"Morir veinte años antes o después, importa poco. Lo que importa es morir bien. No te arrepientas de tus lagrimas. ¡Ahora, resiste y resiste!, ¡Aprieta los dientes, pon una mordaza a tu corazón! ¡Y sube!"
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miércoles 23 de julio de 2008

YA ENCONTRARON EL TESORO, SON EL TESORO


Llevo varios dìas dándole vueltas a la idea de hacer un post reconociendo la importancia, en estos momentos para la Iglesia y para el mundo, de aquellos y aquellas valientes que son capaces de dedicar su vida entera a Dios y por lo tanto a sus criaturas los hombres.
De hoy no pasa, aunque sea con unas poquitas líneas.
Me estoy refiriendo, como ya suponéis muchos, a la vida contemplativa, nada menos que al tesoro de la Iglesia.
A pesar de lo que este mundo laicista y descreído incite a pensar, la vida contemplativa no significa una deserción egoísta de los problemas que nos rodean sino más bien un ofrecimiento oculto que además del aspecto de sacrificio y de expiación, adquiere su mayor dimensión en la acción de gracias al Padre, participando así, de la vida del mismo Jesucristo.
Por el misterio de fe de la comunión de los santos, el contemplativo se dispone y se ofrece a Dios para que por el, todos los miembros de la Iglesia crezcan en santidad, creyendo firmemente en la fecundidad de su apartamíento del mundo.
Los monasterios y conventos, y quienes los habitan son la vanguardia de nuestra fé, ellos son los guardianes de nuestros valores.
El mundo consumista, materialista, no lo entiende así, pero para nosotros son instituciones vitales que mantienen la esperanza, son imanes eficaces de la gracia de Dios y pararrayos de su ira.
Este post tan breve, será el primero que hable de esta gente admirable, pero adelanto que no será el último; entre tanto, animo a rezar por ellos y con ellos, y pido a Dios con todas mis fuerzas nos siga proveyendo de vocaciones de esta gente tan audaz y madura que conoce, sabe y enseña donde está la verdadera sabiduría.
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Desde la voz de la experiencia y la sabiduria del espíritu, un breve consejo sobre la necesidad de la oración. Y ¡Va para todos!.

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Testimonio vocacional joven.

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La alegria interior de una que sabe, y habla claro, y sabe torear, a pesar de las "trampas". ¡No dejes de verlo!

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domingo 20 de julio de 2008

2011 MADRID ¡¡¡QUE ALEGRÍA!!!

Gracias a Dios, justo cuando más lo necesitamos, acaba de lanzarse la MEJOR NOTICIA que podíamos esperar. Dentro de 3 años, en el 2011, la próxima Jornada Mundial de la Juventud se va a celebrar en nuestra capital, en Madrid.
Queremos al Papa y esperamos ya su encuentro, nos disponemos desde ahora mismo a prepararnos por dentro y por fuera, para hacer de ese encuentro semilla necesaria de amor para el mundo. Desde ahora, damos la bienvenida al Vicario de Cristo, Benedicto XVI y a toda la juventud de toda la tierra.



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La próxima jornada no tendremos que viajar tanto,
¡MUNDO, DIOS TE ESPERA EN MADRID. VENTE CON NOSOTROS EN 2011!

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sábado 19 de julio de 2008

BUENOS LIBROS PARA EL VERANO.


Como ya he comentado en más de una ocasión, cuando surge una buena noticia, dado que ahora son tan escasas, hay que darla y difundirla a los cuatro vientos.
Y eso es lo que me propongo en este post, porque los amantes de la buena literatura, la que enseña, la que promueve valores y la que además entretiene, estamos de enhorabuena. Hace no mucho, dábamos cuenta en este blog de dos excelentes obras que además de hacernos pasar un buen rato, sobretodo de cara a estas vacaciones, nos hacen reflexionar, de forma profunda, sobre los males de este mundo y sus posibles remedios.
Los dos libros a los que me refería entonces, son “La sangre del Pelícano” del joven escritor Miguel Aranguren y “El Padre Elias” del canadiense Michael O´brien. Pues bien, este último acaba de lanzar al mercado la continuación de “El Padre Elias” bajo el título de “El librero de Varsovia”, también, como las otras dos obras mencionadas está editada por –Libros Libres- con cuidado esmero.
No os puedo, de momento, comentar nada sobre el libro puesto que acabo en estos momentos de comprarlo; viniendo de quien viene y además, si supone la continuación de la anterior, las perspectivas son tan atractivas como para correr raudo a su lectura una vez termine este post, ya os contaré más adelante.
Ni que decir tiene, que sigo recomendando efusivamente, las dos obras mencionadas anteriormente.
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Tanto es así que esta ocasión, me dá pié para aprovechar y ampliar aquel comentario, centrándome exclusivamente en la novela de Aranguren; y no sólo porque convenga siempre explotar el producto nacional, sino porque si tuviera que hacer la difícil elección entre las dos comentadas, aun sin hacerle desprecio alguno a las de O´brien, siempre me quedaría con –La sangre del Pelícano-.
Lo primero que hay que decir, por justicia, en beneficio de esta gran novela, es que es muy entretenida y conmovedora. Con ella se descubre el placer de leer, no deja de sorprender y empuja, por su interés, a leer sin descanso, un capítulo tras otro. Pero además lo que llama la atención, por lo inhabitual, es el profundo respeto hacía la religión católica, en sus dogmas, creencias, ritos y jerarquías.
Otra de las cosas que más me han gustado es el conocimiento, me imagino fruto de viajes y probada documentación, de los lugares de los que habla; el Vaticano, los aledaños de la torre Eiffel, las callejuelas granadinas, las estribaciones del Himalaya o la vida en la lejana China, están retratados tan fielmente que, ciertamente llenan al lector no sólo de conocimientos, sino de vivencias.

Sin embargo, el verdadero valor de esta obra reside principalmente en movernos al pensamiento y ¿por qué no?, a la oración. La historia es la del bien y el mal y su eterna lucha. Una lucha, sin cuartel, donde la Esposa de Cristo nunca podrá ser vencida por el diablo, jamás caerá ante el mal. Porque hay muchos de sus hijos, como Giotta, Albrizzi, “el Papa de Aranguren” y el mismo Monticone están dispuestos a la santidad, incluso a través del sacrificio, dispuestos, como el mismo Jesucristo, EL PELÍCANO, a dar su sangre para que otros tengan vida, y la tengan en abundancia.
El argumento es trepidante, y la principal pareja protagonista funcionan complementariamente a la perfección para mantener el suspense hasta el brillante último capítulo, donde el climax de la historia llega a su cenit.
En La Sangre del Pelícano no hay mentiras, tan al gusto de los cultivadores de la literatura basura (Dan Brown), hay creatividad, imaginación, documentación y sobretodo amor a la Iglesia.
Con la novela de Miguel Aranguren se echa de menos que no haya cineastas valientes que quieran abordar el proyecto de llevar esta impresionante obra, tan cinematográfica, a la gran pantalla.
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De momento nos conformaremos con disfrutar de la brillante prosa de este autor en las páginas de su libro, esperando que Miguel se decida, tal como ha hecho ya O´brien a deleitarnos con la continuación de esta excelentísima y emocionante obra.
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Para saber más:

http://www.miguelaranguren.com/ y http://www.libroslibres.com/

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martes 15 de julio de 2008

HOY EMPIEZA

Del 15 al 20 de este bendito mes de julio se van a celebrar las próximas Jornadas de la Juventud con el Papa, con el Vicario de Cristo en la tierra. Desde aquí desde España, aunque estamos en las antípodas, estamos allí en cuerpo y alma, rogando para que este sea el embrión de un nuevo resurgir de paz y de amor, para que Cristo brille en nuestras vidas como única luz.
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WYD08 Song - Receive the Power.

