecho propio.
Fue el pionero, el impulsor del cine de dibujos animados hacía la gran pantalla, el primero que planteó un largometraje de dibujos y además lo hizo con calidad y buen gusto. Pero posiblemente, el secreto de su triunfo radicaba en su habilidad para elegir historias intemporales y que, por tanto, fuesen conocidas de antemano y pudiesen ser gozadas por cada nueva generación de espectadores.
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Inquieto e innovador por naturaleza, desde sus inicios siempre fue un audaz emprendedor; cuando ya se había hecho un nombre en la industria de Hollywood, gracias a su celebre ratón Mickey, Walt Disney emprendió una iniciativa arriesgada y sin precedentes: producir el primer largometraje de dibujos animados de la historia del cine. Blancanieves y los siete enanitos (1937); con el demostró no sólo que Disney y su equipo eran unos virtuosos de la animación, sino que los dibujos animados podían ser todo un género cinematográfico. La película recaudó cuatro millones de dólares, un récord para la época. No vamos a descubrir nada nuevo si decimos que Disney era mejor empresario que dibujante, y así lo demostró también en todas sus facetas. Disney siempre pensó que el producto de ocio no debía limitarse a una sala de cine, sino que podía completarse con un complejo entramado de productos relacionados entre sí: los productos modernos, como “la Guerra de las Galaxias” o “El señor de los anillos” (ese megaproducto compuesto por películas, libros, muñecos, juegos de rol y camisetas), no son más que desarrollos del concepto de espectáculo ideado por Walt Disney; gran inventor sin duda del merchandising cinematográfico.
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Pero, a parte de su cara mercantilista, si hemos de rendirle pleitesía es por la gran cantidad de obras maestras que salieron de su factoría. Historias entrañables, bonitas, conmovedoras, pero sobre todo entretenidas, que han disfrutado ya, muchas generaciones. Éxitos muchos de ellos, de público y crítica, y avalados por cantidad de premios y nada menos que por 29 oscars en vida de Walt, luego vendrían alguno más.
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Disney murió en 1966, en plena flor de su triunfo y sin llegar a ver terminado “El libro de la selva” (1967), la segunda película más comercial de Disney desde Blancanieves.
La era post-Disney tuvo sus altibajos en la productora, después de la muerte de su creador. Con variada fortuna, tratarían de sustituirle figuras tan dispares como su hermano Roy O. Disney, su sobrino Roy E. Disney y su yerno Ron Miller. Pero sólo el productor ejecutivo Michael Eisner demostró ser digno sucesor suyo.
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Después de años de mucha producción y pocos éxitos destacables, los estudios Disney volvieron a ser los reyes del género del dibujo animado en la nueva década dorada de 1989 al 1999, con títulos tan geniales como “La bella y la bestia” (1991), “El Rey León” (1994). “El Jorobado de Notre Dame” (1996), y “Tarzán” (1999). Producciones estas donde se compaginaba, con acierto, una buena historia, impresionantes dibujos y magníficas bandas sonoras.
Luego, la Disney se unió a PIXAR, claudicando hacía la pura animación digital, pero ya nada sería igual y el mercantilismo sempiterno de la compañía acabó, a mi modo de ver, por hundir al arte. Repito, ya nada es igual.
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Sin embargo, a pesar de sus muchos detractores, que tuvo y tiene, nadie puede negar a Walt Disney, el título de leyenda. Disney sin duda es uno de los nombres fundamentales de la cultura popular universal del siglo XX; y así lo hemos querido reconocer hoy, aquí.
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Lion King - Circle of Life.

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Tarzan - You'll be in my heart

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miércoles 18 de junio de 2008

ABRIENDO PUERTAS A LA UTOPÍA

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No hace mucho tiempo, tuve el placer de visionar, de nuevo, esa joya del cine italiano que es “Milagro en Milán”. Esta excelente fábula de Vittorio de Sica, siempre me ha provocado a partes iguales, sentimientos de ternura y reflexión.
De Sica, aquí, está a la altura de otros grandes cineastas como René Clair o Tati; en este film crea lo que sin duda es, la historia más fantástica, en todos los sentidos, de la cinematografía europea.
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"Milagro en Milán" es una comedia divertida y fresca, que ya no pertenece al neorrealismo puro, pero que sigue teniendo parte de la temática habitual de ese movimiento.
A propósito de la crisis que nos invade, hemos de decir que lo más destacable del film, probablemente, es el retrato descarnado de las ciudades europeas sumidas en la crisis más absoluta tras la segunda guerra mundial. Ciudades y personajes sobrevivientes al horror, a la carencia, al vacío, se aferran a la fantasía en forma de personajes mágicos con poderes, para creerse que es posible recomponer las cosas y volver a creer en lo necesario.
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Concretamente la película cuenta la historia de una barriada de pobres y la vida diaria de los mismos; y lo hace a través del increíble relato de la vida de un joven que nunca tuvo nada mas que el cariño desbordante de la anciana que lo crió, y ya no necesitó más para ser feliz. Felicidad que no perdió pese a las privaciones, en una trayectoria que va, desde completar su infancia en un orfanato hasta compartir las miserias con los desheredados de la sociedad, a quienes él, contagiaba la felicidad de su bondad.
Fundamentalmente, “Milagro en Milán”, retrata la dura realidad de los pobres que se ven condenados a vivir en condiciones infrahumanas. Pero no es el suyo un retrato sórdido o desgarrado, ya que los pobres de su relato tienen la alegría de vivir, de gozar con todas las pequeñas cosas, incluso con un pequeño rayo de sol, o con el amanecer de cada día. Una alegría solidaria y contagiante que por sí misma es un milagro.
Es un maravilloso “cuento de Navidad”, lleno de simpatía, realismo mágico, poesía visual, sátira social, y del humor más fino y tierno. Elementos estos que se combinan para lograr una película conmovedora y fuertemente crítica hacia las desigualdades y los egoísmos.
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En definitiva, “Milagro en Milán”, es una hermosa parábola y además una obra de arte cuyo alegato se basa en la necesidad de intentar un mundo mejor; por eso, recomiendo vivamente a todos mis lectores que la vean y sobretodo a los que creen haberlo visto todo sobre cine europeo.
Por favor, si pueden, disfruten de esta gran visión del Amor, del genial, Vittorio de Sica.
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martes 3 de junio de 2008

CINE DE Y PARA SIEMPRE

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Hace no mucho tiempo, recomendábamos en este blog, -Dublineses-, la que fúe última obra de John Huston; y hago referencia a la misma por la coincidencia, ya que hoy vamos a comentar, la obra de otro John, y también de tema irlandés.
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En este caso se trata de la magistral, “The quiet man”, -el hombre tranquilo-, del siempre fantástico John Ford.
La película es un gran collage de personajes entrañables, con diálogos cargados de humor y unos paisajes maravillosos.
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La historia es la de un ex-boxeador Sean Thornton (John Wayne) que vuelve al pueblo donde nació (Innisfree), después de haber pasado casi toda su vida en Estados Unidos.
Al llegar, conoce a la pelirroja, Mary Kate Danaher (Maureen O’Hara) de la que se enamora y con la que se casa.
El problema viene cuando el hermano de ella (un gran Victor McLaglen) se niega a dar la dote que corresponde a su hermana...y mientras que a Sean no le importa, Mary Kate monta en cólera ante la pasividad de su reciente marido para reclamar lo que es suyo.
Lo que ella no sabe es que Sean oculta un secreto en su pasado que le impide pelear...
La historia discurre entre las discusiones de un matrimonio que a pesar de estar locamente enamorados son incapaces de ser felices por puro orgullo...y todo un pueblo que asiste al espectáculo, no sólo como meros espectadores sino que tratan de ayudarlos a resolver sus problemas.
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Es, sin duda este, un delicioso retrato costumbrista, donde las tradiciones cobran la máxima importancia. En el film se muestran imágenes bucólicas de una Irlanda por la cual parece que se ha detenido el tiempo. Los trenes llegan con retraso, los hombres irlandeses van a la taberna a beber una pinta, al mismo tiempo que cantan a coro hermosas canciones. Además, para pedir la mano de una joven, hay que pedir el consentimiento al padre o al hermano siguiendo unos rituales ancestrales.
Sin embargo, no es una película ñoña, es una película amable...divertida, que nos ofrece el choque entre la visión moderna de un hombre criado en Estados Unidos y las tradiciones de ese pequeño pueblo irlandés.
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Ya han pasado más de 50 años desde que se rodó, viéndola está claro que los tiempos eran otros. Hoy ningún estudio aceptaría rodarla. La filosofía que desprende es demasiado machista, frases como "Aquí tiene una buena vara para pegar a su encantadora señora", hoy serían fulminantemente eliminadas del guión. Pero, a pesar esto la película sigue siendo magnífica y encantadora; y verla es un disfrute. Porque está hecha de una manera que incluso hoy es imposible no sonreír con ella y pensar que con todo, Ininsfree es un lugar maravilloso.
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Que más podemos decir, que la música es la correcta, la justa y necesaria; que es una obra maestra absoluta y que Wayne, Maureen O’Hara y Victor McLaglen están estupendos, (Maureen más guapa que nunca). ¡Ah si!, y que este film, en el año de su producción, 1952, logró dos oscar, incluido el de mejor director, pero eso es lo de menos.
¿Puede alguien hoy día llegar al nivel de Ford en este filme? Simplemente es imposible, porque es una obra de arte que va más allá del tiempo y del espacio. Simplemente, es soberbia.
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Os dejo con la que, probablemente es una de las escenas más bonitas y románticas de la historia del cine.
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jueves 29 de mayo de 2008

