lunes, 13 de julio de 2009

AQUEL VERANO, EN ESTE VERANO.

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El verano es tiempo de ocios y descansos, pero además también puede ser una estación de cosecha, es decir, de formación y crecimiento interior.
Una de las formas más provechosas y recomendables de ganar el tiempo en época estival, es la lectura.
Así, en estas próximas líneas, me propongo sugeriros un título, que a mi subjetivísimo juicio, cargado de las mejores intenciones, me parece muy recomendable, entretenido y además está dentro del espíritu formativo del que os hablaba al principio.
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Se trata de un librito precioso que lleva por título. “Aquel verano” (¡que gran título, para leer, precisamente en este momento!), y su autor es Miguel Aranguren.
Que el autor sea un amigo, no quiere decir, que la elección esté hecha gracias a esa condición; sino porque realmente, merece mención especial por la frescura de su texto, lo ameno de su lectura y por todos los valores humanos que aporta.
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Lo primero que he de decir, es que me “encontré” con este libro, ¡por casualidad!.
En la última Feria del Libro del Retiro madrileño, acudí con mis hijos a visitarla, armado de una mochila y un par de botellas de agua. Miguel, al que ya conocía gracias a este blog, firmaba ese día, sus obras en la caseta de una editorial.
En la mochila antedicha, llevábamos un ejemplar de “La hija del Ministro” y de su otra gran novela “La sangre del Pelícano”. La intención era conocer personalmente a su autor y de paso, lograr que mi amigo, hasta entonces solo “virtual”, plasmara su firma y unas dedicatorias en aquellos dos tomos.
El encuentro se produjo y fue un placer confirmar en aquel hombre, toda la amabilidad que ya conocía de sus comentarios y mails. Miguel es un intelectual sencillo; sus vastos conocimientos en tantas cosas, nunca dan paso al engreimiento. Miguel es un tipo empático; toda esa cercanía y calor humano que transmite en todos sus escritos, es vida en su persona.
Una vez allí, tras las presentaciones y una breve pero valiosa charla, me costaba marcharme de allí tan solo con mis flamantes dedicatorias bajo el brazo, y me pareció oportuno devolver “el favor” a Miguel, adquiriendo, casi compulsivamente, otra de sus obras. La idea inicial era que ese gesto fuera contabilizado como una venta más en su haber y aportar mi granito de arena, para que los responsables de aquella caseta justificaran la presencia de Miguel, muchos años más.
El libro, escogido al azar, fue “Aquel verano” y debo decir, que nunca me arrepentiré de aquella repentina y no pensada decisión.
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La primera idea que saco, es que hay libros, como la misma, “sangre del Pelícano”, que serían un excelente guión cinematográfico; sin embargo, creo que no es el caso de “Aquel verano”. Todas las descripciones que hace, el riquísimo vocabulario que utiliza, los giros literarios que tiene, hacen imprescindible su lectura. Nunca una película podría hacer sentir, lo que se vive con la lectura activa de “Aquel verano”.
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Aquel verano”, narra un fragmento muy pequeño, pero muy importante, de la vida de Rodrigo, un chaval que empieza a ser hombre y que “Aquel verano”, va a descubrir como iniciar ese camino sobre unos cimientos, antes para el, desconocidos.
La vida de Rodrigo, huérfano de madre, desde pequeñito y necesitado de padre desde siempre; transcurría, hasta “aquel verano”, en la monotonía insulsa de los mejores internados de medio mundo, adquiriendo la mejor formación académica que su padre, alto ejecutivo de una gran empresa, podía darle.
Esas rutinas en su vida estudiantil tan solo se rompían por las esperadas vacaciones con su padre, que le llevaba a los lugares vacacionales más espectaculares, como compensación a sus muchas ausencias.
Sin embargo, “aquel verano” las “obligaciones” de su padre iban a truncar ese bucle. El padre de Rodrigo, tendría que faltar, una vez más a su hijo, para asistir a una reunión en un país lejano, donde iba a continuar su imparable ascensión profesional.
Aquel verano, Rodrigo lo pasaría, con su “desconocida” abuela, donde en tan solo unos días, además de conocer las raíces de su familia, va a experimentar unos sentimientos tan intensos, que con seguridad, ya le van a acompañar, siempre.
Allí descubrirá el valor de lo sencillo, la importancia de la familia, la amistad verdadera y el primer amor. Vivencias únicas e irrepetibles, porque aunque el reloj de la vida no se detiene, hay cosas, hechos y personas que marcan el alma.
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El retrato descriptivo de lugares y personas es amorosamente impecable. Es un libro que contagia vida y ternuras. Todos los personajes son entrañables, la abuela, el malhablado y socarrón Matamoros, la siempre fiel Carmen, Los niños, Ander y su hermanita, el borrachín del pueblo, el alcalde, el cura y sobretodo Ana y Rodrigo.
“Aquel verano” es una historia agri-dulce, evocadora, llena (hasta la lágrima) de sensibilidades, intimista, amable y plena de enseñanzas.
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Al leer “Aquel verano” a uno le pueden venir recuerdos del mejor Galdós costumbrista, en obras corales como “El abuelo”; sin embargo, mi valoración personal va mucho más allá porque es casi coincidente.
Mi familia también procede del norte, algunos de Bilbao y otros de Llodio, Alava. Y también como a Rodrigo, mis mayores me hablan de tiempos de palacios, caseríos, largos paseos de sombrilla y sombrero de paja por la elitista playa de la Concha, en aquella San Sebastián de principios del siglo pasado.
También sé por ellos, de buenísimas personas de blusón y chapela, de fidelísimos criados de toda la vida. Incluso de los viajes a ultramar, en el caso de los mios, a México, gracias los cuales también tengo raíces allí.
La vida de la familia Gárate, me recuerda mucho a lo que mis más queridos veteranos, me han ido contando, de la mía, desde que tengo uso de razón. De aquellos tiempos, de aquellas gentes, incluso de aquellas fortunas, tan solo me quedan ya, cuatro cachivaches y algunas fotos amarillentas de señoras muy señoras y de señores muy bigotudos, que ya no sé quien son.
Sin embargo, gracias a “Aquel verano” he vuelto a “vivir”, también parte de lo que soy, por lo que estaré siempre agradecido a Miguel. Aún guardo en la recámara “La hija del Ministro”, que también tiene mucho de lo que estoy comentando y de la que ya hablaré próximamente.
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Mi conclusión, no puede ser otra. “Aquel verano” es una novela corta pero excepcional. Sencilla, pero profunda y muy fácil de leer, te engancha de principio a fín.
Es genial para formarse con buena literatura, cargar las pilas de los mejores sentimientos y sobre todo para pasar un buen rato, precisamente este VERANO.
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REFERENCIA:
AQUEL VERANO
Ediciones Palabra. Colección Astor.
Año 2000. 5ª edición: 2004.
254 páginas. 12 EUROS.
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No encuentro otra pieza más apropiada que esta