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Padre Nuestro, te consagramos la Jornada Mundial de la Juventud en Sydney en el 2008.

Guía y protege al Santo Padre, el Papa Benedicto y a todos los líderes de la Iglesia.

Inspira y dirige a todos aquellos que planean y lideran la Jornada Mundial de la Juventud.

Únelos y protégelos con el amor de tu abrazo paternal.

Amén.

Señor Nuestro Jesucristo, antes de tu ascensión hacia el Padre, prometiste enviar a Tu Espíritu Santo para que pudiéramos ser tus testigos hacia los confines del mundo.

Bendice y multiplica los esfuerzos de todos nuestros empleados y voluntarios. Ayúdanos a levantar nuestra cruz para poder seguirte bajo la señal celestial de la Cruz del Sur.

Amén.

Espíritu Santo, derrama tu gracia sobre esta Tierra Austral del Espíritu Santo y concédenos un Nuevo Pentecostés.

Haz de esta tierra un lugar genuino de bienvenida a la juventud del mundo.

Concede a esos jóvenes que vengan una conversión en su vida, una fe más profunda y amor hacia todos.

Permíteles construir una nueva civilización de vida, amor y verdad.

Haz que sean auténticos testigos de tu poder y tu gracia.

Amén.

Nuestra Señora de la Cruz del Sur, Ayuda de los Cristianos, ruega por nostros.

Fuente: Página oficial de Jornada Mundial de Juventud 2008 http://www.wyd2008.org

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viernes 13 de junio de 2008

¡QUE ALEGRÍA!, hoy es Viernes 13.


Hoy es viernes y 13, coincidencia tal que, a los forofos de las supersticiones les ponen los pelos como escarpias. Sin embargo a mi, que procuro ir por otro camino, alejado de estas chuminadas, es un día inmejorable; y lo es porque sobretodo hoy, es el día que recordamos el paso por la tierra de un hombre justo y santo, que nació allá por el siglo XII con el nombre de Fernando de Bulhões, y que hoy se le conoce como San Antonio de Padua.
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No sé por qué equivocada creencia, se tiende a pensar que los hombres y mujeres dedicados a la vida religiosa, son unos perfectos ignorantes; la vida de San Antonio, desmiente rotundamente esta afirmación. Él nació en una rica familia portuguesa, y desde pequeño, su familia le procuró la educación más sólida que en aquellos tiempos se pudiera adquirir. Sin embargo, sus derroteros eran otros, ya desde su adolescencia, lo tenía muy claro, y pese a la oposición de su familia, ingresó en la abadía agustina de San Vicente en las afueras de su ciudad, Lisboa. Allí, Fernando tuvo la oportunidad de seguir cultivándose culturalmente, ya que aquellos monjes de la orden de San Agustín, eran famosos por su dedicación a los estudios. Fernando, no sólo estudió las Sagradas Escrituras, y las vidas de los grandes santos de la Iglesia, como San Jerónimo, San Agustín, San Gregorio Magno o San Bernardo, sino que también estudió a los grandes clásicos latinos como Ovidio y Séneca.
Sin embargo, la proximidad de aquella abadía de su entorno y las repetidas visitas familiares, eran un estorbo, en su afán de obtener la paz debida para centrarse en su dedicación al estudio. Por esa razón, pidió a los responsables del convento el traslado temporal a la abadía agustina de la Santa Cruz en Coimbra, la entonces capital de Portugal, para así continuar sus estudios. Sin embargo, ya nunca volvería a su ciudad natal.
Ya en Coimbra, y a pesar de su juventud, estaba completamente maduro. Su gran cultura teológica, nutrida por la Biblia y la tradición patrística, había llegado al punto definitivo.
En el verano de 1220 fue ordenado sacerdote. Para el joven Fernando se desatendió la norma eclesiástica que fijaba en un mínimo de 30 años la edad para tener acceso al sacerdocio. Acto seguido recibió el hábito franciscano y comenzó a estudiar la enseñanzas de su fundador, Francisco de Asís. Y ya, definitivamente adoptó, el nombre de Antonio en honor de San Antonio Abad, a quien estaba dedicada la ermita en la que él residía.
Es verdad, que a San Antonio, la devoción popular le conoce más como el patrón de los pobres, así como de los que buscan esposo, o como el que encuentra lo perdido; en definitiva como el Santo de los milagros; sin embargo, la dimensión intelectual de este santo no es nada desdeñable. Son famosos sus escritos y entre ellos sus 53 sermones dominicales, a través de los cuales, además de asomar una alta espiritualidad, estaban elaborados con un aspecto literario inigualable en la época.
Se podría decir que fue un adelantado a su tiempo y a veces, incluso incomprendido por sus contemporáneos.
El sermón de San Antonio es un sermón docto, escrito en latín medieval, colmado de gran erudición. Se pone de manifiesto claramente a partir de la amplia exposición de la Sagrada Escritura, de la increíble abundancia de citas escriturales directas (¡Son más de 6200!), del frecuente retorno a la doctrina de los Padres y de los teólogos, de los filósofos y de los poetas paganos, de las abundantes citas de expertos en ciencias naturales, en particular modo de Aristóteles y de Solino. Se podría decir que, con San Antonio el sermón llega a la altura de género literario.
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No en vano, tan sólo al año de su muerte, el Papa Gregorio IX pronunció la antífona "O doctor optime" en su honor y, posteriormente, siete siglos después, en el año 1946, el Papa Pío XII le declaró oficialmente "Doctor de la Iglesia".
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A parte de su faceta de predicador elocuente, cabe recordarle también porque fue un evangelizador incansable. Estuvo en África pero el clima y el trabajo lo enfermaron. Se embarcó para España pero una tempestad lo llevó a Italia. Y finalmente, fijó su residencia en Padua, ciudad universitaria. Allí consiguió los mejores frutos de sus sermones y adquirió una fama inmensa. León XIII lo llamó "el santo de todo el mundo", porque su imagen y su devoción se encuentran por todas partes.
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Pero si por algo hay que recordarle fue por su tremenda espiritualidad, que se puede resumir fácilmente en una de sus famosas frases: “El gran peligro del cristiano es predicar y no practicar, creer pero no vivir de acuerdo con lo que se cree”.
De la doctrina de Antonio sobre las virtudes se trasluce la que podría llamarse una verdadera dialéctica del devenir espiritual.
El camino hacia la verdadera perfección espiritual es uno en la sustancia, aunque versátil en las etapas. San Antonio no lo presenta teóricamente o en abstracto, como hacen los tratados de teología ascética y mística, sino concretamente en el cristiano, que recorre aquel camino con dificultades, a veces cojeando y también resbalando.
Para San Antonio, la perfección se alcanza alimentando las dos virtudes esenciales:
la vigilancia y la constancia.
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Así pues, en este viernes 13, hemos querido recordar al que es patrón de mujeres estériles, pobres, viajeros, albañiles, panaderos y papeleros. Hemos querido homenajear a aquel gran faro de luz, para pedirle que desde el cielo, nos ayude a encontrar el camino que Dios quiere para nosotros, como el supo hacerlo, a él se lo pedimos.
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Por último acabo con una excelente tradición popular, esta dice que San Antonio dio una oración a una pobre mujer que buscaba ayuda contra las tentaciones del demonio.
Sixto V, papa franciscano, hizo esculpir esta oración - llamada también lema de San Antonio - en la base del obelisco que mandó erigir en al Plaza San Pedro en Roma. He aquí el original en latín:
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Ecce Crucem Domini!
Fugite partes adversae!
Vicit Leo de tribu Juda,
Radix David! Alleluia!
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traducido
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¡He aquí la cruz del Señor!
¡Huid fuerzas enemigas!
Ha vencido el León de Judea,
¡La raíz de David! ¡Aleluya!
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Esta breve oración tiene todo el sabor de un pequeño exorcismo. También nosotros podemos usarla -en latín o en castellano- para ayudarnos a superar las tentaciones que se nos presenten. ¡Hasta la próxima!.