2001 PASÓ HACE ¡¡40 AÑOS!!

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Este abril pasado se cumplió, nada menos que la friolera de 40 años del estreno de esta película. Y por eso en este blog no queremos olvidarnos de tan señalado aniversario.
"2001, una odisea en el espacio", es sin duda, la obra más emblemática de la ciencia-ficción cinematográfica y además es la obra maestra de ese gran cineasta que fue Stanley Kubrick.
Esta película difícil, pero de extraordinaria belleza, está basada en un relato original de Arthur C. Clark, el centinela.
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El film se divide en cuatro actos. En cada uno de ellos, Kubrick describe una etapa distinta en la evolución del hombre. Surgen muchas interpretaciones de cada parte por la naturaleza críptica de la película en sí misma. Y seguramente esto se potencia en el último acto. El brillante director incluye mensajes tal vez, difíciles de descifrar para el espectador común. Por eso probablemente mucha gente dice que se aburre cuando la ve,
no hace falta que diga que a mi me fascinó y me sigue atrayendo y provocando cada vez que la veo. Porque pienso que no es sólo una película, sino arte, y el arte siempre requiere colaboración por parte del espectador.
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2001 es una obra maestra inigualable, pero además es completamente irrealizable en la actualidad. Hoy en día, ningún estudio cinematográfico le permitiría a un director filmar una película de ciencia ficción sin que explote algo y con muy pocos diálogos.
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Por eso, incluso en la época de su estreno, tampoco fue demasiado bien acogida; era una obra demasiado innovadora, yo diría que anticipada en el tiempo. Demasiado extraña, nada igual se había visto así, en las pantallas de un cine.
Uno muestra de esto, es la música. La banda sonora, en 2001, no sólo cumple una función de acompañamiento. Es protagonista principal. Kubrick utilizó la introducción de “Así habló Zaratustra”, poema sinfónico compuesto por Richard Strauss, y la fundió con las imágenes que brotaron de su mente. Desde entonces música e imagen se convirtieron en un solo ente. ¿Quién desde entonces, es capaz de escuchar el Danubio Azul, sin imaginar un fondo negro espacial con naves flotando?.
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Al margen de la novedad por el carácter del género, y de sus hechuras, por primera vez el cine, formulaba las preguntas fundamentales de la existencia del hombre, y más todavía, espoleaba con sus imágenes a las personas que tenían esas mismas inquietudes, promoviendo una reflexión interior rica y abierta. La película supuso una apertura de conciencia.
Las obras de arte verdaderamente grandes, siempre son abiertas, y siempre que buscan la transcendencia, trascienden a si mismas. Así pues, 2001 es el “VIAJE” por excelencia. Es un viaje, que no sólo acaba en Júpiter o con su proyección, sino va mucho más allá, y por tiempo indefinido.
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Para terminar permitidme que desvele una pequeña intimidad, ¿Sabeís cual es el fondo de pantalla de mi ordenador?....ni más ni menos, que la imagen que aparece a continuación. ;-)
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miércoles 14 de mayo de 2008

DEJEMOS LAS COSAS COMO ESTÁN

¡Miedo me da!, a veces habría que dejar las cosas como están y sobretodo respetar el arte. Acabo de leer sorprendido que Holywood está preparando un remake de la magnífica obra de Zinemann, “Solo ante el peligro”.
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"Solo ante el peligro" es sin duda la película de Gary Cooper por excelencia, con la que ganó el segundo de sus tres Oscar a mejor actor de la Academia, y además es uno de los mejores exponentes del buen cine, del cine con valores.
Fue estrenada en el año 1952, y desde entonces por derecho propio, se convirtió en un clásico de la historia del cine.
En forma de “western”, y aprovechando la madurez de expresión que había alcanzado este género a partir, esencialmente, del trabajo de John Ford, Zinermann aborda el conflicto de un “sheriff”, que se debate entre su instinto de conservación y el deber moral de cumplir con su obligación en base a sus principios éticos.
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La película narra unas cuantas horas en la vida de un sheriff provinciano, que en el día de su boda, ha de enfrentarse en solitario con un grupo de forajidos, capitaneados por un asesino a quien hace años dicho sheriff mandó a la cárcel.
En la pacífica localidad de Hadlevylle, a las diez y media de la mañana de un domingo, el sheriff Kane se casa con Amy. A punto de emprender su viaje de bodas, llega la noticia de que Frank Miller, ha salido de la cárcel y llegará en el tren de las doce, dispuesto a vengarse. Con gran sentido del deber, Kane decide quedarse y hacer frente a Miller y a sus hombres. Pero sus conciudadanos por los más diversos motivos, le vuelven la espalda.
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La película así, cuenta la historia de un solitario y noble personaje, abandonado por los suyos. Con lo que, que se ve obligado a enfrentarse a una muerte casi segura, por cumplir con su deber moral, pero a pesar de las presiones, tiene clara su misión y las consecuencias de la huida: "Si huimos ahora deberemos seguir huyendo todo el resto de nuestras vidas".
A partir de ese abandono, siguen 90 minutos interminables, cargados de angustia y desesperación. “Solo ante el peligro” es un "thriller" adelantado a su tiempo, supuso una audacia en la realización, la película está narrada en tiempo real, y la historia está planteada como si fuese una película de suspense que culmina magistralmente en la maravillosa escena final.
Para que el espectador sea consciente de este hecho, y mantenga la sensación de suspense, constantemente el realizador nos ofrece vistas directas o indirectas de relojes que van marcando los minutos hasta el fatídico mediodía, hora de la llegada del tren del forajido Miller. El uso del tiempo fue un recurso muy efectivo, son minutos en los que el espectador asiste a una paulatina y angustiosa contrarreloj.
Entre tanto, Kane se enfrenta a dos peligros: los pistoleros y la desesperación. Pero él es un RESISTENTE nato, Kane resistirá el reclamo de su esposa, la cobardía de sus amigos, la envidia de su alguacil y su propio deseo de abandonar. Resiste con fortaleza y cumple con su deber.
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Siempre me han gustado las películas que además de entretener, hacen pensar, y esta lo hace. “Solo ante el peligro”, es una excelente película, donde se refleja la desesperanza, angustia y soledad que afronta el ser humano antes los grandes retos de la vida; ese reloj, metáfora del paso del tiempo y como las cosas van tornándose grises ante la cercanía de nuestros mayores temores.
Se rodó con una sencillez apabullante, sin gran presupuesto, sin artificio y por supuesto con muy pocos efectos especiales.
Dirigida, como ya hemos dicho, por Fred Zinemann y protagonizada por un maravilloso Gary Cooper, cuenta también con un buen puñado de secundarios, encabezados por Grace Kelly en su primer trabajo en cine. Y un elenco inigualable de grandes actores: Thomas Mitchell, Lloyd Bridge y Katy Jurado; esta última en un gran papel como Ellen Ramírez, una mexicana de vida desordenada pero con un gran sentido de la justicia y del honor.
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“Solo ante el peligro”, pronto fue aclamada por crítica y público, fue todo un éxito de taquilla y logró cuatro Oscars, mejor actor, mejor montaje, mejor música y mejor canción y también fue candidata en los apartados de película, dirección y guión adaptado.
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“Solo ante el peligro”, además dio un giro radical al género, al desmitificar el papel del héroe y hacer un retrato psicológico de su angustia. Probablemente esta película pasará a la historia por ser la primera película del oeste en la que el héroe tiene miedo…aunque lo afronta adecuadamente. Sin embargo es una película sin fisuras, dentro de ese género, ahora olvidado del western americano.
Ritmo, intensidad y precisión, una gran dirección, una magnifica y hermosa fotografía, pero también y tiene mucho que ver en la narración, una musicalización sorprendente y magistral. La música es uno de los factores claves de la película porque ayuda de forma efectiva, a generar esa atmósfera tensa y agobiante que es tan importante en la película.
Su banda sonora es simplemente magnífica y estuvo a cargo un mito, el gran Dimitri Tiomkin; su tema " Do not forsake me oh! my darling", formará parte siempre de la historia del séptimo arte.
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“Solo ante el peligro”, es una obra maestra, que no debería tocarse NUNCA. El cine es arte gracias a obras como esta.
Si me tuviera que quedar con 10 escenas de la historia del cine, una de ellas, seria sin duda, la escena final. En la que, cuando ya todo ha pasado, y después de haberles pedido ayuda a todos sin respuesta, "Claro que necesito tu ayuda, pero no quiero comprarla, tiene que salir de ti", en el plano final, el protagonista, la dos únicas figuras dignas se abrazan, mientras que él mira hacia las personas del pueblo con un desprecio increíble y arroja su placa al sucio polvo de la calle, con el mismo desprecio que ellos le han mostrado negandole su ayuda. Esta sería mi escena elegida. El cine es lo que es, gracias a estos momentos.
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Hubo un tiempo en Hollywood en que muchas de las principales estrellas cinematográficas eran católicas. Gary Cooper ocupó un lugar de honor. Querido por su bonhomía y sus modos sencillos, fue una figura ejemplar en su profesión y en su vida. Los personajes que encarnó, siempre representaron a personas de bien, con fuerte sentido del deber y del honor.
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Dejemos las cosas como están. ¡Por favor!, que nadie ose mancillar su memoria, ni la historia del cine, con ese remake proyectado. NUNCA SERÁ IGUAL.
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viernes 9 de mayo de 2008