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4 comentarios:

Militos dijo...

Completo tu post y con el remate de kraus ya no se puede pedir más. "La hija del Ministro" la compré por tu culpa y aunque todavía no la he leído, Julio sí y le encantó, estoy decidida a buscar "Aquel verano" porque es justo lo que necesito leer ahora. Me ha encantado la amplia reseña que haces de la novela, con abuela y todo...No me queda más remedio que fiarme de ti. Muchas gracias.
Un beso grande
No te imaginaba descendiente de vascos, de los buenos que los hay, claro.

Guerrera de la LUZ dijo...

¡Hola cielo! qué ilusión me hace que escribas sobre Miguel, no sabes el cariñazo inmenso que le tengo desde hace ya muchos años.

Pues qué alegría este libro, no lo conocía. La verdad es que me tengo que poner a leer la obra completa suya, tiene que ser todo maravilloso de principio a fin, me acuerdo de cuando escribió su primera novela con 19 años.

Todo lo que se diga de Miguel es poco, es un hombre espectacular, cariñosísimo, profundo, súper listo, bueno, adora a su familia... es una suerte para todos y un gran orgullo contar con él entre nuestros jóvenes escritores, es un futuro santo.

Me encanta que le admires tánto!!! otra cosa que nos une.

Un abracito grande.

MARISELA dijo...