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jueves 5 de junio de 2008

¡QUIERO SER FELIZ!

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Estos son tiempos difíciles, y nuestra labor debe ser de oración y acción (ora et labora), para posibilitar el advenimiento de tiempos mejores, donde la justicia, la libertad y el amor entre los hombres sea lo habitual. Es una tarea ardua, casi utópica, pero es nuestra obligación luchar porque esto sea así.
Muchas veces, habrá quien a través de nuestra labor y a través de nuestras palabras, quieran ver síntomas de catastrofismo o tristeza. Sin embargo, no es así, al menos en mi caso. En cada post que escribo, aún declarando los males que nos aquejan, trato de abrir puertas a la esperanza. Denuncio lo que veo y no me gusta, con el afán de corregirlo, tanto en mí, como en los demás; y finalmente siempre guardo en mi corazón la esperanza en el hombre y sobretodo en la providencia divina. Así, creo y confío en que si ponemos un poco de nuestra parte, nunca llegará nuestra catástrofe final, por tanto de tristeza…NADA.
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Es decir, la consternación del cristiano es siempre posible. Puede ser consecuencia de muchos elementos externos, por ejemplo los nuevos planteamientos laicistas que menosprecian y arrinconan nuestra religión.
Es un momento complejo y, en buena parte, paradójico: junto a innegables sombras, no faltan luces. Serían fáciles de enumerar los ejemplos de progresos, de retrocesos, de conquistas y de derrotas en lo humano.
Pero es innegable que, afortunadamente existen fundamentos, generalmente internos, que nos animan a expresar valientemente la alegría de ser cristianos.
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La alegría cristiana es una realidad que no se describe fácilmente, porque es espiritual. La felicidad no depende de fuera, sino de dentro.
Quien verdaderamente cree que Jesús es el Salvador y el Redentor del hombre no puede dejar de experimentar una íntima e inmensa alegría, que es consuelo, paz, gozo y libre abandono a la voluntad divina. La vida cristiana y la alegría son dos realidades íntimamente unidas.
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En tiempos de los primeros cristianos, según nos cuentan los Hechos de los Apóstoles (Hechos 2,46), había una característica que llamaba poderosamente la atención de todos: la alegría. Y eso era así porque, en realidad, todo el Evangelio es un mensaje de alegría, la Buena Noticia de la salvación del hombre.
La fuente de la alegría cristiana está basada en la celebración del hecho histórico del nacimiento de Jesús como Salvador del mundo. Nuestra alegría no es cuestión temperamental, “es paz de Dios que sobrepasa todo juicio y puede guardar el corazón", es fruto del Espíritu.
Desde el principio, así fue. La venida del Mesías es comunicada como el gozo máximo: “Os comunico una gran alegría”, les dice el Ángel a los pastores (Lucas 2,10). Y el Sermón de la montaña, proclamado por Jesús, comienza con el ¡Dichosos, dichosos, dichosos!, repetido por el Señor con gozo desbordante (Mateo 5).
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Así, se podría decir, incluso que la alegría es otro mandamiento para el seguidor de Cristo. La Biblia nos dice como un imperativo: “Servid a Dios con alegría” (Salmo 99,1). Y debe ser así ya que “un santo triste es un triste santo”, porque ¿Quién puede sentir tristeza, si se sabe, nada menos que Hijo de Dios y heredero del cielo? ¿Quién no estallará de alegría ante el convencimiento de que el fin de nuestra vida no es la muerte, sino la vida?.
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La alegría cristiana, a pesar de sus muchos años, es nueva y revolucionaria, porque la tienen los enfermos, los pobres, los que lloran, los que saben que se están muriendo, los que son perseguidos y criticados. Esta alegría la tienen los que saben amar.
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Líbranos Señor de la tristeza, debería ser nuestra súplica constante. A Dios no le gusta la tristeza y menos le gusta que nos lo imaginemos triste. Debemos ser la encarnación de la alegría. Sentirla y transmitirla. Alegría por sentirse querido, acariciado, tocado, acompañado por Aquel que se definió a sí mismo como el Resucitado, Aquel que llamamos Nuestra Alegría y Nuestro Gozo.
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Curiosamente y aunque parezca contradictorio, la Iglesia, en su liturgia, se atreve a cantar con alegría el Misterio de la Cruz de Cristo. El dolor no cancela la alegría, si se vive unido a la entrega de Jesucristo por nuestra salvación. La verdadera alegría sabe de penas y dolores, pero pone dulzura y serenidad a la vida, precisamente porque bebe en las fuentes del amor, de la fe y del perdón.
La Iglesia sabe y enseña que la alegría sólo se agosta por el egoísmo del pecado, por el olvido de amar a Dios y amar al prójimo. La alegría, para un cristiano, no está ligada a una presunta impecabilidad, que no existe, sino a la disponibilidad para pedir perdón, para arrepentirnos. La alegría es la del hijo pródigo.
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Tampoco hemos de confundirnos, La alegría cristiana no es carcajada estruendosa, ruido y alboroto; no es de este mundo. San Agustín, nos dice: "Estad alegres en el Señor, no en el mundo, es decir: alegraos en la verdad, no en la iniquidad; alegraos en la esperanza de la eternidad, no en la flor pasajera de la vanidad. Ésta debe ser vuestra alegría; y en cualquier lugar en que estéis y todo el tiempo que aquí estéis, El Señor está cerca; no os inquietáis por cosa alguna". Es decir, nuestra alegría no es preocupación por las cosas del mundo, sino abandono de lo nuestro (cruz) en las manos salvadoras de Jesús. ¿El pasado? Pertenece a la misericordia de Dios. ¿El presente? A su buena voluntad ayudada por la gracia abundante de Cristo. Y ¿El porvenir? Al inmenso amor de su Padre Celestial.
La alegría cristiana transciende al tiempo y al espacio, va más allá de lo externo y por supuesto se trasluce al exterior. ...es una fuerza poderosa del Amor de Dios, que tenemos la obligación de transmitir.
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Nuestro rostro debería ser siempre una sonrisa ancha y brillante como el sol, para llenar de sol la vida de los demás. Nuestra vida debería ser un constante grito:
¡Alégrate! Dios te ama con locura y te busca siempre, ve a su encuentro, ¡ten la valentía de ser feliz!.

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APUNTES SOBRE EL ATEISMO.


