martes, 6 de octubre de 2009

POLÍTICA, DEBER DE COHERENCIA CRISTIANA.

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Dentro de poco, el Parlamento español votará de nuevo los Presupuestos Generales del Estado que regirán durante el ejercicio 2009/2010. Casi todos los grupos ya han mostrado su rechazo por incoherentes, inexactos e irreales, sin embargo, no será extraño que estas cuentas salgan adelante gracias a acuerdos y cambalaches interesados entre el Gobierno central y algunos gobiernos autonómicos con ínfulas separatistas.
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La pantomima que tiene lugar, año si, año también, en torno a estos presupuestos, pone de manifiesto, una de las debilidades más graves de nuestra democracia.
Siguiendo por esos derroteros, el ideal de justicia acaba siempre por ser ocupado por constantes negociaciones y continuos mercadeos. En suma, el poder termina por derivar en simples actos de voluntad, donde los más débiles acaban por ser reducidos a simples objetos, que se producen o se suprimen al ritmo de quienes tienen suficiente fuerza (mayoría) para hacer triunfar su propia voluntad.
¿Sería, en este punto necesario recordar, que regímenes tan brutales e inhumanos como el estado nazi, llegaron al poder por su MAYORÍA en las urnas?

La democracia entonces, deja de serlo, se debilita y degenera, y esto ocurre cuando solo dominan criterios materialistas, entonces la razón queda ciega ante todos los valores morales y la política se convierte en un mero instrumento condicionado por el más fuerte.
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Es evidente que en el momento actual de la historia, está pasando algo de esto, todo lo que suene a moral tiende a resultar incomodo… y cuanto más si suena a religioso; La cultura de altos vuelos europea es, en buena parte, "cristofóbica" y los mismos europeos describen sus culturas y sociedades como "poscristianas".
Actualemente la mayoría de los regímenes democráticos se fundamentan en el pluralismo y en el agnosticismo. Ciertamente es ahí en donde se encuentra su mayor debilidad. Ahora bien, ¿qué hacen para remediar esta debilidad? Recurren, de nuevo, a la famosa regla de las mayorías. Todo se somete a la voluntad de la mayoría. Mayoría, supuestamente capaz de asegurar que el buen ciudadano debe respetar incondicionalmente la ley, so pena de ser acusado de asocial e incívico. De ahí derivan situaciones verdaderamente surrealistas, como por ejemplo está pasando con la defensa a ultranza y por ley, del crimen de inocentes, vulnerando así, el primer derecho de todos, el de la vida.
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Y esto es así, porque la máxima pretensión de todos esos malos políticos ha sido y es, “matar a Dios”, hasta el punto de quedar reducidos a una patente "tiranía anti-espiritual". Pero…, ¿Sería posible despojarnos de esta "tiranía anti-espiritual" sin perder las admirables ventajas individuales logradas por la democracia?
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Hace ya unos cuantos siglos, en 1619, Francisco de Quevedo, escribió una obra modélica, dedicada, al entonces, monarca Felipe IV: “Política de Dios y Gobierno de Cristo”. Este tratado político, estaba motivado por sentencias evangélicas y exponía la doctrina para un rey justo, sin intrigantes ni malas influencia; del cual hoy, todavía podemos extraer grandes enseñanzas.
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Lo que nos viene a decir Quevedo es que, cuando Dios desaparece del horizonte político, el poder termina por reducirse a la pura fuerza. En este sentido, la elección política fundamental es siempre primero una elección de Dios o contra Dios. En resumen, tanto la experiencia histórica como la reflexión filosófica nos muestran que no es posible pensar la democracia en un sistema político en el que Dios ha sido suprimido.
Una vez suprimido Dios y la referencia a Dios, en todas las constituciones modernas, el triunfo de la ideología, de la mentira y, al cabo, de la violencia, es siempre seguro.

