sábado, 22 de agosto de 2009

CATÓLICOS DE COMBATE

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A nadie se le escapa que estamos viviendo tiempos recios, posiblemente la humanidad, jamás se ha encontrado con un cúmulo de dificultades, semejante.
Antes de sobrevenir estas múltiples crisis, el hombre y sus avances tecnológicos se habían creído autosuficientes para afrontar cualquier contrariedad, negando velada o públicamente, la innecesaria acción de un Dios, para algunos inexistente, al que cada vez más, se apresuraban a apartar de cualquier actividad humana.
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Con todo, al parecer, las soluciones puramente humanas, no logran encontrar respuestas eficaces a los actuales problemas que se nos plantean.
¿Cómo superar esas crisis, que ya se pueden calificar de permanentes, en las que se ha perdido hasta la capacidad de esperanza de poder salir de ellas?
Yo, como creyente, aún no desdeñando las soluciones que la técnica o la ciencia pueda aportar, sé que la respuesta está en una reconversión resuelta a Dios.
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Hoy, nos hemos olvidado de Dios y además, las soluciones se presentan mucho más complicadas además, porque el enemigo está dentro, somos nosotros mismos, los que nos llamamos cristianos, que estamos anestesiados, atontados y alienados con el ambiente.
Mientras que la mayoría de nuestra generación ha preferido medir sus acciones a través de principios éticos antropocéntricos, que ella misma elige; los que nos llamamos creyentes, no pasamos de practicar nuestras creencias solo de puertas para dentro y en muchos casos viviendo un cristianismo a medida.
Queremos algunas cosas de la Palabra, pero no toda la Palabra. Llamamos a Cristo el Príncipe de Paz, pero luego queremos la paz sin el Príncipe. Queremos la gloria sin la cruz; la gracia sin la ley; su provisión y su libertad sin rendición de cuentas; los beneficios sin responsabilidades; las bendiciones sin disciplina; el cielo sin el infierno... en definitiva queremos a Dios sin su ley y sin su santidad. Queremos la palabra con sus bendiciones, pero sin sus demandas.
Y esta forma de actuar, ni evita crisis, ni la incertidumbre y angustia que provoca, ni esta es manera de vivir la religión como Dios quiere y el momento demanda.
La iglesia así, parece estar retrocediendo a la oscuridad, contagiándose del eclipse mundial donde Dios y hombre, parecen ser elementos irreconciliables.
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Urge una revolución, que debe empezar por nosotros mismos. La Iglesia de Dios no admite medias tintas, “Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación” (Tes 4:3)
¡La santidad (la propia y la del prójimo) es la meta!, y por tanto, lo que necesita el mundo de hoy, más que cualquier otra cosa es SU PODER y para obtenerlo, el camino pasa por reconocer, con humildad, la necesidad que tenemos de El y emprender la recomposición del hombre en clave de Dios, como Él quiere, según su plan.
No se trata pues, de practicar un cristianismo de "cumpli-miento", simplemente “de domingo”, sino de transformar nuestra vida radicalmente, las veinticuatro horas del día y los 365 días del año. ¡SIEMPRE!.
Es hora de pasar del “católico practicante”, que ya huele a naftalina, al “católico mi-li-tan-te”.
Militante, porque la vida es milicia y la batalla ha comenzado. No están los tiempos para pasteleos, omisiones, tibiezas, ni falsos respetos humanos.
Hay que sacarse el corazón del pecho y entregarlo sin condiciones; hay que involucrarse, relacionarse y anunciar con hechos y palabras el gran tesoro que tenemos y que no es solo nuestro.
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Recientemente veo en televisión programas como “Callejeros” , “Españoles por el mundo” o similares y cuando veo tantos lugares diferentes y tanta gente distinta, siempre me hago la misma pregunta, ¿Dónde está Dios? En la mayoría de los casos, aparecen personas que cuentan sus vidas y en muy pocas, surge Dios como referente.
¿Con cuantas personas nos cruzamos, nosotros mismos, a lo largo del día?, ¿Cuántas conversaciones (serias) tenemos con los que nos rodean?, ¿Hablamos de Dios con ellos, o nos limitamos a mantener con ellos un insulso e intranscendente cambio de impresiones?
Hemos de meter a Dios en nuestros contactos, igual que está en nuestras vidas, Si estamos llenos de Dios, rebosaremos Dios por todos nuestros poros, tanto como para entrar ¡como un puñal que abra el alma ajena y la llene de Dios!. Es entonces cuando surgirán las grandes y necesarias preguntas....:
¿Porqué no te confiesas?, ¿Sabes que Dios existe?, ¿Por qué no vienes conmigo a Misa?, ¿Has leído este libro?...., etc, etc, etc.
¿No estamos acaso convencidos que las soluciones del hombre y del mundo están en Dios?, ¿Por qué no lo compartimos?. ¡Que gran trabajo tenemos y que poco estamos haciendo!
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Ven Espíritu Santo y enciende los corazones con el fuego de tu amor”, ¡hemos de incendiar las almas!, “ahogando el mal, en abundancia de Bien”.
Si lo que queremos es "Renovar la faz de la tierra", no podemos quedarnos a medias, en este tiempo de gran convulsión social, hemos de ser “santamente radicales”; la lucha pasa por la oración y los sacramentos, pero también POR LA ACCIÓN DECIDIDA para devolver y desarrollar el rol protagónico que la Iglesia tuvo en otros tiempos.
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Si hacemos bien nuestro cometido, probablemente en muchos casos, se nos tachará de fanáticos o de pirados, pero también estoy convencido que en muchos, dejaremos buena semilla.
Lo que ha de quedarnos claro es, que no es tiempo de perezosos, comodones, ni carcamales, es el tiempo de los valientes, es un tiempo de renovación, en el que hemos de difundir la Palabra con palabras, con gestos, hechos, obras y vivencias; con coherencias en definitiva, que arrastren y convenzan.
Nuestro campo de batalla, ahora es la calle, sin miedos, ni complejos y nuestra misión es esa nueva evangelización a la que nos alentó, nuestro querido Papa Juan Pablo II.
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Para finalizar, no quisiera dejar de referenciaros un brillante artículo del blog “Siete en Familia”, sobre este mismo tema. Os recomiendo encarecidamente su lectura y la meditación profunda sobre la misma (Enlace). Y por otro lado, quiero invitaros también, a un nuevo vídeo de la factoría "arcendo" (estamos que lo tiramos)...jajajaja.
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4 comentarios:

Angel dijo...

Estoy en mi tiempo libre para tomar un tenteenpie. Ya he rezado el rosario por los blogueros y he salumo a fumar un cigarrillo. En la calle me he topado con una descripción de tu post de hoy. No había leído el tuyo y me estaba haciendo la misma pregunta. ¿Dónde está Dios para estas personas? Me ha invadido una pequeña tristeza. Al llegar a tu entrada me has dado un buen argumento, una genial reflexión. Gracias una vez más por tu apoyo. Militos y tú os empeñais en que acuda frecuentemente al confesionario ya sabes porqué. Como dice el Kempis: Vanidad de vanidades y todo es vanidad. Bueno me quedan 2 minutos y acaba de llegar una picadura de escorpión. ¿Qué harán a la 1.44, para que le piquen estas cosas?Un abrazo. Militos ya me puso al corriente.

Militos dijo...

Señor Don video:
qué buena proposición, no queda más remedio que hacer la contra a los opositores del amor y la presencia de Dios en medio del mundo. "Sacarse el corazón y entregarlo sin condiciones", ya es la hora de hacerlo como tú dices. Es un buen lema.
También leí en su día el post de "Siete en Familia" que recomiendas, es genial.

¿Quieres creer que un taxista hoy me dejó acomplejada con su charla apostólica.
Cuando le dije que qué bien acompañado iba con el Sagrado Corazón de Jesús y el Rosario me contestó: "Estos son mis mejores amigos", luego añadió: "para mi el que no tiene fe no tiene vida" y seguimos hablando hasta que llegué a mi casa.Te prometo que me subió la moral.
El video contracorriente también es estimulante.
Gracias por seguir Rosario en mano...
Besos Arcendo

Legionarius dijo...

Es muy triste.

Un saludo español...

MARISELA dijo...

Amigo Arcendo: todos debemos ser militantes de la Iglesia de Dios. Hoy más que nunca.
Precisamente estaba leyendo un artículo de la revista Vida Nueva (un número del 2008) en la que se hablaba de una encuesta a los franceses, en la que se decía que "el 77% de los franceses defienden que la religión es una cuestión privada" y que "no deberían tomar postura pública sobre las grandes apuestas de la sociedad".
Lo peor de todo es que se daban cifras de católicos muy elevadas en la encuesta, que piensan así. No se qué les pasa a los franceses ni a los de otros países, incluído el nuestro, cuando hablan así.
Yo no puedo apartar a Dios de mis cosas cotidianas, de mi trabajo, de mi casa; yo no se cómo se puede desterrar de la mente y el espíritu la esencia de la vida. Todo momento es bueno para el apostolado.
Creo que lo que hay que dejar de ser católico "de boquilla" y agarrarse a la cruz, llenarse de Eucaristía, reconciliarse con Dios cada vez que se necesite y ver la Iglesia como lo que es: la guía para nuestros pasos de cristianos.
Sólo cuando se ve a través de los ojos de Dios, podemos decir que no estamos ciegos.
Y eso, sin dejar de reconocer nuestras imperfecciones ni pecados, que no somos perfectos; pero no por ello dejaremos de aspirarlo.
Este post me ha encantado, hablas con sinceridad y remueves la sangre: para eso estamos los creyentes.
Abrazos y bendiciones.

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