Está claro que, algunos piensan que Dios no tiene cabida en esta sociedad.
No es necesario, al menos en nuestro país, que las estadísticas confirmen un descenso significativo en las prácticas religiosas; salvo excepciones que las hay, basta por pasarse por las Iglesias y observar el número y la edad de los fieles que allí acuden. Y no solo es eso lo reseñable, también habría que destacar la escasez de vocaciones. De hecho, en muchos conventos e Iglesias de nuestro suelo patrio, cada vez hay menos religiosos/as y menos sacerdotes españoles. Curiosamente, en los últimos tiempos, estos lugares se renuevan, casi exclusivamente, de personas que provienen de la hermana América.
La historia se ha dado la vuelta como una tortilla, los que fueron evangelizados por los españoles, ahora hacen con nosotros, misión.
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Ya lo decía el Papa Juan Pablo, -urge evangelizar Europa-, ¡y que decir de España!. Aquí no tenemos términos medios.
En nuestra patria, se ha pasado de una época, donde la religión era lo bien visto, lo oficial, y por lo tanto lo masivo, muchas veces de forma exagerada; a la época actual, donde lo guay es pasar de todo, vestirse de monja en el carnaval y reírse de todo. El cambio ha sido radical. Pues… ni tanto, ni tan calvo.
Ante este contexto, en ocasiones he podido escuchar algunas voces, defendiendo este pobre argumento: “si los muchos que practicaban la religión durante el franquismo, lo hacían por aparentar y más de la mitad lo hacían de mentira, ahora, aunque somos menos, hemos quedado “los de verdad”.” ¡Que barbaridad!.
Y aunque así fuera, ¿nos debemos conformar?, ¿acaso los cristianos –de verdad-, nos podemos quedar impasibles ante este tremenda huída hacía la nada?.
Aquí tengo que repetir, algo que siempre tengo muy presente, “Dios quiere que TODOS los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”, dice la Escritura; pues si creemos esto y además se nos dice que debemos ser –otros Cristos, el mismo Cristo-, nada de lo que es humano, nos debe ser ajeno. Y por supuesto, este gran alejamiento de nuestros hermanos del Dios del Amor, nos debe doler, nos debe hacer reaccionar. Hemos de rechazar de plano, el conformismo, sino queremos caer en grave pecado de omisión, en grave falta de amor.
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Seguramente, el escenario hedonista actual y el triunfo de los políticos laicistas, no ayudan en nada, a crear un ambiente propicio para la práctica de la religión. Pero eso no nos exculpa de nada, porque nuestro objetivo, al igual que el de Cristo, es la salvación de TODOS.
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En la actualidad, hay muchos que quieren esconder y esconderse de Dios. Disfrazan esta descreencia con muchos nombres: modernidad, progreso, agnosticismo, ateismo…etc. Incluso, los de siempre, se apresuran a promover las consabidas campañas contra la Cruz o a favor de la apostasía. Sin embargo, más allá de los movimientos odiosos de estos grupitos, lo que más se percibe en la sociedad española, tristemente, es la indiferencia total ante el hecho religioso, y mucho más hacía sus prácticas.
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Y esto ocurre por una razón muy simple, precisamente la indiferencia es la seña de identidad de estos tiempos. La gente, ya no busca, ya no se pregunta, ya no piensa. Todo se lo dan hecho, se lo dan mascado. Esta sociedad estará todo lo tecnificada que se quiera, pero a fuerza de no preguntarse sobre nada, NADA se va a encontrar.
Desde la noche de los tiempos, las civilizaciones han ido avanzando en la medida que se iban resolviendo las cuestiones que se planteaban. Nada hubiera sido de esta humanidad, sin Aristóteles, Platón, Edison, Santo Tomás de Aquino e incluso Einstein. Todos estos y muchos más, fueron grandes en lo que hicieron por las preguntas que se plantearon; y la resolución de las mismas hicieron avanzar las ruedas de la civilización.
Pero ahora, la sociedad se ha vuelto pasota y no pregunta, no indaga, no sabe y no contesta. Es demasiado cómodo no pensar.
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Esa debiera ser la primera obligación del creyente, preguntar y preguntarse y sobretodo buscar con honestidad y perseverancia respuestas. El ser creyente es preguntarse sobre lo más fundamental de nuestra existencia:
¿Para que fui creado?, ¿Por quien fui creado?, ¿Qué es lo que hago aquí?, ¿Cuál es mi misión en esta vida?, ¿Hay Vida después de la vida?. Todas estas respuestas, los cristianos las encontramos claramente en la vida y la obra de Nuestro Señor Jesucristo.
Pero me dirán algunos, ¡claro!, pero para eso hace falta fé. Y efectivamente es así, esta virtud teologal es un don.
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Hace poco en este blog hacíamos reseña de la conversión de dos personajes: García Morente y André Frossard. Como entonces dijimos, la Luz llegó a ambos, pero de modos muy distintos. Mientras que Morente, se afanaba incansablemente en buscar la verdad, que luego encontró; con Frossard la cuestión fue, más bien, de flechazo, como en el caso de Saulo de Tarso. El punto en común entre ambos, además de su conversión, es que los dos, llegaban a Dios tras muchos años de ateismo militante.
Es decir, en el caso de Morente, habría que parafrasear al Evangelio, diciendo que, -el que busca encuentra-. Pero en el caso de Frossard, pienso que la cuestión es mucho más didáctica, porque cuando este personaje, no tuvo en vida, gente cercana que le hablara de Dios, Él mismo, como el padre de la parábola, salió a su encuentro, para darse a conocer y abrazarle amorosamente.
Vuelvo a recordar otra vez aquel hecho porque, como he dicho me parece que tiene mucho que enseñarnos, muchos elementos para una reflexión profunda y seria sobre el creciente ateismo actual.
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Como dije antes, pienso que el ateismo contemporáneo es sobre todo indiferencia y es producto de la influencia del mundo en el que vivimos, que no ayuda nada. En este mundo descreído hay muchos Frossards pululando por sus calles, esperando la llamada de Dios, ¡ahí entramos nosotros!.
Posiblemente, todos los días, nos estamos encontrando, en la calle, en el trabajo, en el transporte, etc.; con gente que por sus circunstancias, NUNCA han oído hablar de Dios; ¿no estaremos pecando de omisión al no hablarles nosotros de nuestra enriquecedora experiencia personal?.
Dios, probablemente, espera de nosotros que seamos ipse Christus; que continuemos su obra, que abramos los ojos a los descreídos, con nuestras obras y también con nuestra palabra. Dios está esperando nuestra colaboración para convertirles; estoy seguro; para otorgarles ese DON a través de nosotros.

Si nosotros no somos, ni sal de la tierra, ni luz del mundo, no servimos para nada. Nuestra prioridad es poner todo de nuestra parte, para abrir a nuestros hermanos los hombres, el camino de la Luz, la Esperanza y el Amor. No hay misión más noble, no hay misión más humana.

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martes 3 de junio de 2008

LOS CAMINOS DE DIOS.

