.El verano es tiempo de ocios y descansos, pero además también puede ser una estación de cosecha, es decir, de formación y crecimiento interior.
Una de las formas más provechosas y recomendables de ganar el tiempo en época estival, es la lectura.
Así, en estas próximas líneas, me propongo sugeriros un título, que a mi subjetivísimo juicio, cargado de las mejores intenciones, me parece muy recomendable, entretenido y además está dentro del espíritu formativo del que os hablaba al principio.
.
Se trata de un librito precioso que lleva por título. “Aquel verano” (¡que gran título, para leer, precisamente en este momento!), y su autor es Miguel Aranguren.
Que el autor sea un amigo, no quiere decir, que la elección esté hecha gracias a esa condición; sino porque realmente, merece mención especial por la frescura de su texto, lo ameno de su lectura y por todos los valores humanos que aporta.
.
Lo primero que he de decir, es que me “encontré” con este libro, ¡por casualidad!.
En la última Feria del Libro del Retiro madrileño, acudí con mis hijos a visitarla, armado de una mochila y un par de botellas de agua. Miguel, al que ya conocía gracias a este blog, firmaba ese día, sus obras en la caseta de una editorial.
En la mochila antedicha, llevábamos un ejemplar de “La hija del Ministro” y de su otra gran novela “La sangre del Pelícano”. La intención era conocer personalmente a su autor y de paso, lograr que mi amigo, hasta entonces solo “virtual”, plasmara su firma y unas dedicatorias en aquellos dos tomos.
El encuentro se produjo y fue un placer confirmar en aquel hombre, toda la amabilidad que ya conocía de sus comentarios y mails. Miguel es un intelectual sencillo; sus vastos conocimientos en tantas cosas, nunca dan paso al engreimiento. Miguel es un tipo empático; toda esa cercanía y calor humano que transmite en todos sus escritos, es vida en su persona.
Una vez allí, tras las presentaciones y una breve pero valiosa charla, me costaba marcharme de allí tan solo con mis flamantes dedicatorias bajo el brazo, y me pareció oportuno devolver “el favor” a Miguel, adquiriendo, casi compulsivamente, otra de sus obras. La idea inicial era que ese gesto fuera contabilizado como una venta más en su haber y aportar mi granito de arena, para que los responsables de aquella caseta justificaran la presencia de Miguel, muchos años más.
El libro, escogido al azar, fue “Aquel verano” y debo decir, que nunca me arrepentiré de aquella repentina y no pensada decisión.
.
La primera idea que saco, es que hay libros, como la misma, “sangre del Pelícano”, que serían un excelente guión cinematográfico; sin embargo, creo que no es el caso de “Aquel verano”. Todas las descripciones que hace, el riquísimo vocabulario que utiliza, los giros literarios que tiene, hacen imprescindible su lectura. Nunca una película podría hacer sentir, lo que se vive con la lectura activa de “Aquel verano”.
.
“Aquel verano”, narra un fragmento muy pequeño, pero muy importante, de la vida de Rodrigo, un chaval que empieza a ser hombre y que “Aquel verano”, va a descubrir como iniciar ese camino sobre unos cimientos, antes para el, desconocidos.
La vida de Rodrigo, huérfano de madre, desde pequeñito y necesitado de padre desde siempre; transcurría, hasta “aquel verano”, en la monotonía insulsa de los mejores internados de medio mundo, adquiriendo la mejor formación académica que su padre, alto ejecutivo de una gran empresa, podía darle.
Esas rutinas en su vida estudiantil tan solo se rompían por las esperadas vacaciones con su padre, que le llevaba a los lugares vacacionales más espectaculares, como compensación a sus muchas ausencias.
Sin embargo, “aquel verano” las “obligaciones” de su padre iban a truncar ese bucle. El padre de Rodrigo, tendría que faltar, una vez más a su hijo, para asistir a una reunión en un país lejano, donde iba a continuar su imparable ascensión profesional.
Aquel verano, Rodrigo lo pasaría, con su “desconocida” abuela, donde en tan solo unos días, además de conocer las raíces de su familia, va a experimentar unos sentimientos tan intensos, que con seguridad, ya le van a acompañar, siempre.
Allí descubrirá el valor de lo sencillo, la importancia de la familia, la amistad verdadera y el primer amor. Vivencias únicas e irrepetibles, porque aunque el reloj de la vida no se detiene, hay cosas, hechos y personas que marcan el alma.
.
El retrato descriptivo de lugares y personas es amorosamente impecable. Es un libro que contagia vida y ternuras. Todos los personajes son entrañables, la abuela, el malhablado y socarrón Matamoros, la siempre fiel Carmen, Los niños, Ander y su hermanita, el borrachín del pueblo, el alcalde, el cura y sobretodo Ana y Rodrigo.
“Aquel verano” es una historia agri-dulce, evocadora, llena (hasta la lágrima) de sensibilidades, intimista, amable y plena de enseñanzas.
.
Al leer “Aquel verano” a uno le pueden venir recuerdos del mejor Galdós costumbrista, en obras corales como “El abuelo”; sin embargo, mi valoración personal va mucho más allá porque es casi coincidente.
Mi familia también procede del norte, algunos de Bilbao y otros de Llodio, Alava. Y también como a Rodrigo, mis mayores me hablan de tiempos de palacios, caseríos, largos paseos de sombrilla y sombrero de paja por la elitista playa de la Concha, en aquella San Sebastián de principios del siglo pasado.
También sé por ellos, de buenísimas personas de blusón y chapela, de fidelísimos criados de toda la vida. Incluso de los viajes a ultramar, en el caso de los mios, a México, gracias los cuales también tengo raíces allí.
La vida de la familia Gárate, me recuerda mucho a lo que mis más queridos veteranos, me han ido contando, de la mía, desde que tengo uso de razón. De aquellos tiempos, de aquellas gentes, incluso de aquellas fortunas, tan solo me quedan ya, cuatro cachivaches y algunas fotos amarillentas de señoras muy señoras y de señores muy bigotudos, que ya no sé quien son.
Sin embargo, gracias a “Aquel verano” he vuelto a “vivir”, también parte de lo que soy, por lo que estaré siempre agradecido a Miguel. Aún guardo en la recámara “La hija del Ministro”, que también tiene mucho de lo que estoy comentando y de la que ya hablaré próximamente.
.
Mi conclusión, no puede ser otra. “Aquel verano” es una novela corta pero excepcional. Sencilla, pero profunda y muy fácil de leer, te engancha de principio a fín.
Es genial para formarse con buena literatura, cargar las pilas de los mejores sentimientos y sobre todo para pasar un buen rato, precisamente este VERANO.
* * * * *