UNA GRATA SORPRESA

Hoy, como adelanto a los dos dias de ocio, del fín de semana que nos espera, voy a recomendar una película. En esta ocasión, ni es un clásico, ni probablemente sea una de las grandes, sin embargo, pienso que tiene muchas virtudes y se deja ver, dejando finalmente, un buen sabor de boca.
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Como suele pasar con distintas obras, ya sean de literatura, teatro, cine o música, la sensación final depende mucho de cómo te pille el cuerpo en ese momento, del estado anímico de cada persona; pero también, en el caso del teatro o del cine, antes de acudir a la sala conviene informarse previamente de lo que se va a ver, para ir con cierta predisposición y así evitar sorpresas, que dados los tiempos que corren, casi siempre suelen ser desagradables; y no está la cosa como para malgastar el tiempo y el dinero en bodrios y más con el precio que ya tiene la taquilla.
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Bien, vamos al meollo, la película en cuestión, lleva por título “August Rush, el triunfo de un sueño”, el guión es aparentemente sencillo, August Rush se centra en un chaval huérfano, de tan sólo 11 años, que está convencido que a través del poder de la música puede volver a encontrarse con sus padres. ¡La salvación por medio de la música!, sin duda un concepto maravilloso.
Algo mágico, sí, porque todo está rodeado de un gran halo de fantasía, pero que nadie se sorprenda, porque “August Rush”, lo que es, es un ingenioso cuento de hadas moderno, por lo que no hay que sorprenderse en la caída en lugares comunes o en vueltas del guión que pueden resultar algo obvias.
Gracias a una serie de flashbacks, tratados inteligentemente, el espectador conoce que sus padres fueron Lyla (violonchelista clásica) y Louis (guitarrista de pop), así pues, dos talentosos y prometedores músicos, estos se conocieron, se enamoraron una noche y así, fruto de esa efímera pero intensa relación, nació el pequeño protagonista de la historia. Sin embargo, por mor de los azares del destino y tras una serie de acontecimientos, la relación se rompió prematuramente. Durante su embarazo, Lyla fue atropellada por un coche y su padre le dijo que su bebé no había sobrevivido. Lyla y Louis, nunca se vieron más y dejaron de tocar, así poco a poco, se convirtieron en dos personas desgraciadas sin la armonía musical de la unión del uno con el otro.
Nuestro protagonista Evan (luego August, ya lo explicaré), que además de heredar el talento musical de sus padres, tiene un sexto sentido, acaba en el orfanato y posteriormente, como músico callejero bajo la tutela del “brujo” (un gran Robín Williams), su peligroso y misterioso benefactor interesado, que al fín es quien, para esconderle de la policía se apoda August.
Pese a la dificultad real de volver a encontrar y enlazar de nuevo a su familia, como ya dijimos, el pequeño August, juega con su carta secreta, Evan (August), cree que la música que es capaz de oír en cualquier parte, como un tipo de mensaje enviado por sus padres. Y finalmente eso es así, en una maravillosa escena final, es la alegría de la música la que se hace pegamento increíble de esos tres tristes seres.

August Rush puede ser tomada de muchas maneras distintas, dependiendo del público que la vea, y como dije de la predisposición que llevemos. Para ser claro, si yo hubiera visto esta película, en otro momento, o con un ánimo distinto, probablemente me hubiera pasado desapercibida, tiene elementos para mí despreciables en otras ocasiones, el prota es un niño…y el final es previsible, y además tiene una historia sensible al máximo…. Pero no la tomé mal…todo lo contrario.
La historieta es muy fácil de destruir ya que tiene varios clichés y personajes esteriotipados que la convierten en un blanco ideal para los que detestan las historias que combinan fantasía y romance. Sin embargo, son los aspectos “increíbles” de la trama lo que convierten a August Rush en una propuesta especial.
Existe en esta obra un dramatismo que remite muchísimo a Charles Dickens , recuerda, sin duda al Oliver Twist y al Nicolas Nickelby del gran autor inglés, sólo que aquí, todo se desarrolla en un contexto contemporáneo y urbano, pero claramente trae a la memoria esos cuentos clásicos
Sin embargo, lo importante de la película es valorar su mensaje. Lo mejor es el ejemplo de August: se siente querido, cree fielmente que no fue abandonado, que sus padres lo buscan y que lo encontraran; y no permite que NINGUNA situación lo haga dudar de eso. El mismo alimenta su FE y hace todo lo posible para ser ESCUCHADO. porque SABE que será ESCUCHADO por quienes lo AMAN.
Tal vez muchos encuentren en esta, una película excesivamente sentimentalista e irreal y probablemente lo sea, pero realmente al salir del cine tuve la sensación de que aquello que promete en las primeras escenas lo cumple hasta llegar al final.
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La dirección es correcta, la interpretación soberbia, en especial del chico y del mejor Robin Williams, que dejándonos ver su lado oscuro, por momentos recuerda al gato malo que embauca a “Pinocho” y en otros al mismísimo Bono de U2.
Y, ¿que decir de la música?, ¡Genial!, sin duda alguna. B.s.o., para enmarcar. Aquí conviene recordar que la película fue nominada a los premios Oscar en la categoría de mejor canción original, en el año 2007.
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Es esta, una peli muy recomendable para los que, como yo, andan buscando algo distinto de lo habitual y huyendo del típico cine de tiros, explosiones y muertes. August Rush es sensible sin llegar a la sensiblería y a la postre todo se desencadena en un gran final feliz sin necesidad de ser extremadamente meloso.
Probablemente este es el cine que yo necesitaba en este momento, y por eso me llevé una grata sorpresa al ver que todavía persisten películas que emocionen y que sobretodo, defiendan la música, como esta lo hace.
En síntesis, sin ser obra maestra, es una Muy Buena película para disfrutarla.
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jueves 24 de abril de 2008

CINE DE LEYENDA.