Hace unos días teníamos el gusto de leer la atinada referencia que hacía Militos en “De dentro”, sobre la vida y obra del erudito y filósofo español Manuel García Morente. La trayectoria vital de Morente, en la que de ateo declarado se transformó en ardiente católico (acabó siendo sacerdote), es sorprendente, casi milagrosa, pero afortunadamente no es única.
Morente, probablemente obtuvo su conversión, por su afán incansable en buscar; al final gracias a su honesto empeño, acabó encontrando la luz que ansiaba.
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Quiero contar hoy un caso parecido, esta vez de un personaje de más allá de nuestras fronteras; su nombre André Frossard.
Su biografía se puede resumir en unas cuantas líneas:
André Frossard nació en Francia en 1915. Como su padre, Ludovic-Oscar Frossard, fue diputado y ministro durante la III República y primer secretario general del Partido Comunista Francés, Frossard fue educado en un ateísmo total. Encontró la fe a los veinte años, de un modo sorprendente, en una capilla del Barrio Latino, en la que entró ateo y salió minutos más tarde "católico, apostólico y romano".
Frossard escribió el libro de su conversión, "Dios existe, yo me lo encontré", que mereció el Gran Premio de la literatura Católica en Francia en 1969, y que se convertiría en un bestseller mundial.
En 1985 fue elegido miembro de la Academia y trabajó en la Comisión del Diccionario. Muere en París en 1995 a los 80 años de edad, tras haber sido uno de los intelectuales católicos franceses más influyentes de su país en el presente siglo.
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Después de la breve, pero necesaria reseña biográfica, convendría ahondar más en los motivos de este cambio tan radical. La diferencia sustancial entre García Morente y Frossard, es muy clara; mientras que el primero, encontró su luz, después de mucho esfuerzo intelectual y con una actitud clara de búsqueda; en Frossard, se podría decir que la fé le llegó sin tener mérito alguno, porque Dios quiso y no por otra razón. El no buscaba a Dios. Como el mismo reconoce, -Se lo encontró-.
"Habiendo entrado, a las cinco y diez de la tarde, en una capilla del Barrio Latino en busca de un amigo, salí a las cinco y cuarto en compañía de una amistad que no era de la tierra.”
Esto por supuesto, fue un mazazo, tanto para él, como para todos sus familiares y amigos, que no podían tolerar aquel cambio tan radical. El mismo lo cuenta en su libro:
"Se creyó oportuno, suponiéndome hechizado, hacerme examinar por un médico amigo, ateo y buen socialista. Después de conversar conmigo sosegadamente y de interrogarme indirectamente, pudo comunicar a mi padre sus conclusiones: era la “gracia", dijo, un efecto de la "gracia" y nada más. No había por qué inquietarse.
"Hablaba de la gracia como de una enfermedad extraña, que presentaba tales y cuales síntomas fácilmente reconocibles. ¿Era una enfermedad grave? No. La fe no atacaba a la razón. ¿Había un remedio? No; la enfermedad evolucionaba por sí misma hacia la curación; esas crisis de misticismo, a la edad en que yo había sido atacado, duraban generalmente dos años y no dejaban ni lesión, ni huellas. No había más que tener paciencia.”…
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Esta –enfermedad-, ya le duraría para siempre, y afortunadamente contagiaría a muchas personas con la misma. "Se me toleraría mi capricho religioso a condición de que fuese discreto, como lo serían conmigo. Se me rogó que me abstuviese de todo proselitismo en relación con mi hermana menor. Ella se convertiría a pesar de todo al catolicismo, y mi madre también bastantes años después de ella".
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El hecho, es que los caminos de Dios son muchos; a veces se esconde para que le busquemos, y a veces, se hace presente entre los que no le buscan, quizás porque, por su ambiente familiar, nunca tuvieron la oportunidad de encontrarse con Él.
Lo que está claro, es que Dios nos quiere, y “quiere que TODOS los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”, y de una manera u otra, Él busca sus trucos, para darnos la oportunidad de conocerle y amarle.
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Sin embargo, la lección de estas dos personas, es otra, la encontramos después de sus impactantes conversiones. La encontramos en la respuesta posterior de ambos. Ellos, tanto Morente como Frossard, una vez convertidos, no quisieron nunca abandonar la amistad con Dios. Fue la respuesta clara y coherente de dos personas intelectualmente poderosas, de dos personas convencidas, de dos personas libres. Habiendo visto la luz, decidieron hacerla clara en sus vidas y sobre todo propagarla. Ellos eligieron bien.
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Cuanto mejor se elige, y cuanto más se compromete la persona con lo escogido, tanto más se enriquece a sí misma y tanto más enriquece a los demás. Ellos lo entendieron así, la libertad interesa porque hay algo más allá de la libertad que la supera y marca su sentido: el bien. Si una elección supone un compromiso de aceptación de Dios, y esto refuerza algo que es propio de la naturaleza humana, será éste el uso más acertado de nuestra libertad. La aceptación de un orden natural fuera del cual jamás alcanzaríamos nuestra plenitud como hombres. Esa y no otra, es la gran lección de estos dos grandes hombres.
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Comprar “Dios existe, yo me lo encontré”: AQUÍ.
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viernes 30 de mayo de 2008

UN SÓLO CORAZÓN DONDE CABEMOS TODOS


Hoy la Iglesia Universal conmemora la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús.
La solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús recuerda el misterio del amor de Dios por cada hombre y mujer. -Juan Pablo II. 10, Junio, 2004.
La devoción al Corazón de Jesús es antigua, y radica en la profunda meditación sobre los sufrimientos de Cristo en su pasión, en el costado y el Corazón abierto de Jesús, de donde salió sangre y agua. De ese Corazón nació la Iglesia y por ese Corazón se abrieron las puertas del Cielo.
Así pues, esta excelente devoción guarda y enseña el camino ejemplar del Maestro. Senda, que no elude el valor del dolor y del Sacrificio, para llegar a la meta salvífica de la unión con el Padre. Por eso, en estos tiempos, esta práctica piadosa se hace más necesaria que nunca. Son tiempos de extravío y desorientación, incluso en el seno de la misma Iglesia, y por eso los cristianos debemos agarrarnos con fuerza, al Único que anclado en la verdad, porque es la Verdad misma, es nuestro punto referente.
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Hay quien piensa lo contrario y apuesta por reformas y cambios sustanciales. Mudanzas en la esencia misma de los principios que nos sostienen. Estos últimos días, El cardenal Carlo María Martini dijo que “la Iglesia debe tener el valor de reformarse”. Martini solicita “ideas” para discutir y reflexionar sobre sí misma. Dicho de otro modo, el cardenal cree que la Iglesia debe adaptarse a los signos de los tiempos.
Para mí, tal y como nos enseña el Magisterio y la tradición, la Iglesia es la continuadora en el tiempo de la obra de Jesús en el mundo, y tal como dicen las Escrituras tiene una cabeza visible: “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.” (Mt. 16, 18). Y es a aquel que la rige por deseo del mismo Cristo, donde hay que mirar constantemente. El jefe supremo de la Iglesia es Jesucristo, que la asiste y dirige desde el cielo. Pero al partir de este mundo era necesario que dejara quien hiciera sus veces sobre la Tierra; y con ese fin designó a San Pedro.
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No quiere decir que la Iglesia tenga que estar cerrada a los cambios, ni a la Historia; no lo está. Pero me temo que el “equivocado” Cardenal Martini, va aun más lejos.
El cardenal elogia a Lutero, y se muestra como un hombre con dudas de fe, por otra parte lógicas, como ya lo dejó entrever la Madre Teresa; pero el problema radica cuando da a entender que, el creyente no es uno que ha llegado, sino que es siempre un ateo que se esfuerza cada día en comenzar a creer. Así mismo, el cardenal, plantea la discusión sobre la posibilidad de ordenar a hombres casados y reclama una apertura del Vaticano en materia de sexo, ¡derogando partes del contenido de la encíclica Humanae Vitae!. Echando por tierra la infalibilidad de los Papas.
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Frente a la defensa o no del celibato o la ordenación de mujeres; yo pienso que la Iglesia tiene por delante otros problemas en el mundo actual. Probablemente el primero de ellos es el reto de experimentar en cada uno de sus miembros (y eso somos todos), un testimonio vital y ejemplar de Aquel a quien decimos seguir. Y estoy hablando de un cambio necesario y radical en nuestras vidas, en el obrar y en el hablar. Y probablemente, el otro reto, no menos importante y aparejado indisolublemente con el primero, seria anunciar y vivir la caridad y el servicio a los hombres. Es decir, como siempre he defendido –la reforma- empieza por uno mismo.
Es decir, hablando en plata, dar menos importancia al sexo, que la tiene según el ámbito, pero primar sobretodo los esfuerzos en la oración, en la comunión y en la caridad.
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Los cristianos debemos lanzarnos por todos los caminos de la tierra, para ser sembradores de paz y de alegría con nuestra palabra y con nuestras obras. Hemos de luchar —lucha de paz— contra el mal, contra la injusticia y contra el pecado, para proclamar así que la actual condición humana no es la definitiva; que el amor de Dios, manifestado en el Corazón de Cristo, alcanzará el glorioso triunfo espiritual de los hombres.
La gran promesa del Sagrado Corazón de Jesús es muy consoladora: la gracia de la perseverancia final y el gozo de encontrar en su Sacratísimo Corazón un refugio seguro de misericordia en nuestra última hora.
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Corazón divino de Jesús,
por el Corazón de María,
la mujer nueva de Nazaret,
nos consagramos a tu Corazón
para ser en nuestro mundo
antorcha de esperanza para los decaídos,
alegría para tantos hombres
que se encuentran solos y desesperados.
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No nos dejes caer en la tentación
de no hacer nada.
Ayúdanos a sembrar los caminos
de amor a los que sufren
y ser entre los hombres
constructores de la Civilización del Amor. Amén.

