lunes, 26 de octubre de 2009

LA CONFESIÓN COMO NECESIDAD

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Hoy lunes vuelvo sobre un tema que me duele especialmente.
Cuando de vez en cuando hecho un repasito al santoral me gusta comprobar que detrás del nombre de este o aquel santo o santa, aparece el motivo por el cual, la Iglesia les reconoce y les venera para ejemplo de todos.
En un primer término están los Santos Arcángeles, los Apóstoles y los grandes Papas, pero luego, en muchos casos, las causas de la santidad van desde el martirio, a los que desarrollaron con esmero su profesión y sus deberes cristianos, ya fuera labrador o presbítero.
De estos últimos, de los santos sacerdotes, asombra la profusión de los muchos que se ganaron la santidad en su faceta de confesores.
De estos admirabilísimos administradores del Santo Sacramento de la Penitencia, destacan los españoles, San Antonio María Claret, San Francisco Javier, y los menos conocidos San Raimundo de Barbastro, San Juan de Ávila y San Frutos de Segovia, ermitaño, confesor y también mártir.
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Me imagino que ninguno de ellos, alcanzó el grado de santidad que hoy les reconoce la Iglesia en base a un horario de funcionarios; sin embargo, hoy en nuestras Iglesias, al menos en las de mi entorno, escasean tanto los confesores como los confesonarios.
Cuando uno, acude a algunos Santuarios marianos como el de Torreciudad, pongo por caso, ¡da gusto!. Allí no paran. Ofrecen diariamente el servicio de confesión en diversos idiomas y durante todo el día. Allí tienen incluso letreros de los idiomas en los que los penitentes pueden ser confesados: inglés, francés, español, italiano, portugués, polaco, alemán, etc.
Allí da gusto, pero eso es otro mundo. Luego en algunas parroquias capitalinas, es harina de otro costal. Los sacerdotes se ponen previa cita, como en el médico y siento decir, que algunos hasta de mala gana.
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Dados los tiempos que corren, angustiosos en algunos casos, la gente necesita saber que Dios está ahí.
Hablando cierto día con uno de esos confesores, de esos que se pasan las horas en el confesonario sin el reloj en la mano, me decía una frase que a muchos colegas suyos, debería hacerles recapacitar: “Si hubiera más confesores, habría más confesiones”.
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Por eso, una de las mejores oraciones que podemos ofrecer en este año sacerdotal, a través de Nuestra Madre, la Reina de los Confesores, es que el Señor nos conceda, como en otros tiempos, buenos y Santos confesores que alivien nuestras penas presentes, den paz a nuestras almas y nos abran la esperanza de la Vida eterna. Así se lo pido yo, pecador que soy, y necesito tanto de ellos.

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7 comentarios:

Militos dijo...

Me gusta como tratas ahora el tema de la Confesión y los confesores. Antes eras más tajante. ¿Recuerdas cuqando nos peleábamos porque generalizabas mucho? Admito que en determinadas parroquias a veces es difícil encontrarlos, pero en otras son constantes. Si dieran el valor debido a este Sacramento del perdón no faltarían nunca.
Y no se trata solo del perdón de los pecados, que es lo primordial, sino también de la gracia que se recibe en el sacramento para no volver a caer precisamente en aquellos pecados de los que te acusas.

El video es maravilloso, no solo la canción. el paisaje es fantástico, con tantos árboles y tantos colores.
¿Estuviste ya en Torreciudad? tienes razón en lo de los confesionarios y los confesores allí. Es imposible pasar por el santuario y no confesar,Antes iba todos los años y persona que me acompañaba, persona que confesaba,yo la primera, claro. Algunos no lo hacían desde tiempo inmemorial, pero salía de ellos mismos.

Y es que ese era el milagro que San Josemaría esperaba de Torreciudad.
Besiños Arcendo, hasta mañana y que Dios nos pille confesados.
Besiños más

Guerrera de la LUZ dijo...

En las iglesias donde abundan los confesores y la confesión hay unos frutos de conversión impresionantes. Hay que rezar mucho por esto, sí es verdad.

Qué bonito canto a la vida abajo cielo!

Un abrazo.

Salvador Pérez Alayón dijo...

Es una realidad que se refleja en la pérdida de valores, vocaciones...etc. Sin darnos cuenta caemos en la resignación y la falta de sacerdotes nos conduce a aceptar esa realidad como algo propio del momento.
Ahora, cogidos de la mano y presididos por nuestra Señora la Virgen pidamos todos juntos en el Santo Rosario que el ESPÍRITU SANTO suscite vocaciones y confesores.
Un abrazo.

Luis y Mª Jesús dijo...

Entiendo que en sitios como mi ciudad los sacerdotes no hagan muchas horas de confesionario porque hay poca gente que acuda a confesarse, pero por lo menos que cumplan con el horario que ponen en el tablón de anuncios. me da muchísima rabia cuando los chicos mayores - entre 20 y 26- dicen "no había nadie para confesar", en alguna Iglesia lo he comentado pero me dicen que avisen en la sacristía pero yo sé que mis hijos eso no lo van a hacer. sería estupendo que tuviesen unos confesionarios cómodos donde hacer con tranquilidad la oración y esperar por si pasa alguien.

Maria dijo...

Totalmente de acuerdo. Anteayer me enteraba del fallecimiento de un sacerdote que había muerto en el confesonario, ¡en acto de servicio!...Realmente, si no se ponen no va nadie, si lo hace alguien acude. Es algo que ha perdido su valor porque hemos perdido el sentido de pecado. Pero como dice Militos, no sólo es por el perdón de los pecados, sino también por la gracia que se recibe y que nos fortalece para no volver a reincidir en las faltas que a todos se nos escapan, ya dice la Escritura. "El justo cae siete veces al día".
Son temas que nadie se atreve a comentar, gracias por hacerlo.
La misericordia de Dios se nos da tan fácilmente y nosotros pasamos de ella, eso sí que es falta y no pequeña.
Que el Señor nos dé su luz para que descubramos su amor encerrado en este ssacramento.

eligelavida dijo...

Estoy de acuerdo en que si hubiera más confesores, habría más confesiones. Las Iglesias donde este sacramento se imparte con asiduidad (sin tener que pedirlo), suelen ser dinámicas y estar llenas. Mucha gente tiene sed de Dios y hace falta pastores disponibles e Iglesias abiertas.

MARISELA dijo...

Es una necesidad este sacramento, pues, como decía santa Teresa, a pesar de todas las gracias que nos da Dios, aprovechamos poco y pecamos mucho. ¡Y es tan de agradecer entrar en un templo y encontrar al sacerdote esperándo para escucharte! Porque nunca debemos olvidar que ese hombre que está ahí representa a Dios.
Vamos a pedir vocaciones y sacerdotes santos, sencillos y buenos consejeros.
Abrazos, amigo.

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