El género del Western en las pantallas, está de capa caída y no sólo por el creciente antiamericanismo militante que pulula por estas tierras. Ahora, salvo honrosas excepciones, se prefieren otro tipo de historias donde prive la violencia sin sentido, el sexo desbordado, aberraciones múltiples, guiones vacuos y festival de efectos especiales, que con la ayuda de la técnica digital, han alcanzado un realismo inusitado.
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El western, aunque esté en las antípodas de lo comentado, está considerado como uno de los géneros cinematográficos fundamentales. Incluso hay quien considera que es el género originario del séptimo arte.
A primera vista, sorprende que un género tan específicamente americano, tan ligado a su historia, alcanzara en todo el mundo un éxito tan extraordinario. Al margen de las simples historias de indios y vaqueros, que también las hubo, la explicación es, que supo transmitir una serie de valores de supervivencia, abnegación y heroísmo que hacía que sus historias tomaran tintes legendarios. Por eso, quizás, no estén ahora tan de moda. Esos valores, tampoco lo están.

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Recientemente ha habido intentos de recuperar el género con "Silverado" de Lawrence Kasdan, o con la magnífica "Sin perdón" de Clint Eastwood, pero las pretensiones de resucitar el género han sido fallidas.
Sin embargo películas como "Raíces Profundas", "Centauros del desierto", "Solo ante el peligro" o "Cimarrón", siempre nos quedarán en la memoria como muestra de un cine épico, donde mucho de lo que cuenta, es aprovechable y donde se mezclan magistralmente documento y ficción.
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A lo largo del tiempo el western se fue consolidando hasta convertirse en el retrato más preciso de la propia evolución de los Estados Unidos desde la época de los colonos hasta la instauración de las grandes ciudades.
Pero el western no sería nada sin sus actores, directores y escritores, sin aquellos que pusieron las palabras y dieron voz y gesto a los personajes legendarios: Henry Fonda, Gary Cooper, James Stewart, Clint Eastwood, Anthony Mann, Sam Peckinpah, y sobre todo John Ford y John Wayne.

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Precisamente de estos últimos, hace poco, volví a ver, "El hombre que mató a Liberty Valance", y aunque algunos piensen que es un western crepuscular, para mí, es la cima del género y una de las grandes de toda la cinematografía mundial.
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La trama se inicia cuando un viejo senador Ramson Stoddard (James Stewart), relata a un periodista como llegó a Shinbone con la finalidad de ejercer su profesión, la abogacía, e imponer justicia en aquellas tierras. Nada más llegar, es robado y golpeado brutalmente por el temido pistolero Liberty Valance. Así toma contacto, de forma súbita, con la realidad del oeste, que es muy diferente a la del este de donde procede este joven leguleyo.
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La cinta está, intencionadamente, rodada en un soberbio blanco y negro con la finalidad de evocar los viejos westerns, esta filmada con sobriedad extrema, ausencia de artificiosidad, protagonistas éticamente íntegros en la defensa de sus convicciones y entrañables secundarios.
John Ford en esta magistral cinta nos entrega dos de sus personajes más memorables, por un lado el idealista abogado encarnado por James Stewart y, como contrapunto a este, al ser solitario (y profundamente romántico) al que da vida John Wayne. A través de ellos Ford materializa la dialéctica entre el derecho y la violencia, así como entre el progreso colectivo a través de la democracia y el individualismo imperante en el lejano oeste.
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Debo confesar que cuando la vi la primera vez, me sentí desilusionado. Yo era muy joven, no la entendí y me quedé con la sensación de que era una más de "tiros", no era como me la habían contado. Sin embargo, a lo largo del tiempo comprendí que es mucho más profunda. Cuando más recientemente, la volví a ver, y estoy extasiado, emocionado, me atrapó de principio a fín.

¡Qué belleza!, Diálogos inteligentes, grandes interpretaciones, dirección perfecta, guión sublime, música preciosa. Una obra maestra donde se habla del amor, de la amistad sincera y desinteresada, y de cómo un personaje, Ramson Stoddard, termina usurpando (y disfrutando) la vida a la que estaba llamado a vivir el rudo Tom Doniphon (John Wayne). También nos habla de la justicia, de la ley, de la verdad y de la leyenda... Sublime, pura poesía.

Tampoco, cuando se estrenó, ni fue elogiada por la crítica ni considerada por el público, sin embargo, esta película se ha convertido en uno de los títulos más significativos del género.
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"El hombre que mató a Liberty Valance" marca también el final de una época, Tom Doniphon (John Wayne) al matar a Liberty (Lee Marvin); al matarlo ("al matarse"), estaba certificando la defunción de toda una época, y también una forma muy particular de hacer y entender el cine. La película rinde un homenaje a la grandeza del pasado, a un tiempo irrecuperable. Porque un hombre equipado únicamente con la razón y la Ley, no hubiese podido llegar al otro extremo de la calle aquella fatídica noche.
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La historia comienza y termina en un tren. La llegada del tren es el símbolo del fin de este mundo y la llegada de otro nuevo.
Un pasado donde, alguien perdidamente enamorado, que solo sabe regalar rosas con espinas era el verdadero idealista y además fue El hombre que mató a Liberty Valance.

La frase final lo resume todo:

"Esto es el oeste señor, si los hechos se convierten en leyenda, escribamos la leyenda”.

En definitiva cine en mayúsculas, cine del que ya no se hace. Por eso Wayne y Ford, Ford y Wayne, tanto monta, hoy son dos grandes leyendas del cine universal.

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Con ustedes, John Wayne y Lee Marvin frente a frente. Saltan chispas ante la mirada del infortunado Stewart...
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martes 22 de abril de 2008