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lunes 26 de mayo de 2008

MIRANDO PARA OTRO LADO, EN BUSCA DE PAZ.

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Los fines de semana me gusta desconectar de todo, menos de la familia; no veo, ni leo noticias a no ser las deportivas y a veces.
Así, dispuesto a retomar esta noche, ya de lunes, la lectura de los periódicos y blogs amigos, me da la triste sensación, que esta vez, la desconexión ha sido fallida. Así a bote pronto, los titulares de los digitales en torno a la crisis pepera, y a la situación extrema del país (economía, terrorismo, separatismo, etc.), me hacen iniciar un viaje al pasado, cuando hace sólo un par de días, yo ingenuamente trataba de buscar en el descanso, un poquito de paz de espíritu.
Como veo que otra vez, vuelven a resurgir en mí, ciertas dosis de cabreo y mala leche, y como no es cosa de encabritar a mis amables visitantes, prefiero morderme la lengua una vez más y esperar otro momento, en el que me encuentre más templado, para comentar con la mesura debida, todos estos tristes aconteceres de nuestra querida España.
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Por eso, voy a dedicar el post del lunes a dos cometidos, que con seguridad serán más productivos y menos volcánicos que lo que tenía pensado en un principio.
El primero, además es motivo de mucha alegría, porque una vez más, alguien ha pensado que lo que por este blog se cuece, es digno de reconocimiento. Así que, como no puede ser de otra forma, lo primero es agradecer profundamente a FÍN DE LOS TIEMPOS de "Unidad y Libertad", la deferencia que ha tenido conmigo, otorgándome el PREMIO BLOG DORADO. Así, hay que ser justos y dar las gracias, porque en esta vida, hay que agradecer por todas las cosas buenas que nos pasan, y por supuesto por los amigos que conseguimos y son consecuentes, como lo es el otorgante, ejemplo de laboriosidad y lucha para todos nosotros.
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También he de decir que me encanta este premio por su sencillez; el único requisito es entregárselo a su vez, a otros SEIS blogueros, que a nuestro juicio lo merezcan. ¡Tan sencillo como eso!. Así pues, raudo y veloz, otorgo este premio a:
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- El canto del cisne.
- Extremeño en Cataluña.
- La verdad.
- La vida se va complicando.
- Para compartir.
- Aprendamos a vivir y entender nuestra fé.
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Así pues, los antedichos, podrán desde ahora lucir en su blog, la flamante imagen, que a continuación presento:
Como siempre pasa en estos premios, me he dejado a muchos en el tintero, disculpas al resto, pero los premios son así. De todas maneras he procurado buscar a quien mereciéndoselo con creces, todavía no lo tenía y espero haber acertado. Pido disculpas por las omisiones involuntarias y doy la enhorabuena a todos, premiados o no, por vuestro trabajo y visitas a esta, vuestra casa.
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Por otra parte, hoy hemos celebrado con solemnidad la fiesta del Corpus Christi, y no quiero que se me pase la fecha, sin al menos hacer una breve referencia de la misma.
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Esta fiesta, junto con las que ya se aproximan del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María, es una de las más queridas por mí. Se dá el caso que, curiosamente, si nos paramos a pensarlo, es la única que la Iglesia celebra dos veces.
Conmemoramos la Navidad, una sóla vez; así como la muerte del Señor, también una vez; así mismo la Ascensión, una vez; y así sucesivamente... Pero, la celebración del Cuerpo y Sangre de Jesús, hechas pan y vino, lo celebramos el Jueves Santo, día de la Institución de este Sacramento; y además, en el día que acabamos de vivir.
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Así, la importancia, que la Iglesia le da es máxima. Es el misterio del Amor con nosotros y en nosotros. En cuerpo, sangre, alma y divinidad.
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¿Cuantas veces, hemos escuchado, -yo soy cristiano pero no voy a misa, no comulgo-?. Eso es una contradicción en los términos. ¿Como se puede ser cristiano, sin tratar a Cristo?, sencillamente, imposible.
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Para terminar, quisiera contaros una anécdota, que a mí me impactó; me la contaba un sacerdote amigo, que por su gran labor apostólica, tiene a sus espaldas muchas vivencias de este calibre.
Este buen cura, me decía, que hace unos años, un indigente, un drogadicto, al que él solía ayudar con frecuencia, incluso dándole de comer en su casa, un día se llegó hasta él, con muy mal aspecto y con muy malas formas. Ni corto, ni perezoso, se encaró al cura, insultándo, increpando, de su boca salieron horribles barbaridades, contra "su Dios", contra la Virgen, contra todo lo sagrado, no dejó titere con cabeza, "bajó" a todos los santos y virgenes de sus pedestales y los puso de vuelta y media. Entre tanto, el cura oía, sólo oía y aguantaba el chaparrón. Bien sabía él, que en esos momentos, cualquier palabra hubiera sido inutil ante esa tremenda ofuscación, antes bien, el hablar hubiera dilatado más aquello. Pero él, no rehuyó, en ningún momento, el aluvión de atrocidades vertidas por la boca de aquel hombre, sólo permanecía quieto y oía.
Al cabo de un buen rato, cuando ya descargó todo su arsenal, calló. Era el momento. El buen cura, se levantó y sólo dijo, por favor, sigueme.
Ambos fueron a una capilla de aquel enorme Santuario donde el sacerdote ejercia su ministerio. En aquella pequeña habitación estaba la imagen de un imponente Cristo crucificado, en sus pies una breve leyenda: "Dime que más puedo yo hacer por tí".
Al llegar alli, el sacerdote le dijo al hombre, -mira esta imagen, mirala bien, mira sus manos clavadas, mira sus pies, mira su costado, mira su cara, lee bien lo que pone ahí, mira a sus ojos y ahora, por favor....repitele a Él, una por una, todas las cosas que me has dicho a mí. ¡Diselas!.
Se hizo el silencio, y allí habló Jesús, al cabo de un breve lapso de tiempo, el hombre estalló en lágrimas. Y de su boca salió una oración comparable a la de Santo Tomás, metiendo sus manos en las llagas del Maestro; el hombre entre sollozos, no paraba de repetir:
- ¿Cómo un crucificado, le puede decir nada a otro crucificado?.
Cuenta el sacerdote, que acto seguido, este pobre hombre, se pasó horas en esa capilla, donde también estaba el Santísimo Sacramento. A veces, los silencios de Dios, son muy elocuentes.
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La lección y el proposito que podemos sacar, es que estemos como estemos, aunque sea en presencia, nunca dejemos de acudir a hacer compañia a Jesús en el Sagrario, porque tiene mucho que contarnos, y nosotros mucho que escuchar y aprender.
Incluso hoy, en el siglo XXI, Él puede hacer milagros. Su sóla presencia ya es un milagro.
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Alabado sea siempre el Santísimo Sacramento del Altar.

