miércoles, 16 de diciembre de 2009

EN EL NOMBRE DE DIOS.

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Como decíamos ayer, la mayor crisis que está sufriendo el mundo, es la ausencia de Dios en el mundo; y es esta palpable desgracia global, la que supera con creces a todas las demás porque además de afectar a nuestra vida personal, repercute de lleno en toda la sociedad.
La cultura relativista imperante debilita el sentido de la verdad, merma las certezas que sostienen las relaciones humanas y va creando un individualismo que nos hace, lenta pero inoxeroblamente indiferentes a todo lo que nos es ajeno.
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Pero… ¿no tenemos TODOS, algo de culpa en ello?
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En este post me propongo exponer mis pensamientos sobre esto, y después del análisis, ruego y espero recabar alguna opinión de mis lectores, para contrastar distintos puntos de vista, que me ayuden a arrojar algo de luz sobre este asunto.
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Pienso que lo óptimo para la sociedad, sería que todos cuantos la integramos, aceptáramos y aprehendiéramos los patrones morales que hemos conocido gracias al Evangelio.
Sin embargo hay quien sostiene la hipótesis de que, esos patrones tienen que ser enseñados siempre, independientemente estén unidos o no, al nombre de Dios.
En este caso, creo que ese proceder es engañoso, porque lo que sugiere es que podemos separar los patrones de Cristo y su Nombre, y eso encierra una ocultación importante, además de arrastrar en sí, unas consecuencias desastrosas.
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Es decir, tomemos un simple ejemplo: si decimos a un niño -que no robe-, ¡no debemos quedarnos solo en eso!; si esa es toda la información que damos al chico, sería incompleta y nefasta, al menos desde mi punto de vista.
Sin la autoridad de Dios, el hombre solo puede comparar ideas y la moralidad se vuelve un mero asunto de opinión. Así, podrá venir, una persona que dirá que está mal robar y luego vendrá otra que dirá que no está mal; ¡no hay patrón!.
Por tanto, lo idóneo sería decirle al niño que NO ROBAR es uno de los mandamientos de Dios, que DIOS dijo que NO SE PUEDE ROBAR. (y quede claro que “el robo” aquí, es solo un ejemplo, aplicable a otros muchos asuntos).
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Parto de la base que, hay quien piensa que no siempre se puede mencionar a Jesús, porque no sería aceptado, en especial por quienes rechazan la religión o profesan otras confesiones; y sin embargo, creen que esa moral enseñada de forma universal, beneficiaría la conducta social. Es decir caen en el craso error de apoyar esa “moralidad” anónima para atraer a la gente a Dios, sin nombrarle a Él.
Pero, ¡Dios es la autoridad detrás de todos sus preceptos! y así ha de entenderse, y así ha de enseñarse; porque si eliminamos su autoridad no tendremos base alguna. Lo que se pretende actuando así, es citar, sin dar crédito a Quien lo dijo.
En la vida corriente, siempre que citamos a Shakespeare, a Cervantes o a Unamuno, decimos “como decía Cervantes…” o “Shakespeare dijo.”; lo mismo sucede con las Escrituras, ¿Cuántas veces en el Antiguo Testamento, hemos leído de los profetas… “el Señor dijo….?”; ¿Cómo podemos entonces, nosotros obviar el autor de las palabras?, ¿cómo podemos eliminar SU nombre?
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La realidad, según mi modo de ver, es que el relativismo actual, verdadera doctrina del “enemigo”, no está contra las normas morales, está sobretodo y ante todo contra Dios, y por eso, también contra el mismo NOMBRE DE DIOS.