LA RISA COMO ARTE

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Continuamos hoy ese repaso a las grandes personalidades del arte cinematográfico, que comenzamos el otro día con Spencer Tracy; y lo hacemos con un personaje mítico, genial, singular y también, lamentablemente olvidado.
Injustamente, cuando hablamos normalmente de cine, solemos hacerlo con prismáticos, mirando, no sin cierta envidia, a la lejana América, a la meca, a Hollywood. Esta vez no va a ser así, porque la vieja Europa también es cuna de grandes creadores, como ya hemos demostrado aquí, varias veces (Dreyer, Bergman…etc.); y el de hoy, también es buen ejemplo de ello.
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Hace nada menos que 101 años, nació en París uno de los grandes del cine Europeo y del arte universal. Georges Emmanuel Tatischeff , más conocido por Jacques Tati.
Tati, vino al mundo en el seno de una acomodada familia aristocrática, su padre Dimitri Tatischeff, era el agregado militar de la embajada de Rusia en París. Sin embargo, muy pronto, el joven Jacques, probablemente daría a su padre el gran disgusto al no seguir sus intenciones y dedicarse de pleno al precario mundo artístico, formando parte de distintas compañías de music-hall.
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Posteriormente, y para nuestro bien, se dedicó de lleno a plasmar todo su potencial artístico en cintas inolvidables. Tati, no fue un director muy prolífico, pero a penas con 10 películas, de las cuales, tan sólo seis son largometrajes, se convirtió con derecho propio en uno de los íconos del cine universal.
Tati fue un creador autodidacta, exceptuando su breve paso por el music-hall, nunca tuvo una especial formación teatral, ni tampoco pasó por escuela de cine alguna. Pero, sin lugar a dudas, su imaginación, su talento narrativo y su forma de concebir el cine, le hacen ser uno de los más grandes artistas del séptimo arte.
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Fue uno de los mejores cómicos del siglo XX. En todos sus trabajos, cultivó el humor, e hizo de él, una fina e inteligente sátira de la vida contemporánea. Con su cine, se le puede considerar el heredero directo de los maestros del mejor cine cómico mudo,
Su narración es puramente visual, sin renunciar a un rico arsenal que extrae del mundo de los ruidos, y de una cuidada música sabiamente colocada en todas sus películas; muchas de sus bandas sonoras son recordadas y además son dignas de estudio.
Así, Jacques Tati, planteó un estilo muy personal, entre la tradición muda y una concepción ciertamente vanguardista del arte de contar cosas a través de imágenes en movimiento.
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Como brillante continuador de todos aquellos maestros del cine mudo (Chaplin, Keaton y otros), sus filmes, son colecciones de gags y situaciones cómicas, y al mismo tiempo, poseen un contenido crítico a la sociedad moderna y tecnificada. Como en “Tiempos Modernos”, la crítica del hombre actual inserto en un avasallador mundo material le conducirá luego de modo natural a la burla de la civilización urbana y todo lo que conlleva de inhumano (urbanismo, funcionalismo, diseño, automatismo etc.).
Pero en Tati, la sátira nunca es ácida, ni la risa estalla puntualmente en carcajada fruto del resbalón, siempre es una composición, una suite con pasajes más o menos jocosos, que finalmente desembocan en una alegre sonrisa, nunca falta de reflexión y ternura.
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La estructura de sus películas son enormes sinfonías visuales, parcas en diálogos, donde la mímica es principalmente el particular método narrativo. Tuvo tanta calidad, que todas sus películas son objeto de rescate urgente para todo buen amante del cine, como arte.
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Además, de su experiencia con la cámara en varios cortometrajes como director e intérprete en -Soigne ton gauche (1936) o L´école des facteurs (1947) entre otras, cabe destacar los maravillosos largos, Día de fiesta (1948), Las vacaciones de M. Hulot (1953), Playtime (1967), y sobretodo Mon oncle.
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En Las vacaciones de Mr. Hulot, Tati crea a su personaje favorito, el desgarbado monsieur Hulot, que paseará su raída gabardina y su pipa, desde entonces, en todas sus películas; en la “perfecta” y entrañable –Mi tío-, por supuesto también.
En “Mon oncle”, se dan cita todos los parámetros de su cine: filma casi siempre en planos generales, usa el diálogo más como ruido que como forma de comunicación y sobretodo trastoca lo posible y lo transforma en inesperado azar, para sorprender al espectador. Y todo ello, sin abandonar la amable, pero contundente crítica social ante un mundo cada vez más tecnificado, más frío y menos humano. Y lo hace sin traicionar la constante en todos sus trabajos, el gran dominio del lenguaje narrativo que elevaría su cine, por merecimiento a la categoría de cine de autor. Un cine a la altura de Bresson e incluso del mismísimo Bergman.
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Tati, fue un personaje sin duda singular, insobornable, sin dejarse encasillar ni malear, iconoclasta con estilo y practicante de un humor blanco ya del todo olvidado por anti-comercial. Siempre animado por actos de suprema coherencia y santa locura. Jacques Tati nunca gano dinero con sus películas, al revés siempre acababa endeudado y tenia que acabar los rodajes pidiendo dinero prestado. Dando el mejor ejemplo de que artista y subvencionado no tienen porqué ser sinónimos.
Finalmente, sus intentos de adaptar su querido personaje de Hulot al ambiente más áspero de finales del siglo XX no tuvieron éxito. En 1979, recibió el Gran Premio Nacional de las Artes y las Letras del gobierno francés.
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Actor, mimo, clown, y excelente director, el francés Jacques Tati (1907-1982) es considerado uno de los más grandes de la historia del cine. Así, a más de un siglo de su nacimiento, es ciertamente justo que desde este humilde blog, dediquemos este pequeño homenaje a este gran genio francés. Hoy, a más de 25 años de su muerte, sus filmes siguen provocando risas y sus delirantes personajes son objeto de estudio.
Dijo Tati, en una ocasión, “El público todavía tiene capacidad de reír y quiere hacerlo. Por tanto, mientras el mundo mecanizado no nos devore la hilaridad, el cine cómico seguirá existiendo”. El director francés Jacques Tati tenía razón, queremos seguir riendo y disfrutando, una y otra vez de todo su hermoso cine.
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Finalmente os dejo con la escena inicial de “Mon Oncle”, ¿No es una música deliciosa?
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lunes 21 de abril de 2008

LA IMPORTANCIA DE LOS MUERTOS


Continuando un poco por la vía “norteña” en la que acabé ayer mi tanda de vídeos, hoy me gustaría reseñaros otra de esas pequeñas joyas que ennoblecen el arte cinematográfico.
Es una obra corta en metraje y está basada en un relato breve, pero esto, en modo alguno, quiere decir que no sea apreciada en su magnitud, pues es un diamante de muchos quilates.
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La obra en sí, se llama “Dublineses”, y es la obra póstuma de John Huston, director de obras tan notables como “El halcón maltés”, “La reina de África”, o la genial y también crepuscular “El honor de los Prizzi”, y tantas otras…
John Huston rodó “Dublineses” ya, gravemente enfermo y ni siquiera llegó a ver su estreno, pero eso no impidió que nos dejara un magnífico regalo de despedida. Cine con mayúsculas que hace de esta disciplina artística un camino para detener en el tiempo en esos necesarios momentos de observación y reflexión.
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“Dublineses”, está basada en una conocida obra literaria del escritor irlandés James Joyce. Y es, concretamente una colección de catorce relatos, de los cuales, uno de ellos, “Los muertos”, fue el escogido por Huston para hacer este último ejercicio preciosista.
En “Dublineses”, Joyce es capaz de bucear y atrapar todas las sensaciones que se mueven en su entorno, seguir su propio pensamiento, o el de sus personajes, y disfrutar de un paisaje nevado observando con minuciosidad el modo en que se posa un ligero copo de nieve sobre la espina seca de un rosal.
Son relatos puntuales de algo que está pasando, o ha pasado en un momento determinado; un trozo de tiempo relleno de vida, un trozo ni glorioso ni en extremo horrible; se trata de un fragmento cualquiera.
Sentimiento y atmósfera que Huston capta perfectamente en su cinta, dando su particular y acertada visión del pequeño relato de Joyce.
Lo de pequeño, es referido al intimismo con el que aborda el relato, a la breve duración del metraje (la película se ve en un suspiro) y a la concienzuda huida de la pomposidad, de toda ostentación y artificio que marca el carácter de toda la obra.
Esta película, es la reivindicación del cine de personajes, del universo de las pequeñas cosas, del clasicismo más visceral, una nueva visión costumbrista de la burguesía irlandesa a través de un guión lleno de humildad y sentimiento. La estructura es tan simple como innovadora. Pero, ante todo, es una reflexión melancólica sobre la fugacidad de la vida, el pasado y el primer amor.
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La película consta de dos partes claramente diferenciadas:
Una, es la fiesta de epifanía en casa de las señoras Morkan (con una hora de duración), en la que un grupo de personas se reúne para comer, beber, recitar poemas, bailar, cantar y conversar animadamente. Es decir, los personajes se dedican al deleite de los sentidos. Es una celebración de los placeres de la vida, filmada serena y sabiamente, no sin un toque de fino humor.
Y la otra la conversación final en el hotel entre los dos protagonistas, Greta (Angélica Huston) y Gabriel (Donald McCann); y la reflexión final de este.
En cuanto a la primera parte, aunque hay quien dice que es pesada, en honor a la verdad, es justo decir que es justa y necesaria, y además se ve muy agradablemente, sin sobresaltos, ni sorpresas. Es de un virtuosismo narrativo excepcional. Es el relato que nos sitúa y retrata a los personajes, su clase y su entorno; sin este largo introito sería imposible llegar a conclusiones posteriores, pues es el preámbulo del emocionante final que nos espera y además sin esta parte estaría cojo el relato de Joyce.
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En descarga de los que no encuentran la necesidad de esta parte, e incluso la consideran plomiza, creo necesario señalar que probablemente, sería bueno leerse antes el relato original de Joyce para descubrir su magia. Si no, efectivamente, para algunos, enemigos del “cine lento”, para mí, en modo alguno, pudiera parecer soporífera.
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En cuanto a la segunda parte, que sólo dura más o menos unos 10 minutos, es simplemente soberbia, es de lo más desgarrador, emotivo y sublime que he visto en una pantalla de cine.
La reflexión final del abrumado Gabriel Conroy (Donald McCann), echa abajo de un plumazo el espíritu armónico, que hasta entonces, inundaba la película.
Estos últimos minutos están cargados de una enorme intensidad y lirismo muy difíciles de superar. Se conjugan la belleza poética y reflexiva del texto de Joyce, repleto de aire nostálgico y decadente, con la brillante exposición de imágenes de la Irlanda nevada que sobrevuela por encima de los muertos y de los vivos.
Dando sentido por fin, al título del relato “Los muertos”, porque aquí, los muertos están presentes entre los vivos, y el pasado, con sus sueños truncados, se resiste a ser olvidado.
El film se convierte así, en una vivencia para el espectador, una porción de vida regalada a generaciones futuras, una obra destinada a perdurar en el tiempo. Lo cual paradójicamente, recuerda el carácter inmortal del cine, su capacidad para burlar a la misma muerte.
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En las cuestiones técnicas no puedo dejar de destacar la estupenda fotografía, el vestuario y las geniales interpretaciones; pero sobre todo la música, una música que nos acompaña elegantemente, sin sentir, durante todo el metraje y que finalmente, es la desencadenante de toda esa cascada de sentimientos, melancolías, recuerdos y emociones.
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Así Dublineses, como vamos comentando a lo largo del post, no es película de mayorías, como no lo son casi todas las buenas obras de arte; es una gran muestra de cine para los que no necesiten deleitarse con efectos especiales o con historias laberínticas y violentas. Es simplemente el legado de John Huston; su gran regalo de reyes, por aquello de desarrollarse la trama durante la víspera de la epifanía, cuando los reyes de oriente acudían guiados por la estrella a adorar y reconocer al rey de los judíos.
Hoy finalmente, en este post, y gracias a esta IMPRESCINDIBLE película, y muchas otras suyas, reconocemos a Huston como uno de los grandes reyes del buen cine.
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“Sí, los diarios estaban en lo cierto: nevaba en toda Irlanda. Caía nieve en cada zona de la oscura planicie central y en las colinas calvas, caía suave sobre el mégano de Allen y, más al oeste, suave caía sobre las sombrías, sediciosas aguas del Shannon. Caía, así, en todo el desolado cementerio de la loma donde yacía Michael Furey, muerto. Reposaba, espesa, al azar, sobre una cruz corva y sobre una losa, sobre las lanzas de la cancela y sobre las espinas yermas. Su alma caía lenta en la duermevela al oír caer la nieve leve sobre el universo y caer leve la nieve, como el descenso de su último ocaso, sobre todos los vivos y sobre los muertos.” –Los muertos- J.Joyce.
¿No sentís el nudo en la garganta?.
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Pdta. Como soy retorcidillo, y para apretar ese nudo aún más, dedicado sobre todo a los que ya habeis visto la peli, y emocionado con la escena, terminaré el post con este impagable fragmento, donde se canta la bella canción irlandesa "The Lass of Aughrim"... Para los demás, a verla, es un grave pecado no hacerlo.
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miércoles 16 de abril de 2008