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jueves 22 de mayo de 2008

LA ENCRUCIJADA DE UNA NECESARIA REVOLUCIÓN

Como era de esperar mi post anterior ha causado cierta controversia y posiciones encontradas.
A todos, respeto y a todos agradezco los comentarios, porque todos han sido hechos desde la mesura y con el cariño debido a Nuestra Santa Madre, la Iglesia.
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Se me ha dicho, que lo que exponía en ese comentario, es una versión muy parcial y aun reconociendo que es muy particular, pues es mi opinión personal, creo que es “vox populi”. De hecho, hoy mismo aparece en Libertad Digital, un artículo bajo el título “¿Existe una ofensiva progresista en la Iglesia en España?”, ahonda en parte en lo que quise expresar.
De hecho, se ve, se siente, se palpa, ese cisma creciente, hay “demasiadas iglesias”, la unión en torno a Roma, es mucho menor que hace algunos años. Y aunque, efectivamente, se note un renacer espiritual en ciertos sectores de la juventud, este es consecuencia del lógico cambio generacional en cualquier institución humana y de la preocupación de algunos padres, que nos afanamos en transmitir los valores que recibimos de nuestros antecesores. Pero este mensaje, llega cada vez con menor fuerza a nuestros jóvenes, posiblemente por la falta de autenticidad de nuestros actos; y el eco es tan escaso que, desgraciadamente impide que –la buena noticia- tenga una difusión masiva entre nuestros chavales, tanto es así, que las vocaciones a la vida espiritual han caído en picado, y no nos engañemos, muchos, casi todos los que acudimos a los actos religiosos ya peinamos canas; basta pasarse por cualquier parroquia para comprobarlo.
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Otro dilema es, sobre la conveniencia o no, de airear nuestros “nuestros pecados” a la vista del gran público. Aunque el gran público, ya conoce nuestras luchas, y muchos se jactan de ellas, una de mis queridas comentaristas, teniendo en cuenta que la Iglesia es Madre, me hacía la siguiente reflexión: “Si yo viera que mi madre terrena tuviera esos defectos, no los sacaría a relucir”. Sin embargo, pienso yo, tampoco le permitiríamos, por cariño, ir de forma indecorosa, o salir a la calle con algo que fuera objeto de mofa o desprecio. Ciertamente “no se trata de tapar, sino de ayudar”, pero a veces la ayuda viene desde el autoconocimiento y desde las informaciones, que puedan llegarnos desde “fuera”. Sobre el tema de hablar directamente con los “infractores”, el certero comentario de Aguijón, dice mucho de esto, y yo por mi parte, he de decir que lo llevo advirtiendo a mis “pastores”, por activa y por pasiva, y tras una farisaíca sonrisita, la callada por respuesta, cuando no el agrio comentario en forma de pregunta:
- ¿aquí, quien sabe de teología y de liturgia más, Usted o yo, que la he estudiado?-.
El tema, es espinoso, y me recuerda mucho al famoso cuento de “El vestido nuevo del emperador”, vamos en pelota picada y sólo la voz inocente de un niño se atreve a gritar a los cuatro vientos…¡va desnudo!, ¡va desnudo!. Algo así nos pasa, todos lo vemos, pero nadie se atreve a decir nada.
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Pienso, y por eso hablo, que no debemos callar, y hablo desde el pesar que me produce esta situación, parafraseando a Unámuno, me duele la Iglesia, porque no me gusta, no me gusta su situación actual, sufro con ella, porque la amo. Como también sufro por España y hablo de sus males en este blog, me siento en la obligación de denunciar estos hechos, desde los medios que tengo.
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Quiero a la Iglesia de Roma profundamente, pero desde hace algunos años, a pesar de la sabia y amorosa dedicación de los dos últimos Papas, de sus viajes, de su incansable trabajo de evangelización., de sus certeras encíclicas, de sus vibrantes discursos, de su ejemplo de generosa vida en servicio a La Palabra; A pesar de todo, parece que la Iglesia está desorientada, no encuentra el rumbo.
La Iglesia es Misterio, como Misterio es Dios. Es Autoridad, como Autoridad Suprema es Dios, Es Amor, como Dios es El Amor. Algunos en su afán de acercar, de atraer, de allegar, han desvelado el halo del misterio, han rebajado su autoridad y la de Dios y han convertido el amor en una sarta de prácticas ñoñas de liturgia relajada, monótonas, y faltas de todo aprecio; imposible que tenga, esta iglesia, la facultad de atraer o conmover.
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Quisiera ser optimista y reconocer también que, también he asistido a celebraciones donde he vivido realmente mi fe. He confesado con sacerdotes muy santos, he asistido al Bernabeu para oír al Santo Padre y he oído, sentido, llorado, rezado con sus encendidas palabras que nos dirigió, a los entonces jóvenes.
Juan Pablo II, a pesar de todo, nos alienta, «El mal no es ni fundamental ni definitivo: creer esto distingue al cristianismo tajantemente de cualquier forma de pesimismo existencial». (Cruzando el umbral de la Esperanza).
Sin embargo los ataques de “los otros”, son furibundos, la educación laica, el permisivismo sexual salvaje, los ataques a la vida con leyes como la del aborto y proyectos como el de la eutanasia, la gran conjura contra la familia, y la autorización para la experimentación con embriones; no son simples disposiciones que harán del mundo un lugar mejor o más libre; son agresiones premeditadas contra la esencia misma del hombre. Estamos sin duda sobrepasando los límites de la protección de la vida humana y urge una reacción contundente.
El mundo está viviendo días críticos, se trata de una guerra oculta contra el hombre y sus principios más elementales, y sin coherencia, firmeza y unidad, no haremos nada por remediar estos males.
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La solución a toda esta catástrofe está en nuestra mano, -dice Jesús: “Más yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.” (Mt 16, 18)- La unión a Roma, es fundamental, para retomar el camino.
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Si reivindicáramos con Pedro, la dignidad de la persona y encumbráramos a Dios Creador y Salvador en la cima de todas las actividades humanas, estaríamos en disposición de reconquistar la libertad y recobrar el verdadero sentido de la vida. O hacemos una revolución espiritual por el hombre o no haremos nada, esa es nuestra gran encrucijada. No nos podemos callar, no debemos.

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LOS PECADOS DE LA IGLESIA (La hora de los valientes)

Esta vez, me gustaría hablar sin tapujos, sin pelos en la lengua y con el corazón en la mano.
Me duele mucho el camino que estamos tomando, y no sólo hablo de España, me refiero a la humanidad en general. El odio, la envidia, la inquina que tenemos entre nosotros. No nos aguantamos unos con otros, no sabemos convivir. Somos egoístas, sólo vamos en consecución del placer propio y el otro, el prójimo, nos importa un pimiento.

