viernes, 20 de agosto de 2010

JUZGAR O NO JUZGAR, That is the question.

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Tras los tristes casos de pederastia, el ministerio del orden sacerdotal, ha estado en la pluma de muchos y en boca de todos. Afortunadamente la actitud rápida, coherente, valiente y firme del Santo Padre, no ha dejado cabos sueltos y ha dejado claro que sobre estos temas, en el Vaticano la tolerancia es cero.
Sin embargo, eso no ha evitado que muchos no dejen de hablar –mal-, de la Iglesia y del clero. Las críticas, a veces crueles y muchas veces infundadas, vienen de propios y de extraños. Y el descrédito sigue aumentando como una auténtica bola de nieve cayendo en pendiente.
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En este blog, ya hemos dejado claras nuestras posturas, siempre a favor del sucesor de Pedro, por eso, sin querer ahondar mucho más, en este preciso asunto, si me interesa reabrir otro debate que surge, a raíz de la disparidad de criterios que existe, sobre la conveniencia o no, de criticar públicamente a miembros de la Iglesia, sacerdotes y obispos.
Si bien es cierto que sobre esto ha habido mucho exceso y no del todo bueno, si convendría muy bien reflexionar sobre ello.
A propósito de toda esta polémica… recomiendo a todos mis lectores un artículo razonable y certero, que me ha gustado mucho. Este es el
ENLACE.
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Después de la atenta lectura de tan interesante documento, en todo caso, convendría recordar, tal como hace uno de sus comentaristas, uno de los apartados del canon de la Iglesia:
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Código de Derecho Canónico (1983) c. 212.3:
«[Los fieles] Tienen el derecho, y a veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los Pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestar a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres, la reverencia hacia los Pastores y habida cuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas».
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No se puede añadir mucho más, solo resta decir que, verdaderamente es lamentable pero muy humano, no ser consciente de lo hermoso. Convivimos entre cosas grandes pero no las apreciamos, y sin embargo que fácil resulta caer en el morbo y rebozarse en el cieno. Afortunadamente, gracias a Dios, sabemos que hay muchos y santos sacerdotes, que son la inmensa mayoría. D. Jesús Urteaga decía que cuando un sacerdote hiciera algo mal, se pensara en la fidelidad de los miles que son fieles cada día y que se rezara mucho por ellos.
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Nosotros, por nuestra parte, y desde esta HOJA así lo hacemos y animamos a ello.
En cualquier caso, el juicio a nuestros hermanos, curas o no, le corresponde SIEMPRE a Dios…, ¡y también el nuestro!, así que actuemos en consecuencia; recordando, la sabia máxima del Evangelio:
No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y se os perdonará” (Lucas 6,37)
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4 comentarios:

Terly dijo...

No se puede juzgar a un colectivo enormemente grande como es el sacerdotal, por los errores o desviaciones de unos pocos.
Como dices, la valiente actitud del Santo Padre, ha dejado bien claro su firme actitud y total y enérgico rechazo. Habrá que rezar no obstante pidiendo que estas situaciones no se produzca y que si lo hicieran, sean atajadas con rapidez y rotundidad.
Un abrazo.

BRUCE dijo...

"Tarde o temprano, Dios los parará".
A todos los que atacan a la Iglesia injustamente.

Monja de Clausura Orden de Predicadores dijo...

¡Tranquilos!! No metamos a Dios en nuetras guerras. En su misericordia yo confío, no juzgo, pero si tengo dolor por lo ocurrido, tengo un gran poder, y os lo comparto. Oremos de verdad y no perdamos más el norte, en acusaciones y en dar más que mal hablar a los que no aman a la Iglesia. Hablar tanto la perjudica y no lleva a ninguna solución .
Con ternura
Sor.cecilia

Militos dijo...

Con tu post ya dejas bien claro que no hay cuestión que valga.No juzgar es lo que debemos hacer,sino seguir lo que dice el Código de Derecho Canónico que mencionas:
"...Manifestar a los pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia..."
siempre he sido partidaria de esa manera de actuar en las grandes o pequeñas cosas que veamos mal en el clero, acudir a quienes tienen autoridad en la Iglesia para corregir o manifestar directamente al sacerdote implicado, lo que no nos gusta o no nos parece adecuado a nuestra fe.
Y en los asuntos graves que salen a la palestra, debemos dar gracias a Dios por el Papa que tenemos, no se acobardA ni se oculta para corregir como es debido y manifestar a todos y en todas pzartes que de tolerancia O para lo que daña a la Iglesia y a nuestra fe.

Qué sabio y santo era Don Jesús Urteaga, gracias por mencionarlo.

Besiños de gracias por la Virgen preciosa y por todo. Eres bueno y generoso, hermanito

Espero tener suerte con este comentario

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