.Creo que ya os he contado alguna vez que cuando por motivos principalmente económicos, todo hay que decirlo, no tenemos un veraneo familiar playero…., nos lo montamos de excursiones cercanas, que nunca vienen mal, se descubren sitios maravillosos, se aprende mucho y además nos lo pasamos pipa.
Pues bien, allá por mitad de agosto, cogimos carretera y abanico y nos fuimos a pasar el día a El Escorial.
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A estas alturas de la película, a pocos se les escapará que El Escorial es un pueblo muy próximo a Madrid, famoso sobre todo por la menudencia, de haber sido la sede del gobierno del mundo, durante buena parte del siglo XVI.
Resulta que allí…, el buen Rey español Felipe II de Austria, apodado el prudente…, decidió enclavar un Palacio-Monasterio en ese enclave privilegiado de la sierra madrileña, lugar que fue precisamente el motivo principal de nuestro viaje veraniego, además de darnos un buen yantar, como mandan los cánones.
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Por supuesto, al Escorial no es la primera vez que voy, y espero que tampoco sea la última, siempre hay cosas por descubrir…, sin embargo, para mi hijo pequeño, si fue la primera vez…., y la experiencia creo que fue, además de divertida, muy positiva.
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En este punto he de recomendar un truco que practico y que me da muy buenos resultados a la hora de aprovechar la visita a tope. El consejo es haberse documentado días antes, sobre lo que se va a ver. Cuando se trata de ir con chicos, no hace falta que la información sea mucha, una serie de “pinceladas” y unas cuantas fotos, son ideales para que nos suenen las cosas que ya estamos viendo in situ.
Y el complemento perfecto, si se puede, son las visitas guiadas. En ellas se aprende mucho, incluso de cosas que nunca se ven en los libros. Esas visitas son una gozada sobretodo, como fue nuestro caso, cuando das con una persona amable que además de saber muy bien su profesión, lo vive, ves que le gusta, que te cuenta anécdotas…., ¡que suerte tuvimos!
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Así fuimos viendo, escuchando y disfrutando de las distintas dependencias del Palacio-Monasterio; las habitaciones de Felipe II, las de su mujer o mujeres (se casó varias veces), de sus hijas… etc., esos largos pasillos –donde se paseaba cuando hacia mal tiempo-, pero sobretodo las dependencias que más llaman la atención son la biblioteca, la preciosa capilla y los panteones de reyes y de infantes.
Es y será para mi, especialmente inolvidable, esa visita al panteón de reyes. De las muchas visitas que yo había hecho antes al Escorial, nunca antes había visto esta parte, y el verme rodeado textual y verdaderamente por los huesos de casi todas las cabezas coronadas que en España han sido, me pareció… sorprendente.
Del de infantes, la tumba de D. Juan de Austria, destaca por su belleza.
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Y el complemento perfecto, si se puede, son las visitas guiadas. En ellas se aprende mucho, incluso de cosas que nunca se ven en los libros. Esas visitas son una gozada sobretodo, como fue nuestro caso, cuando das con una persona amable que además de saber muy bien su profesión, lo vive, ves que le gusta, que te cuenta anécdotas…., ¡que suerte tuvimos!
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Así fuimos viendo, escuchando y disfrutando de las distintas dependencias del Palacio-Monasterio; las habitaciones de Felipe II, las de su mujer o mujeres (se casó varias veces), de sus hijas… etc., esos largos pasillos –donde se paseaba cuando hacia mal tiempo-, pero sobretodo las dependencias que más llaman la atención son la biblioteca, la preciosa capilla y los panteones de reyes y de infantes.
Es y será para mi, especialmente inolvidable, esa visita al panteón de reyes. De las muchas visitas que yo había hecho antes al Escorial, nunca antes había visto esta parte, y el verme rodeado textual y verdaderamente por los huesos de casi todas las cabezas coronadas que en España han sido, me pareció… sorprendente.
Del de infantes, la tumba de D. Juan de Austria, destaca por su belleza.
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.Como os digo, gracias a esa maravillosa guia, la visita se hizo muy amena. Todas las anécdotas fueron interesantes, todas las leyendas que contó fueron impactantes. Especialmente la presencia del monje que recorre las estancias de palacio y la del perro fantasmal por los alrededores. Además hay otra, la mar de curiosa, también sobre el alma de Felipe II.
Al final, lo que te queda es la idea, no ya de que ese sea un lugar mágico, al estilo Howarts de Harry Potter, pero sí, que este es un sitio con una gran fuerza, con muchísima energía, con una belleza total.
También he de deciros que alguno de los cuadros de El Bosco son impresionantes…, tal y como nos hizo advertir la guía, parece que te miran, ves totalmente lo que representa cada rostro, la sensación de alegría, dolor, miedo…. En definitiva, ¡hay que verlo!
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Otra de las cosas que quiero resaltar del interior de este singular edificio, es que es más Monasterio que Palacio. Sorprende y llama la atención la sencillez con la que el mandatario del mayor imperio que hubo en la tierra, el único que no se ponía el sol, quisiera vivir su –grandeza- de una forma tan austera, con tan pocos lujos.
Tanto es así que ya para casi terminar, quiero dejar plantada mi GRAN admiración por Felipe II.
La tremenda sinrazón y falsedades crearon la famosa leyenda negra. Esos mismos enemigos que forjaron ese mito, retrataron a Felipe como un monstruo fanático, despótico y cruel. Yo sin embargo quiero quedarme con el inmenso orgullo que tengo por la historia de mi patria.
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También, definitivamente me quedo, con ese siglo de oro del arte, de la literatura, de la mística, de las conquistas, de la colonización, de la cristianización y de la historia.
Un siglo español, en el que mucho o todo, tuvo que ver, este buen Rey que levantó el Escorial, que yo he tenido la suerte de visitar con mi familia este verano.
Un siglo español, en el que mucho o todo, tuvo que ver, este buen Rey que levantó el Escorial, que yo he tenido la suerte de visitar con mi familia este verano.
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