Como consecuencia inmediata de ese egocentrismo comodón y materialista, aceptamos todo y nos hemos vuelto cicateros, avaros, voraces para con los demás. Consentimos con la extorsión, la mentira, la puñalada por la espalda, la infidelidad e incluso, si hace falta con la exterminación masiva de inocentes, que es el aborto o con la más aberrante manipulación genética; y todo, para seguir “disfrutando”.
¿Nos hemos vuelto locos?, ¿A dónde vamos?....al vacío, al abismo, a la nada.
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Por supuesto, que muchos de los que me leéis, a casi todos, os repugna toda esta relajación, toda esta absurda obstinación, todo este exceso en el desorden; a mi también. Sin embargo, la pregunta sería, ¿Estamos nosotros, poniendo todo el empeño, todo lo que está de nuestra mano, para atajar esta deriva?.
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Aunque, no estoy hablando exclusivamente, de los que decimos tener fé, sino de cualquiera que se considere humano y tenga dos dedos de frente; si quiero centrar mi reflexión en los que nos llamamos creyentes católicos.
¿Qué estamos haciendo los cristianos, ante tamaña tragedia universal?.
Pongamos el dedo en la llaga, como cristianos de a pié, a veces dejamos mucho que desear. Nuestros pecados de omisión son múltiples; somos tibios, tranquilos, comodones y a veces, muy calculadores. Muchos de los que nos calificamos como discípulos de Jesús, no hacemos nada, por ser fiel espejo del Maestro.
Posiblemente, no cometamos pecados –graves- de cara a la galería, pero nuestra existencia es inoperante, es una viña sin fruto.
Pasamos por la vida conformándonos, con el cumplimiento dominical y poco más. Pero nos olvidamos con frecuencia de orar a diario, de frecuentar los Sacramentos, de reciclar, de aumentar intelectual y espiritualmente nuestra fé con la lectura cotidiana de las Escrituras. Y lo que es peor, dejamos de lado la caridad fraterna con todos los que nos rodean. Hemos dejado de hablar de Dios y nuestro proceder en la vida no es ejemplo para nadie.
Podemos tener fé, sí; pero la fé sin obras, es fé muerta. Y hoy más que nunca, el mundo necesita de la viveza de la fé.
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Uno de los pecados actuales de nuestra Iglesia militante, es la apatía y esto nos afecta a todos, pero el otro gran pecado, y aquí voy a ser más polémico, es la relajación en ciertos sectores de la Jerarquía eclesial. Porque todas esas omisiones, en mayor o menor grado, se observan también, en aquellos que debieran ser, por vocación, faros luminosos de este mundo. Y no estoy hablando de responsabilidades, porque todos somos Iglesia y todos tenemos parte de culpa, sino de coherencia.
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Así, en este tiempo de extravío moral y espiritual, algunos pastores de la Iglesia, están entrando, a veces sin saberlo, en este gran juego de aniquilación de nuestros sagrados principios; hombres de la Iglesia han introducido graves errores en su seno, la división, la apostasía, la deserción de no pocos sacerdotes y obispos, la indisciplina, la desobediencia al Papa, el relajamiento en la liturgia, la tibieza espiritual de quienes la conforman, han sido circunstancias que están ensuciando la belleza de la Iglesia, y eso es consecuencia, sin duda, de los males que aquejan a esta sociedad sin fé.
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Se ha dado el caso de que con la excusa, de atraer a más fieles, algunos sacerdotes, han cambiado sus formas, sus vestimentas, su lenguaje, sus celebraciones e incluso la doctrina. Ya no hay dogmas, ni mandamientos. Evidentemente, a la vista de las estadísticas, el resultado es que cada vez, menos gente acude a los templos y lo que es peor, ya pastores, y fieles han entrado en una espiral de la que es difícil salir.

Analicemos algunos puntos básicos.
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- La liturgia es cada vez más corta y participativa; cuestión que a priori, no seria negativa, siempre y cuando no sean suplantadas las labores del oficiante.
El sacerdote, en ocasiones, hace lo menos posible, y porque no tiene más remedio. Los fieles, los pocos que van quedando, leen en la misa, pasan el cepillo, dan la comunión, cantan, predican etc.;
Estas cuestiones que pueden ser consideradas baladíes o incluso plausibles, restan importancia a la labor del sacerdote y le van robando el papel principal que por derecho y sobretodo por obligación ha de asumir.
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- Otro punto, que puede ser considerado, por algunos, trivial, es la necesidad de guardar las formas, que en ningún caso van a sustituir al fondo, al que sin embargo amparan y dan realce, sentido, misterio, respeto, grandeza, relieve. Nuestro mundo religioso o no, esta lleno de símbolos necesarios,
Siempre, la sabiduría popular, ha dicho
“el hábito hace al monje”, la vestimenta ayuda al que lo lleva a saber quien es y a evitar propias tentaciones..¿dónde están los habitos?.
“¿Tengo que tener algún respeto especial con alguien que es igual que yo? ¿que consejos me puede dar alguien que es igual que yo, y que además ni es padre, ni está casado?, ¿qué misterios me puede enseñar alguien que es igual que yo?”, son preguntas oídas hasta la saciedad por creyentes o no; gente que busca apoyo, respuestas, consuelo o simplemente ser escuchados por alguien que sea y aparente ser superior en la dignidad y solvente en sus respuestas.
Hay un viejo dicho: - la mujer del Cesar, no solo tiene que ser honrada, sino parecerlo-...el atavio dá carácter, credibilidad e identifica.
El Orden Sacerdotal es una dignificación superior, Dios otorga a sus ministros, carismas especiales. Empecemos por saber, sin tener que adivinar, quienes son los pastores.
¿Qué les costará a algunos ponerse un alzacuellos? ¿Les dará miedo?, ¿Vergüenza?, ¡Tendría que ser un honor, presumir de abanderado de la causa de Cristo, de farolillo de llamada para quien le pueda necesitar!
No se puede obviar que en el servicio a Dios y a su pueblo, ningún detalle es pequeño, y este no lo es.

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- El tercer punto, es en lo referente a otros sacramentos o a la práctica de las distintas devociones, en las que nos encontramos similares actitudes. Muchos confesionarios han sido retirados de los templos, y la disponibilidad de los sacerdotes, a la hora de confesar, es escasa y en ocasiones de una celeridad tal, que impide el necesario recogimiento. Para algunos pastores el sacramento de la Penitencia, ha perdido su transcendencia.
La confesión comunitaria que se da, en ocasiones, como alternativa, es práctica válida, pero no sustitutiva de la confesión “personal, auricular, particular y secreta”. La omisión de esta labor, es causa del relajo del sacerdote, que debiera buscar al penitente, igual que el penitente debe buscar el perdón, con amor y disponibilidad.
Sin ir más lejos, en las dos parroquias de mi barrio, es muy dificil confesarse, casi hay que pedir cita.
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- Y por último, ¿qué decir de la oración?, que debiera ser obligación, devoción y honor para el que la pronuncia y dirige. He visto en una Parroquia, para mi perplejidad y pena, que el rezo del Santo Rosario, es dirigido desde el altar ¡por un aparato de radio!, ¿ya no hay fieles o sacerdotes, que puedan ocupar 20 minutos de su día en la alegría, la delicadeza, el amor, que supone, dirigir la mejor oración a la Madre?,
“si el cura no reza ...¿porqué he de hacerlo yo?”. Y cuidado, no estoy en contra de que se rece en la radio, pero no se puede confundir a la gente, ni falsificar las cosas.
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El desvarío es mayúsculo, He acudido a reuniones de preparación al sacramento del bautismo en la que se comentó que el pecado original no era tal, porque no se puede imputar al recién nacido, no bautizado, una falta que no ha cometido. He asistido a bautizos, comuniones, funerales, que son verdaderas reuniones de sociedad, donde Dios, es el último invitado.
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La relajación de las formas y la adulteración de los fondos hacen que el espíritu de nuestra fe se desvirtúe y se corrompa, y posibilita este implacable ataque a Dios y a su criatura, el hombre. Estamos sumidos en una enajenación mental sin precedentes.
En un mundo sin fe, como el que comentaba al principio, es donde surgen nuevos ídolos; es el gran triunfo de la trinidad diabólica: placer inmediato, dinero y poder; ese es el engendro infernal que con nuestros silencios y omisiones estamos propiciando.

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Oración, Sacramentos, y hacer de la vida un espejo de la vida de Cristo, no es tarea fácil. Es para valientes. Es para coherentes.

No cabe duda de que nadie, absolutamente nadie, enciende una lámpara para luego colocarla debajo de una vasija (Mt 5.15). Ya es hora de despedazar las vasijas que no permiten que se vea la luz de Cristo en nuestras vidas. “Para que alumbre nuestra luz delante de los hombres, para que vean nuestras buenas obras y glorifiquen a nuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5.16). Que tu vida y que mi vida, sean la luz que apague la tiniebla que ya nos acongoja.

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lunes 19 de mayo de 2008

ABRÁMONOS AL MISTERIO.

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Para mantener el interés de la audiencia, en un discurso o artículo, tienen que concurrir