LOS QUE DAN AL CINE LA CATEGORÍA DE ARTE

En este blog normalmente, cada vez que hablamos de cine, y lo hacemos de forma habitual, tan sólo hemos comentado las películas que nos gustan y además porque pillaba de paso, hemos hablado de la gente que las ha hecho posibles, es decir, director, actores o técnicos etc.; bien es verdad, que el otro día y porque coincidió con su fallecimiento, dedicamos unas breves líneas a recordar a Charlton Heston; sin embargo, nunca hasta ahora, habíamos dedicado un artículo completo a glosar cualquiera de estas grandes personalidades del celuloide. Hoy vamos a romper con esta injusticia.
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Para un primer comentario, de los muchos que espero hacer luego, he de elegir a alguien que reuna dos requisitos:
El primero, que efectivamente cumpla con la condición de ser una personalidad reconocida universalmente por su trabajo artístico, alguien que haya sido “creíble” en sus distintos papeles y nos haya hecho sentir, vibrar y traspasar pantalla, alguien que comúnmente goce, o haya gozado, del favor popular.
La segunda cláusula importante, es que me guste a mí, que para eso, sin falsas modestias, soy el que escribe esto. Cada uno tiene su alma en su almario.
Pues esas dos circunstancias concurren sin reservas en la persona de Spencer Tracy, personaje, por otra parte, probable y desgraciadamente desconocido por los espectadores de cine más jóvenes.
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Spencer Bonaventure Tracy, que así se llamaba este gran actor, vino al mundo con el inicio del siglo XX, precisamente en el mes de abril de 1900, en su quinto día. Sus orígenes nada tuvieron que ver con el mundo de la interpretación, su padre era vendedor de camiones y su madre ama de casa, ambos de origen irlandés.
Inicialmente su camino fueron las armas, a los 17 años, deja los estudios, se alista en la Marina y toma parte en la Primera Guerra Mundial. Al acabar esta, vuelve a retomar los estudios y por primera vez, participa en una representación teatral, hecho que le marca y por ello decide viajar a Nueva York para iniciarse en el mundo de la farándula.
Su viaje no fue en vano, supuso su entrada en Broadway, donde intervino en varias obras. Una de ellas, "The Last Mile", provocó el interés del mismísimo John Ford, su descubridor. Así, Ford le propuso intervenir en su nuevo film, "Río arriba" (1930). Sería el comienzo de una larga y fructífera carrera cinematográfica, plagada de éxitos.
Fue un fecundo actor de cine, hizo 78 películas, y estuvo nominado al oscar al mejor actor, 9 veces, 2 de ellas lo conseguiría y además de forma consecutiva, 1937 por Capitanes intrépidos y 1938 por Forja de Hombres; pero lo más importante es que siempre tuvo el respaldo popular que veía en él, la encarnación del tipo bonachón y honesto símbolo de los valores más enraizados de una América que se abría paso con fuerza en el mundo.
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Otro de los grandes del cine (muy grande), Humphrey Bogart dijo de él en una entrevista: “¿Que es un buen actor? Para mí, Spencer Tracy es un buen actor, tal vez el mejor de todos. Y es porque uno no se da cuenta del mecanismo de su trabajo, de su método. Siempre hace lo justo. Nunca sobreactúa. Consigue hacernos creer que él es lo que está interpretando”. Y efectivamente esto es lo que más sorprende de Tracy, su naturalidad para dar vida a una gran disparidad de personajes, sin que parezca que está actuando. Y no estamos ante el caso de una estrella, como por ejemplo Gary Cooper, cuyos papeles se adecuaban a su propia personalidad, sino ante alguien que si “creaba” y modelaba el personaje.
Fue Fiable, honesto y humano en cualquiera de sus trabajos, tanto en drama como en comedia.
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En el plano humano, se sabe que siempre tuvo una compleja personalidad, duro, seco, apasionado, proclive al alcohól, parco en palabras; y que hasta el final de sus días estuvo al lado de otro monstruo cinematográfico, la gran Katherine Hepburn, con la que además de compartir 8 ó 9 películas, compartió vida; aunque no se llegaron a casar, él ya lo estaba, y como era católico practicante no se quiso nunca divorciar, curiosamente prefirió la infidelidad al divorcio.
Pero al margen de eso, hoy se le recuerda como uno de los actores más importantes del Cine, desde luego para mí, lo es, sin temor a equivocarme. Y no soy el único, hay listas que le colocan entre los 10 mejores de todos los tiempos.
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Además de las 2 películas con las que Tracy ganó los premios de la Academia, es digno de mencionar en los siguientes trabajos:
Haciendo un gran papel “desdoblado” en “El extraño caso del Doctor Jekill”.
También, en la acertada recreación biográfica de Edison en “Edison, el hombre”.
Tanto en la deliciosa “El padre de la novia”, como en “El padre es abuelo”, últimamente, se hicieron secuelas, pero nunca tan buenas como estas, ni por asomo.
En el gran drama policíaco “Conspiración del silencio”
Y como no, en tres de mis preferidas, “Vencedores o vencidos”, sobre El juicio de Nuremberg, en un papel de juez, justo y humano, inolvidable.
Como réplica a su Hepburn en la genial comedia, "La costilla de Adán".
Y su última película: "Adivina quien viene esta noche", película en donde se le nota ya muy enfermo, y aún así hizo una memorable interpretación, falleciendo 17 días después de acabar este rodaje. Dicen que murió en los brazos de su querida Kate.

