miércoles, 9 de diciembre de 2009

EL GRAN CONSUELO

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En cierto lugar de mi casa, tenemos una pequeña cesta de mimbre donde van a parar todas aquellas cosas, que aparentemente no tienen sitio propio. Cualquier cachivache que alguien encuentra en el suelo, en los recovecos del sofá o en un sitio que no debería estar, acaba allí.
Cuando visito otras casas, las de amigos, las de mis cuñados etc., sé que ellos tienen también algo parecido; en algunos casos, es un pequeño cajón, en otros una estantería; al parecer todos tenemos ese lugar donde se estacionan las cosas sin dueño y sin ubicación determinada. Allí se juntan cosas tan dispares como un cordón de zapatos, un botón, una llave, algún paquete de chicles o incluso la barrita de pegamento.
Bien, pues hace tres o cuatro navidades (quizás más), ocurrió una anécdota relacionada con esa cestita de mimbre, que cuando llegan estas fechas, a todos nos gusta recordar.
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Resulta que, en mi familia, aprovechamos los días de fiesta, entre la Constitución y la Inmaculada para montar el Belén, me imagino que como pasa en muchas familias españolas. Pero antes del adorno, hacemos siempre zafarrancho de limpieza. Y entre limpia y limpia, me encontré dentro de la cestita, un pequeño objeto que llamó mi atención, era una pequeña bola de golf.
Entonces me volteé a mi mujer y le pregunté de donde la había sacado, la respuesta fue que tampoco ella la había visto antes. Acto seguido, les pregunté también a mis hijos que andaban ya sacando las figuritas del Nacimiento de sus cajas; la respuesta fue la misma, la chica dijo que no la había visto antes, y el pequeño respondió diciendo que le parecía muy extraño y no sabía, ni de donde había salido.
Bueno, a pesar de la incógnita la cosa quedó ahí, y la bolita volvió a la cesta de mimbre, hasta que ocurrió algo…
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Pasados unos días, mi mujer oyó un alboroto en el cuarto de los chicos, se levantó del sofá y fue a ver cual era la causa. Los chicos estaban discutiendo, la niña estaba llorando y diciendo que su hermano la había tirado del pelo. El chico insistía una y otra vez, que le parecía muy extraño, y que no sabía por qué ella decía eso.
La respuesta del niño, que se parecía tanto a aquella excusa de los dias anteriores, hizo saltar todas las alarmas del instinto maternal de mi mujer, que le dijo:
“¿Es tan extraño como cuando no sabías de donde había venido la pelota de golf?"; él se quedó helado. La palabra es “cogido”.
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Esto siempre me hace reflexionar. Es cuando llega ese momento en el que la basura te alcanza. A lo mejor, no es ese mismo día, quizás tampoco el siguiente. Pero dale tiempo, siempre nos encuentra. “Se coge antes a un mentiroso, que a un cojo”, donde vayas…, allí estará.
El Libro de los Galatas lo dice muy claramente: “No te dejes engañar, nadie se burla de Dios, cosecharemos lo que plantamos”. De una manera u otra, si les damos tiempo, nuestros pecados nos acabarán encontrando. Siempre nos alcanzan..
Así que mi hijo estaba ahí parado, enfrente de su madre, helado y luego, de repente salió corriendo, y llegando a la puerta de su habitación, la cerró de golpe. Porque a veces, es más fácil correr, que enfrentarse a la verdad.
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Yo estaba llegando a casa. Pero antes mi mujer me llamó por teléfono y me contó toda la historia. Mientras iba de regreso, conduciendo, pensaba… ¿Qué se supone que tengo que hacer cuando llegue? Quiero decir, sabía que tenía que hacer algo, pero no sabía qué.
Cuando llegué, mi mujer me dijo que no se le había oído desde el incidente; así que abrí la puerta de su habitación, me quedé en el umbral y vi que bajo el edredón había un bulto con el tamaño y la forma de mi hijo. Había pasado así, bajo aquel "refugio", casi dos horas desde que ocurrió aquello.
Debía tener mucho calor, tenía que sentirse muy infeliz, ¿podría respirar allí abajo?, ¡tenía que sentirse tan mal!... Y entonces pensé en todo lo que tenía que arreglar con su madre, con su hermana, conmigo, con la persona a la que quitó la bola.., tendríamos que llamarlos y luego ir allá, tendría que devolverla y pedir disculpas. Sin embargo, yo seguía allí, parado en el umbral y pensaba en mi hijo y en toda la vergüenza que tenía. Esa vergüenza que le hacía esconderse bajo aquel edredón, por tanto rato.
Así que, por fín decidí acercarme, me senté en el borde de la cama y lo descubrí un poco; lo primero que veo es que tiene el pelo empapado de sudor, ¡como si hubiese estado debajo del agua!; y le sigo descubriendo hasta ver todo su cuerpo, allí acurrucado, con los ojos cerrados, sin moverse.
En ese momento se me ocurrió que él tenía dos opciones, ponerse otra vez el edredón y continuar escondiéndose o seguir en esa posición, completamente expuesto y… vulnerable. ¿Cuál sería su reacción? Así que sin esperar, le dije, “nada, nada de lo que puedas hacer, me hará amarte menos, nunca”; aquello fue como mágico; se sentó lentamente en la cama, abrió los ojos y puso su cabeza empapada sobre mi pecho, me envolvió con sus pequeños brazos mojados y por fín... comenzó a sollozar…. Y llora, llora, llora y lo siente tanto… Y yo sigo allí, abrazado, al borde de la cama, repitiéndole lo mismo, una y otra vez, “nunca, nada de lo que puedas hacer, me hará amarte menos, nada
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¿Os dais cuenta?, la inspiración me vino. ¿Sabéis de lo que hablo?, “Nada de lo que puedas hacer me hará amarte menos”. Quiero decir, que lo que hayas hecho, donde hayas estado, lo que vayas a hacer, no importa si te arrepientes, Dios te ama SIEMPRE, ayer, hoy y mañana y eso no lo puedes cambiar.
Porque a veces…, la “bola de golf” parece ser todo, es como decir “¿Cómo voy a escaparme de ella?”, y no tenemos ni idea de que hacer con nuestra vergüenza. Así que corremos, y nos encerramos y nos escondemos bajo los edredones y lo pasamos tan mal…., y seguimos escondiendonos, porque no sabemos donde ir, no sabemos que hacer. Y reaccionamos mal, sin esperanzas, sin perdonarnos a nosotros mismos: “Si supieras”, “Si, pero no entiendes lo que he hecho…
Sin embargo, en Romanos, capítulo 8, se nos dice: “No hay NADA que pueda separarnos del AMOR de Dios en Jesús”… nada, nada te puede separar.
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Así que deja de esconderte bajo tus edredones, deja de pasarlo mal, deja que Dios te encuentre, llora, abrazalo.
Que nuestra vida sea una respuesta a esa verdad: siempre nos ha amado, nos ama y nos amará. Tenemos que persuadirnos desde el fondo de nuestro corazón de esto y actuar en consecuencia.
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NUNCA NADA HARÁ QUE DIOS TE AME MENOS
NUNCA NADA HARÁ QUE DIOS TE AME MENOS
¡NADA, NADA, NADA!
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Su Amor es así, profundo, infinito, gratuito. Es un amor de padre, como no lo ha habido, ni lo habrá.

