.La verdad, es que si hemos de ser justos, ya es tiempo que le rindamos su homenaje, y lo voy a hacer en la persona, sin la cual, este género simplemente no sería considerado cine, ni arte en mayúsculas. Probablemente, más de uno, habrá pensado acertadamente en la figura de Walt Disney.
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Que Walt Disney es la figura más importante del cine de animación es como decir que las hojas de los árboles son de color verde. Guste o no guste, es así, por derecho propio.
Fue el pionero, el impulsor del cine de dibujos animados hacía la gran pantalla, el primero que planteó un largometraje de dibujos y además lo hizo con calidad y buen gusto. Pero posiblemente, el secreto de su triunfo radicaba en su habilidad para elegir historias intemporales y que, por tanto, fuesen conocidas de antemano y pudiesen ser gozadas por cada nueva generación de espectadores.
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Inquieto e innovador por naturaleza, desde sus inicios siempre fue un audaz emprendedor; cuando ya se había hecho un nombre en la industria de Hollywood, gracias a su celebre ratón Mickey, Walt Disney emprendió una iniciativa arriesgada y sin precedentes: producir el primer largometraje de dibujos animados de la historia del cine. Blancanieves y los siete enanitos (1937); con el demostró no sólo que Disney y su equipo eran unos virtuosos de la animación, sino que los dibujos animados podían ser todo un género cinematográfico. La película recaudó cuatro millones de dólares, un récord para la época. No vamos a descubrir nada nuevo si decimos que Disney era mejor empresario que dibujante, y así lo demostró también en todas sus facetas. Disney siempre pensó que el producto de ocio no debía limitarse a una sala de cine, sino que podía completarse con un complejo entramado de productos relacionados entre sí: los productos modernos, como “la Guerra de las Galaxias” o “El señor de los anillos” (ese megaproducto compuesto por películas, libros, muñecos, juegos de rol y camisetas), no son más que desarrollos del concepto de espectáculo ideado por Walt Disney; gran inventor sin duda del merchandising cinematográfico.
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Pero, a parte de su cara mercantilista, si hemos de rendirle pleitesía es por la gran cantidad de obras maestras que salieron de su factoría. Historias entrañables, bonitas, conmovedoras, pero sobre todo entretenidas, que han disfrutado ya, muchas generaciones. Éxitos muchos de ellos, de público y crítica, y avalados por cantidad de premios y nada menos que por 29 oscars en vida de Walt, luego vendrían alguno más.
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Disney murió en 1966, en plena flor de su triunfo y sin llegar a ver terminado “El libro de la selva” (1967), la segunda película más comercial de Disney desde Blancanieves.
La era post-Disney tuvo sus altibajos en la productora, después de la muerte de su creador. Con variada fortuna, tratarían de sustituirle figuras tan dispares como su hermano Roy O. Disney, su sobrino Roy E. Disney y su yerno Ron Miller. Pero sólo el productor ejecutivo Michael Eisner demostró ser digno sucesor suyo.
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Después de años de mucha producción y pocos éxitos destacables, los estudios Disney volvieron a ser los reyes del género del dibujo animado en la nueva década dorada de 1989 al 1999, con títulos tan geniales como “La bella y la bestia” (1991), “El Rey León” (1994). “El Jorobado de Notre Dame” (1996), y “Tarzán” (1999). Producciones estas donde se compaginaba, con acierto, una buena historia, impresionantes dibujos y magníficas bandas sonoras.
Luego, la Disney se unió a PIXAR, claudicando hacía la pura animación digital, pero ya nada sería igual y el mercantilismo sempiterno de la compañía acabó, a mi modo de ver, por hundir al arte. Repito, ya nada es igual.
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Sin embargo, a pesar de sus muchos detractores, que tuvo y tiene, nadie puede negar a Walt Disney, el título de leyenda. Disney sin duda es uno de los nombres fundamentales de la cultura popular universal del siglo XX; y así lo hemos querido reconocer hoy, aquí.
Lion King - Circle of Life.
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Tarzan - You'll be in my heart
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En este último periplo, Borg tratará de encontrar un sentido racional a su existencia, inicialmente rechazando cualquier tipo de sentimentalismo y centrándose en el pensamiento filosófico para dar respuesta a sus miedos, principalmente a la muerte, que está latente en toda la cinta, y es la auténtica protagonista. Borg, al principio, no es un personaje atractivo, es más bien un viejo antipático, probablemente por ese pánico que tiene ante un final oscuro y vacío de sentido. La nostalgia por una vida malgastada, por el tiempo pasado y la juventud perdida, se convertirá en el centro de las reflexiones de Borg. Sin embargo, a medida que va transcurriendo ese viaje físico, el profesor va sufriendo una hermosa metamorfosis que va a cambiar todo.