A continuación, y para terminar, vamos a recordarle trabajando en estos vídeo clips.

La famosa "Mi bella Amanda" de -La costilla de Adán-

Todos los trailers originales (en inglés) de la oscarizada "Ciudad de los muchachos", aquí se llamó -Forja de hombres-.

Spencer Bonaventure Tracy D.E.P.

viernes 11 de abril de 2008

MÁS CINE IMPRESCINDIBLE


En esa misma línea de elevación y excelencia del film “Ordet” de Dreyer, ya comentado en este blog, está casi toda la obra de Ingmar Bergman. Brillante director sueco, de técnica extremadamente depurada, temática profunda y envidiable narrativa visual.

A pesar de la dificultad comprensiva de muchas de sus obras, Bergman fue uno de esos pocos directores del llamado cine culto o de arte y ensayo, que en su tiempo, tuvo de acuerdo a crítica y público. Muchas de sus películas fueron galardonadas repetidamente, con los premios más punteros de la elite cinematográfica, incluso fue tres veces ganador al oscar a la mejor película extranjera, y gran parte de su filmografía, como “El Séptimo sello”, “El manantial de la doncella” o “Fresas salvajes” (la que vamos a comentar hoy), son consideradas unánimemente, auténticos hitos en la historia del cine y del arte universal.
Como ya he adelantado, hoy quisiera centrarme de modo especial en una de mis preferidas, “Fresas Salvajes”, pero lo primero que hay que dejar claro es que, como todo cineasta de su complejidad, la cantidad de ángulos desde los que puede contemplarse la obra de Bergman, es muy vasta, y por lo tanto, mis reflexiones ante esta película y su obra en general, serán solo parciales alcanzando únicamente una pequeña parte de las posibles consideraciones que se pueden hacer.
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Antes de nada, he de decir que si he escogido “Fresas salvajes”, para hacer esta reseña, no es simplemente, porque es la que más me gusta, sino porque a mi parecer, esta, está situada por encima de casi todo su cine; y esto es así, porque a pesar de lo dicho, y de la fama hermética que acompaña el nombre de Bergman, este es uno de sus trabajos más accesibles y además porque tiene uno de los finales más esperanzadores y transcendentes, no sólo de su cine, sino de todo el cine.
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La película nos cuenta, un día en la vida de un hombre, el viejo profesor Isak Borg (un excelente Victor Sjöström).
El profesor Borg es un médico de prestigio, en las puertas de su jubilación y con ese motivo, y para honrar su carrera, es invitado a la Universidad donde será investido doctor honoris causa, con todos los honores. Las horas que preceden a la entrega del galardón, Borg las va a pasar en coche, de camino a ese aparente destino.
Se inicia entonces una excepcional fábula, porque esta es la historia de dos viajes paralelos: uno físico, el que realiza en coche el profesor, desde Estocolmo hacia Lund para recoger su premio; y otro viaje interior, el que realiza Borg durante el trayecto; un viaje que le llevará a explorar toda su vida, a analizar el camino recorrido y las relaciones frustradas con sus seres queridos.

En este último periplo, Borg tratará de encontrar un sentido racional a su existencia, inicialmente rechazando cualquier tipo de sentimentalismo y centrándose en el pensamiento filosófico para dar respuesta a sus miedos, principalmente a la muerte, que está latente en toda la cinta, y es la auténtica protagonista. Borg, al principio, no es un personaje atractivo, es más bien un viejo antipático, probablemente por ese pánico que tiene ante un final oscuro y vacío de sentido. La nostalgia por una vida malgastada, por el tiempo pasado y la juventud perdida, se convertirá en el centro de las reflexiones de Borg. Sin embargo, a medida que va transcurriendo ese viaje físico, el profesor va sufriendo una hermosa metamorfosis que va a cambiar todo.
A pesar de que, Fresas Salvajes pueda parecer un film pesimista e incluso tenebrista, la síntesis final, el mensaje de la visión de Bergman ante la vida y la existencia humanas. es esperanzador, el final es feliz y positivo, concluyendo que la vida sólo tiene sentido si se basa en el amor hacia los seres queridos. Es memorable, la preciosa escena final, en la que el profesor se despide de sus padres, quienes se encuentran a la otra orilla de un lago, separados de él por una distancia que ya nunca se podrá acortar. El profesor se despide aquí definitivamente de su pasado, preparado ya para mirar hacia delante sin miedo. Borg finalmente, hace las paces con su propio ser y con los fantasmas de su pasado.

Para acabar de analizar, si quiera medianamente, esta maravillosa fábula moral, deberíamos de hacer referencia a la maestría de sus aspectos técnicos, y aunque mi intención es presentar el fondo para animar a su visualización, no puedo obviar ni su ritmo constante, ni las soberbias interpretaciones, resaltando no solo el gran trabajo de Sjöström, sino a la siempre correcta Bibi Andersson, y al mejor hacer de Ingrid Thulin. Probablemente, Thulin es la que une todo la historia hacia la realidad. Su interpretación es realmente inmejorable y le da a su personaje una profundidad tremenda, además de tener ese encanto personal que la hace tan especial.
Tampoco puedo olvidar el sobresaliente y elegante uso de la música, ni el inteligente uso de los flashbacks y la tremenda sobriedad a la hora de colocar la cámara que contribuyen a hacerla extraordinaria.
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En resumen, una road-movie con unos personajes deliciosos, una mezcla de tiempos narrativos muy bien pensada, unas enigmáticas escenas surrealistas y una actuaciones estupendas. Una preciosa obra de arte.
Bergman consiguió con éste film una obra perfecta, sencilla y directa, que atrapa al espectador y le hace revisar sus ideas sobre los temas que le preocupan. Realmente esta es otra de estas obras que nadie, debería perderse.
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Para abrir boca, os dejo con dos escenas de Fresas Salvajes, la primera es el inquietante sueño que el profesor tiene al principio de la película, y que marcará el viaje que va a iniciar. La segunda es una escena mucho más sosegada, pero no por ello, menos profunda. Espero que os gusten y os abran el apetito de verla completa.
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miércoles 9 de abril de 2008

CINE IMPRESCINDIBLE

Hace unos días, en un comentario hecho en uno de mis post, mi admirado Monsieur Sans-Foy de “Zapaterias rimadas”, me hacía una excelente recomendación cinematográfica. Sans-Foy me encomendaba nada menos a la contemplación del gran film de Dreyer, “Ordet- la Palabra”. He de decir a todos y especialmente a mi amigo, Sans-Foy, que afortunadamente ya conocía esta magnífica obra de arte, aún así, no sólo agradezco tal consejo, sino que además me ha servido para re-visionarla y gozarla nuevamente.

Dentro del raudal de películas con temática religiosa o transcendente que existen, Ordet, es una de las pocas películas que está grabada en oro en la historia del cine. Es notorio que, cuando hablamos de cine religioso nuestra imaginación nos lleva al recuerdo de Ben-Hur, Los diez mandamientos, Jesús de Nazareth, o Marcelino, pan y vino; sin embargo, a veces amanecen en el horizonte, obras como la de Dreyer o muchas de las de Bergman, que brillan como luminosos soles, por encima del puro cine comercial, por otra parte, nada desdeñable.
Ahora bien, es cierto que este tipo de cine es más difícil de entender y por lo tanto menos conocido, pero, su belleza insuperable y la elegancia narrativa, provocan la extensión en el tiempo y en el espacio, haciendo que siempre aparezcan frescas y nuevas, como toda buena expresión artística.