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8 comentarios:

Fran dijo...

Si, qué buena anécdota para acordarnos. ¿Y no os ocurre que según la tranquilidad con que nos encontremos los padres nos acordamos o no de tener esa reacción? Algunas veces, ante la misma falta queremos pillarles y echarles la regañina y en otras ocasiones que quizá estamos en paz nos hacemos más comprensivos.

Militos dijo...

¿Sabes que voy a hacer?: Le voy a quitar a alguien una bola de golf y a tirar del pelo a mi hermana para ver si mi Padre me arropa cn tanto amor como tú a tu hijo.

HOY ESTOY ¡¡HARTA!!
BESIÑOS

eligelavida dijo...

¿Qué preciosa anécdota, Arcen! Ojalá sepamos reaccionar así de bien siempre que metamos la pata… De eso se trata, de confiar y de volver a levantarse. Un abrazo.

ROSTAM dijo...

Amigo Arcen, gracias por una anécdota tan bonita e instructiva. Todas las cosas y sucesos del día nos llevan a Dios.

Un abrazo

Caballero ZP dijo...

¡Qué preciosa historia Arcendo! , además es una historia verídica y cercana que nos acerca más todavía a lo que se pretende contar.
Saludos

Terly dijo...

Me ha encantado tu historia con tu hijo. Parece una parábola, explicada a la perfección. Supiste reaccionar en la manera adecuada y en el momento preciso. También tú debiste tener tu ayudita.
Un abrazo, amigo.

Militos dijo...

QUERIDO CONSOLADOR:
No quiero que te desanimes conmigo, voy recuperando fuerzas y ya me decidí a publicar.
Este post tuyo es toda una lección de amor, de ese amor que necesitamos dar y recibir y que sólo Dios reparte a manos llenas, a malos, regulares y buenos.

Te dejo un poquito de amor.
BESIÑOS

FOTELIAS dijo...

Querido amigo.
La Iglesia Familiar en donde habita -como diría San Juan de la Cruz- la LLAMA DE AMOR VIVA que es CRISTO, PADRE Y ESPÍRITU SANTO; es un lugar santo en donde, desde la oración personal y familiar, cada día nos sorprende con actuaciones que no son coincidencias sino más bien "diosidencias" hacia un fortalecimiento espiritual de la familia y de cada uno de sus miembros. Es Cristo, quien nos pone las palabras santas en nuestras bocas para ...como el hijo prodigo... abrirnos al AMOR y darlo sin medida.
Decirte, desde la sinceridad, que me he emocionado al punto de escaparse alguna lagrimilla, por tu vivencia con tu hijo... ¡Gracias!.
MUCHAS BENDICIONES.

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