Querido Arcendo: voy a tener que empezar a leer a Aranguren porque hablas de él con tanto entusiasmo, que me da hasta envidia. Yo soy polilla profesional, aunque mis lecturas casi siempre van por otros derroteros, me gusta ese tipo de novela intimista y familiar que narra las raíces y las tradiciones de varias generaciones. Seguro que la leo y luego te cuento (espero que la tenga El Corte Inglés).
Como habrás visto en mi entrada de los premios, ni siquiera te menciono. Lo he hecho adrede, pues creo que así te sientas más aludido: me encantaría que lo recogieras, pero se que no es posible. Por eso te lo digo con el alma: te mereces ese y muchos premios, sobre todo el de la amistad.
Espero que hables pronto de otras lecturas, eres un gran crítico, pues siempre buscas lo mejor del escritor, no criticas por gusto.
Besitos y bendiciones.

Claudedeu dijo...

Le copio aquí un texto recién escrito con la correspondiente autorización para publicarlo, destriparlo o recortarlo a su justa medida:

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Las cuentas no salen

Cuando era pequeño no solía tener problemas con las matemáticas. Me aprendí de refilón la tabla de multiplicar. La del tres la recitaba sin respirar, la del seis con leves síntomas de mareo, y la del nueve incluso haciendo el pino, aunque me faltara el aire. Eran otros tiempos. Los recuerdos se me van de la memoria, pero aún guardo la sensación de estar en clase y ser un aventajado. Un empollón, que dicen. Me preguntaban esto y lo otro y yo ayusaba al personal. Incluso al profesor no le salían las cuentas y me solicitaba su ayuda. "Siete por cinco, treinta y cinco", decía cantando. Quizás mi sueño era parecerme a los niños del Colegio San Ildefonso y cantar la Lotería de Navidad el veintidos de diciembre. Cosas de críos, ya se sabe.

Ahora, entrada en la veintena, pierdo facultades. No sólo la memoria me falla. También me fallan las matemáticas. He pasado de ser un empollón a un fracaso escolar, engrosando las listas de fracasados del Estado. Quizás pueda ser funcionario. El caso es que he repasado cuentas, he sumado y restado, he multiplicado y dividido, y no sale nada. Déficit y superhábit, que dicen algunos. El caso es que las cuentas de Zapatero no me salen. Pierdo facultades. Todos las perdemos. Salvo los de Esquerra Republicana. A los de Esquerra les sale las cuentas. Plantaron cara y ganaron, dicen. Menudos son ellos. Qué bravucones. Ni el Cid haría una hazaña así. Ni Robin Hood, ni los maestros de la Grecia antigua, ni José Montilla, tan campechano él, ni Artur Más, tan elegante el jodido.

Once mil millones de euros totales. Tres mil para Cataluña. Tres mil para Andalucía. Quedan, esperad, que cuento con los dedos, cinco millones. Hay quince Comunidades Autónomas más, sin contar Ceuta y Melilla, que se tienen que conformar con los restos. En Asturias no hay AVE. Tampoco se espera. Pepe Blanco tira su plan para Galicia, que él es gallego, y si hay que conectar ambas, que sean por carros de tracción animal, como debe ser, como fue toda la vida, a través de las caleyas llenas de barro. Pero que la inversión no llegue a Asturias. Y que tampoco se acerque Álvarez Cascos para ayudar, que Ovidio Sánchez cierra Ranón e impide su aterrizaje. El caso es que, por lo alto, no sale ni a millón de euros por comunidad. Yo entendía que el socialismo era igualdad y solidaridad, y entendía que para la doctrina todos los ciudadanos eran iguales. Ayer me enteré que unos valen cinco veces más que otros. Yo valgo la quinta parte de un catalán y algo más que un andaluz. Si piso la Sierra del Segura, ¿me usarán como reclamo para perdices? Si me atrevo a entrar en El Prat, ¿debo pasar por la cinta de equipaje? ¿No habíamos quedado que el PSOE era el partido de los pobres y el Partido Popular el de los ricos, que es el latiguillo mundano de toda la vida, que es lo que dice mi hermana para escudar su voto en Zapatero, que él ayuda a los pobres como yo y como ella y que Aznar era un cabrón que le dejó sin trabajo aunque en realidad se lo otorgó durante su última legislatura? Pues va a ser que no, oiga, que el PSOE favorece la desigualdad, la confrontación entre regiones y el caos abismal de un Estado donde bailar el xiringüelu es caerse de cabeza por el Cabo de Peñas por el empujón de la calderilla, que pesa mucho en el bolsillo. Palabra de facha.

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Gracias por adelantado. Un fuerte abrazo.

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