Un hombre puede tener una aparente integridad “moral” toda su vida y no llegar a salvarse cuando muera, porque Jesucristo es lo que necesita y el diablo lo sabe.
El objetivo de Satanás es eliminar todo vestigio de Dios, ya sea su nombre, su palabra o sus símbolos como la cruz, de las vidas de los hombres. Y un primer paso es no identificar el nombre de Dios con sus preceptos, en el que muchos estamos siendo cómplices.
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El primer mandamiento nos ordena poner a Dios sobre todas las cosas, por tanto, el tema principal de la cristiandad es la autoridad suprema de DIOS. Por eso el diablo ataca esa autoridad al convencernos en enseñar solo esa “moralidad” anodina.
¿Cuáles son las consecuencias de esta gran omisión? Echemos un vistazo a nuestro alrededor. Matrimonios rotos, jóvenes desorientados, personas rotas…, ¡el triunfo de la cultura de la muerte!.. etc., etc., etc.; para mí, ese es el resultado de separar el Dulce Nombre de Jesús de sus principios.
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El sacar el Nombre de Dios de todas las actividades humanas, además de un gran error, es el gran triunfo del enemigo. La moral, ciertamente puede permanecer ahí por un tiempo determinado, pero si Dios no está, esta termina pervirtiéndose. La gente deja de tener convicciones sólidas porque no tiene referencia de una autoridad absoluta.
La Biblia dice que “el temor a Dios es la sabiduría”, si el hombre no “sabe” de Dios, ¿Qué podemos esperar?
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Hoy precisamente, aparecen en ACIPRENSA (Ver enlace), unas declaraciones del Cardenal venezolano Urosa, en las que, ante las fechas navideñas, también nos advierte sobre ese mismo tema:
"Nuestra fe está amenazada hoy por las corrientes del secularismo del mundo occidental que quieren sacar a Dios de la vida pública y social; por los embates de la superstición, por los ataques de la nueva era con el inexistente y falso ‘espíritu de la navidad’, que es una vacía idolatría y debemos rechazar frontalmente", Por eso, ante estas ofensivas, creo que lo conveniente es permanecer fieles y enseñar que todo lo debemos a Dios, SIN OMITIR SU NOMBRE.
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La sociedad moderna cree que no necesita a Dios, ¡que no necesita ni nombrarle!, cree que el relativismo es la libertad del hombre. Sin embargo esa libertad sin razón, sin pensamiento autónomo, esa “libertad” dirigida, solo es esclavitud.
El relativismo es tan solo la verdad sometida a lo egoísta, a lo que siento, o pienso que tengo ganas. Pero es una gran falacia, es como creer que una silla es una mesa, es creer en una mentira para satisfacer intereses y pasiones, y esto es lo que se quiere imponer hoy, en el mundo, y es en la trampa que no debemos caer.
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Por eso, la presencia de Dios es necesaria porque es el fundamento de la verdad y de la fraternidad y por consiguiente de toda razón y justicia.
Dios no ocupa el lugar de nadie, pero sí ilumina y da fundamento a todo. Negar a Dios es empobrecer al hombre, sin Dios estamos huérfanos y quedamos a la sombra del desamparo que se expande sobre el mundo.
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¡BENDITO SEA DIOS,
BENDITO Y ALABADO SEA SU SANTO NOMBRE!
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7 comentarios:

Militos dijo...

Es demasiado profundo este post, para analizarlo, sobre todo cuando una no se encuentra en perfectas condiciones.
De entrada te diría que tienes toda la razón, pero para el que no cree en Dios también hay que enseñarle la diferencia entre el bien y el mal como algo de Derecho Natural.
Para nosotros esto no es suficiente, pero para otros sí. Que se salve o no ya es cosa de Dios.
Algo necesario en nuestros días es enseñar que no todo lo legal es moral porque ahí es donde se enmascara todo relativismo.
Volveré a leerlo despacio mañana y te diré.
BESIÑOS, PROFE

Militos dijo...

POR CIERTO, QUÉ INVENTIVA LA TUYA, GENIAL, GENIAL LA VISIÓN DISTORSIONADA DE LA ILUSTRACIÓN DEL POST.
ME ENCANTA.
BESIÑOS LOHEN

eligelavida dijo...

Esa falta de patrón hace que algunos celebren la Navidad sin Niño Jesús, que es tanto como celebrar una boda sin novios. Por otro lado, estoy de acuerdo con Militos. No todo lo legal es moral, ni mucho menos.

Guerrera de la LUZ dijo...

Excelente reflexión cielo. Luego la gente se extraña ante tanta desesperación por encontrar el sentido de la vida y es que no se dan cuenta que si se expulsa a Dios de la vida, todo está vacío y es deprimente.

Qué tiempos nos ha tocado vivir...

Abrazos y te quieros!

Gracias.

Angelo dijo...

Has hecho una exposición fantástica. Hoy muchos padres olvidan explicar el porqué de las cosas , en ocasiones por propia ignorancia. Entre los católicos de este país, muchos se han quedado con el traje de primera comunión y no han sabido adaptarlo a su edad y estatura. Su formación se acabó, y se han conformado con cumplir unas normas de su catequesis sin intentar profundizar en ellas.
Hoy yo insisto en mis hijos en nombrar a Dios siempre que puedan. Los de nuestra edad recordamos como al preguntarnos de pequeños nuestro nombre, decíamos :" para servir a Dios y a Ud". Y otras expresiones que debemos alentar a usar. "Gracias a Dios", "Si Dios quiere". Me resulta cansino y rayante la obstinación de apartar toda simbología externa que tenga que ver con nuestra fe. Cuando tengo el convencimiento de que ésta está más arraigada en nuestro país de lo que
aparenta.
Come va il raffredore? Non dimenticare di prendere un Mary Brizar o un brandy sarebbe meglio.
Un forte abraccio caro fratello

Maria dijo...

Creo que en esta entrada hay varios temas interesantes y que habría que ver por separado, pero no tengo tiempo para tanto. Sólo deseo destacar dos ideas. Estoy totalmente de acuerdo en que no podemos, ni debemos ocultar el nombre de Dios. El es el motor de nuestras acciones, pero, desde mi punto de vista, no por su autoridad, sino por el amor que nos tiene.
Es Dios y su amor, manifestado en Cristo quien nos mueve o debe mover a actuar de un modo y no de otro. A un niño no le diría que no hay que robar, sino que al igual que él desea que los otros respeten sus cosas, él debe respetar las de los otros. El precepto de Jesús no se define por lo que NO debemos hacer, sino por lo que debemos hacer. "Haz a los otros lo mismo que desas que hagan contigo".
El amor es la autoridad más fuerte. Si no nos mueve al amor, no habrá ley que nos mueva a actuar correctamente. Sólo por amor a Dios, por amor a su Santo Nombre, es que nos comportamos como lo hacemos. Nuestra moralidad debe partir de aquí, sino estará a merced de muchas cosas que no son Dios. Y es aquí dónde el demonio aprovechará para irnos apartando de Dios.
Es mi pobre aportación. Disculpa la extensión.

Militos dijo...

Es verdad que la presencia de Dios es necesaria, más que nunca, en la sociedad actual. La prueba es que se sigue buscando algo exterior a uno, al que se considera superior, muchas veces de manera errónea, para agarrarse a ello, psicólogos, psiquiatras, sectas, adivinos...

A los hijos y a todos los que tengamos alcance u ocasión (buscando también esa ocasión) por lazos de amistad, parentesco o vecindad...debemos nombrarles a Dios como el fin de todo cumplimiento moral. Pero yo entiendo que el hecho de que no se crea en Dios, no exime a nadie de un comportamiento humano recto y moral en cualquier ocasión que responda a ese conocimiento interior que cada uno lleva impreso en su conciencia. Conocimiento de Ley natural que ,aunque ellos lo ignoren o nieguen, también es obra de Dios.

Por eso a mi no me cabe en la cabeza que por muy ateo que se sea, no se reconozca que, por ejemplo, fomentando el aborto se está fomentando el asesinato de personas inocentes.

En fin Arcendo que tu post da para mucho y que tristemente hay que reconocer el derrumbamiento moral de nuestra civilización. Cómo dices, sólo nuestra Madre Inmaculada podré aplastar la cabeza de la serpiente que se está adueñando del mundo.

Mis deseos de mejora para ti, querido Lohengrin.
Besiños gaditanos

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