Carl Theodor Dreyer, consiguió con Ordet, una de las piezas más hermosas del arte cinematográfico mundial de todos los tiempos. Ordet, obtuvo el reconocimiento inmediato de la crítica mundial, fue reconocida con el León de Oro en el Festival de Venecia en 1955.
Sin embargo, a pesar de la buena acogida de los “entendidos”, hay que adelantar que esta película se aleja tanto de los estándares actuales de cine a los que estamos hoy acostumbrados, que es entendible que también tenga sus detractores; pero Dreyer aborda un problema que a todos interesa, la fé, y lo hace de una manera tremendamente honesta. La fe no es sólo un ítem religioso. La fe es un componente fundamental en todo ser humano. Y eso precisamente, es lo que hace que Ordet interese por igual a personas con convicciones religiosas y otras que no lo son tanto.
Pero no es sólo este aspecto el que hace de "Ordet" una película especial. La puesta en escena, la iluminación (inolvidables las mieses acariciadas por el viento) y la coreografía de los actores, hace asimismo que cada momento tenga una iridiscencia especial.

Sinceramente creo que es difícil no emocionarse con la última escena de esta película, para la que el director nos ha estado preparando de forma concienzuda y pausada durante toda la cinta. Lo realmente impactante en "Ordet" es que hasta los más descreídos desean que, finalmente, el milagro acontezca, en primer lugar por aliviar el dolor de esa familia a la que ya casi se pertenece pese a lo distante de su representación, y en segundo lugar por el mero placer de contemplar el prodigio.

“La palabra -Ordet”, es un relato de cómo el amor humano puede dar lugar a una resurrección milagrosa, y sobretodo es una expresión extraordinaria de optimismo espiritual, que sin llegar a ser sentimental o puramente piadoso es una exploración a las mismas raíces de la fé.
El verdadero milagro es como una película hecha de celuloide haya sido capaz, sin ningún tipo de efecto especial, de hacernos creer, sentir y emocionarnos.
Ordet, no es sólo una gran película, probablemente, es una de las más altas cimas de la espiritualidad contemporánea; por eso os animo vivamente a verla y a reflexionar sobre los muchos temas que íntima y veladamente, esta obra propone para una profunda meditación.

Para saber más AQUÍ.

jueves 27 de marzo de 2008

CUANDO EL ESPECTADOR TRANSPASA PANTALLA

A veces, las grandes obras, ya sean musicales, pictóricas, literarias o cinematográficas no siempre son bien entendidas, ni acogidas masivamente por el gran público. El motivo principal de esa discordancia, radica, a veces en la complejidad de conceptos, que hace difícil su entendimiento, y en ocasiones, a cierta aversión a la novedad en la presentación de distintos planteamientos. Lamentablemente ante un auditorio, cada vez menos preparado.y acostumbrado principalmente por la televisión, a obras sin complicaciones y productos cercanos a la vulgaridad -cuando no a la chabacanería-, es complicado calar con obras de cierta enjundia. Hemos bajado demasiado el listón.
El comprender y disfrutar con algunas obras como las de Kandinsky, Dostoievski, Ingmar Bergman o Kubrick, exige preparación interior, cierta disposición y concentración, es decir requiere base y posterior esfuerzo intelectual; pero cuando se llega a esa meta, uno se convence que el fín merecía la pena.
Uno de los frutos de esa consecución, es el abanico de interpretaciones tan diversas que podemos dar a cada una de estas obras, aunque las contemplemos una y otra vez siempre sacaremos nuevas conclusiones.
¿Qué es sino arte, aquella obra eterna, que continuamente, nos abre horizontes, que nos emociona, que nos mueve, que nos hace pensar y por lo tanto nos hace más personas, más humanos?.

Sin embargo, existen obras, que aunque nacen, por derecho y merecimiento propios, con la impronta de “arte”, e incluso transcienden a un escalafón superior; por diversas circunstancias, casi siempre oscuras; les perseguirán perpetuamente distintos sambenitos, que obligan a la “masa obediente” a mirar para otro lado, despreciando los beneficios que aquella les pudiera dar. Sin duda este es el caso, a todas luces injusto, de “LA PASIÓN” de Mel Gibson.

Este año, aprovechando la Semana Santa, he visto, de nuevo, esta película. Desde su estreno en el año 2004, cada cuaresma, tengo por hábito, acercarme a las últimas horas de la vida terrena del Señor, a través de este excepcional film. Siempre, una y otra vez, en cada visualización, no deja de ofrecerme nuevas ideas, nuevos motivos para la meditación, para la penitencia, para la gratitud, para la esperanza, ante este hecho histórico que partió la Historia en dos.

El guión de “La Pasión”, expone de forma magistral lo que recogen los evangelistas sobre las 12 horas últimas de la vida de Jesús, además tiene como fuente los escritos de hermana Anne Catherine Emmerich, religiosa agustina alemana, estigmática y extática, que tiene abierto ya el proceso de beatificación.
Técnicamente hablando, la película es impecable, fueron cuidados todos los aspectos, en una labor de investigación sin precedentes. El vestuario se hizo meticulosamente a mano. La elección de actores principales y secundarios fue soberbia. La fotografía, excelente, el cuarenta por ciento de la película se filmó durante la noche o en interiores, con el fin de obtener un efecto de la luz abriéndose camino a través de la oscuridad. Todo hasta el más mínimo detalle.
Visualmente tiene esa rara belleza que impacta pero que, sin saber por qué, atrae poderosamente. Aunque Gibson quiso plasmar algo similar a las pinturas de Caravaggio, cuyas imágenes son conocidas por tener un brillo real y agudos contrastes de luz y oscuridad; en realidad, hay momentos en la cinta que nos recuerdan obras de todos los grandes artistas que crearon las obras más destacadas de la iconografía cristiana: El Bosco, Van der Weyden, Miguel Ángel….etc.

Una vez en circulación, “La Pasión” rompió moldes, desbordó todas las previsiones. Cuando la película se estrenó, rápidamente fue record de taquilla, tuvo muchos defensores y no pocos detractores. Las dos acusaciones principales de los, a veces, furibundos censuradores, fueron de antisemitismo y de violencia extrema y “gratuita” en gran parte de la película. Ambas imputaciones son falsas, infundadas y fácilmente desmontables.

En cuanto al antisemitismo, el mismo Gibson lo negó rotundamente: “El antisemitismo no solo es contrario a mis creencias personales sino que también es contrario al mensaje de mi película. No odio a la gente, no odio a los judíos, tengo amigos y socios judíos”. Sin embargo, aún hoy, ciertas organizaciones, en especial el Centro Simon Weisenthal, sigue manteniendo esa acusación. Sobre esta organización, lo que hay que decir también es que, lamentablemente llevan un largo historial de confrontación con la Iglesia Católica; que incluso se han dedicado a difamar la memoria del Papa Pío XII y que incluso el Evangelio, en sí mismo, para ellos es antisemita. Es decir es una imputación hecha desde la ceguera del fanatismo, lo que la descalifica radical e inmediatamente.

Y en tanto a la violencia…, es cierto que la película va sin anestesia, pero de gratuita ¡nada!. Resulta curioso, observar la hipocresía de quienes hablan de intolerable orgía de sangre, de quienes se llevan las manos a la cabeza ante la contemplación de ese sufrimiento tan extremo y luego en algún caso, son los mismos que llenan las taquillas con profusión, para ver engendros aberrantes como toda la saga de “Saw”, que son puro desatino inhumano.¿En que quedamos? … al fín y a la postre, la progresía parece decantarse por el cristianismo tradicional de imágenes dulcificadas y relamidas, las mismas que han criticado durante tanto tiempo. Cuando definitivamente se les presenta la Cruz con toda su crudeza y esplendor, huyen de ella aterrados. Es mucho más fácil fabricarse un Cristo a la medida, un Mesías cómodo.