De un tiempo a esta parte, muchos “intelectuales” europeos ven en cualquier referencia a las raíces cristianas de la civilización europea contemporánea, como una amenaza a los derechos humanos y a la democracia; cuando es totalmente lo contrario.
Por eso, para desmontar esa gran mentira, se hace necesario, hoy más que nunca, la intervención de católicos y cristianos en esa devaluada actividad humana que es la política. No debemos ser una isla, hemos de implicarnos, es una obligación, porque de otro modo, en la medida en que yo reniego de esas relaciones profundas con mi comunidad, no sólo destruyo su soporte y me extravío en un desenfreno hiperindividualista, sino que también me alieno del más profundo de todos los vínculos, el que une el alma del ser humano con el Espíritu divino.
Mis valores más profundos no dependen exclusivamente de la relación que sostengo conmigo mismo, sino también con mi familia, con mis amigos, con mi comunidad y con mi Dios. De hecho, nuestra misma existencia depende del entramado familiar, colectivo y espiritual en el que estamos inexorablemente inmersos.
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Como decía Juan Pablo II: «La participación efectiva, consciente y responsable de los ciudadanos en la vida pública no puede detenerse en declaraciones formales, sino que exige una acción continua para que los derechos proclamados puedan ser ejercidos realmente».
Por eso, el deber inmediato de actuar en favor de un orden justo en la sociedad es prioritario. Como ciudadanos del Estado, estamos llamados a participar en primera persona en la vida pública. Porque los católicos tenemos muchos valores que aportar:
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- Apoyando la defensa a los verdaderos Derechos humanos, empezando por la vida, desde el nacimiento hasta su término natural.
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- Defendiendo una educación libre y acorde con el derecho de los padres a brindar a los hijos una educación que respete las propias convicciones.
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- Contribuyendo al sostenimiento de ese bien fundamental de la sociedad que es la familia fomentando su estabilidad y fecundidad.
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- Promoviendo iniciativas que contribuyan a paliar el desempleo y a la precariedad del trabajo.
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- Ayudando a todas las políticas donde se respete el medio ambiente y la naturaleza como dones de Dios.
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- Luchando por una verdadera política de integración tanto económica como social de todas las personas.
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- Favoreciendo una auténtica paz social, basada en la Justicia y en la libertad verdaderas.
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- Y sobretodo recuperando la honestidad en la política como valor fundamental.
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La coherencia que mostremos en la vida debe estar conforme con lo que manifestemos de palabra. En este caso es de estricto deber, luchar por el cumplimiento todas las promesas electorales. Nunca buscando el beneficio propio, sino el bien común.
El rol del católico en la sociedad por lo tanto es un rol de apostolado, de caridad y una herramienta fabulosa que tenemos los laicos es la política. La iglesia católica no hace política partidista, pero no puede estar ajena al acontecer socio político.
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En este caso hemos de volver la mirada a La doctrina social de la Iglesia, que expone claramente las obligaciones de los gobernantes y de los ciudadanos de promover y defender todos los derechos humanos y buscar el bienestar de todos. Que nadie esté por encima de la ley y nadie fuera de su amparo.
Para que haya una auténtica democracia, explicaba Juan Pablo II, «es necesario que cada persona tenga no sólo derecho a pensar y propagar sus ideas, y a asociarse con libertad para la acción política, sino que tenga también derecho a vivir según su conciencia rectamente formada, sin perjudicar a los demás ni a uno mismo, y todo esto en virtud de la plena dignidad de la persona humana».
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También Benedicto XVI ahonda en todas sus intervenciones, también en estos temas y sobre todo en esas últimas magistrales encíclicas: "DEUS CARITAS EST ", y "CARITAS IN VERITATE".
El Santo Padre nos enseña, en ambas, que política y fé, lejos de estar reñidas, deben de ir unidas: «La mutilación de la razón destruye la política». «Los políticos creyentes pueden iluminar la discusión política con su comportamiento, testimoniando la fe como presencia real, contribuyendo de este modo con la razón en el gobierno de todo acto político», afirma el Papa.
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Los católicos pues, debemos participar, desde nuestras parcelas, activamente en la política como ciudadanos responsables, por el bien de todos. La solución a la corrupción no es abandonar la política sino participar en ella con principios cristianos. Jesús nos dijo que somos sal y luz del mundo. Esto se debe aplicar primero a nuestra vida pero, si esta es auténtica, se manifiesta también en la política. La sal preserva de la corrupción, la luz permite que se vea la verdad.
Por eso, no podemos permanecer indiferentes, ni tampoco pasivos, debemos de implicarnos al máximo, por amor, con el entorno que nos rodea, somos católicos y como tales, nada humano nos puede parecer, ajeno. Debemos poner alto el objetivo, poner a Cristo en lo alto de todas las actividades humanas, presidiendo nuestras vidas y nuestras sociedades; que es el único modo posible de crear un entorno donde conjuguen armoniosamente la verdadera Justicia, la paz y la Libertad.
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8 comentarios:

Guerrera de la LUZ dijo...

Eso, eso es lo que tenemos que hacer, movernos y llevar a Dios a todas partes e incendiar el planeta con el Fuego del Espiritu Santo.

El vídeo es impresionante mi vida. De llorar. Y el post, súper esperanzador.

Muchas gracias por haber venido corriendo a apoyar al padre José y por haber llamado a Julio. Que Dios te lo pague con el ciento por uno.

Mi besazo.
Todo mi cariño.

Gracias por todo.

MARISELA dijo...

Nosotros, los cristianos, no vivimos aparte, desvinculados del mundo. Ni siquierea los que viven enclaustrados son ajenos a nuestras dificultades terrenales, todo lo contrario: viven para orar por todo el mundo. Por tanto no debemos tener miedo (cosa que creo que es la causa, en muchas ocaciones de nustra separación de la política), ni complejos, ni podemos dar la espalda ante nuestros semejantes que nos reclamen para cumplir con obligaciones ciudadanas. Porque eso es algo que hay que entender: si vvimos en sociedad tenemos el deber de participar activamente en la vida política, aunque tengamos que remar contracorriente muchas veces.
Un abrazo grande, me llevola foto inicial ¿vale?. Gracias por adelantado.

Militos dijo...

Hola Arcendo, me apetece mucho leer este post, pero acabamos de desembarcar y ya te imaginas...
La travesía ha sido buena, el atraque regular pues ya quiere él tripular la nave a su antojo y a mi me pueden los nervios. Sé que tengo que tener paciencia, pero de momento sólo tengo cansancio y ganas de desaparecer.
Supongo que esto desaparecerá por mi parte en cuanto me haga a ello.
Perdona, querido, pero tenía que desahogarme.
Besiños

Militos dijo...

Sé que soy una pretenciosa, pero ¿Cómo sabias que iba a necesitar hoy un video como éste?. jajaj...
ya me has animado.
besiños

Angel dijo...

Quedan 3 horas 30 minutos para que te vistas. Corre, corre. Ja,ja,ja.

Angel dijo...

tic,tac,tic,tac,tic,tac.....
Estoy viendo expediente 39. Un stop. porque es de terror. Menuda niña.
tic,tac,tic,tac,tic,tac

Juanjo dijo...

No sé Arcendo, yo soy pesimista. Creo que la política aquí en España no puede hacer sino empeorar.

Creo que para la gente mas joven ha llegado el momento de irse a Suiza, o a Suecia o a algún otro sitio medianamente serio y respetable.

Alejandra dijo...

Hola Arcendo, vengo a visitarte por primera vez porque Angel ha recomendado ampliamente tu blog y bueno, ahora te puedo decir que bendito sea Dios que lo hizo, porque me ha gustado mucho...el video que pusiste hoy está hermoso, casi me hace llorar...y creo que voy a venir muy seguido por acá. Felicidades y gracias por compartir!...Ale

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