jueves, 28 de octubre de 2010

UNA CONVERSIÓN DE CINE.

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Pues sí…, lo prometido es deuda y hoy toca, otra vez, hablar de cine en este blog…
Y lo primero es lo primero. La solución al mini concurso de cine del otro día (
ver enlace) es la siguiente:
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1ª.- Ordet –la palabra- de Carl Dreyer.
2ª.- Fresas Salvajes de Ingmar Bergman y…
3ª.- La Strada de Federico Fellini.
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El resultado fue fantástico…, mención especial hago para
Angelo, pues esta era una prueba sobre todo para él y la pasó con matrícula cum laude, como era de esperar…
Los demás… todos estuvieron de sobresaliente alto…, desde la primera que fue la portentosa Militos hasta el indolente Bruce, que prefirió verlas venir… Gracias a TODOS por la participación.
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Dicho esto…, confesaré que me ha gustado la experiencia y que, a lo mejor un día de estos lo intento otra vez, pero ahora resuelvo ya, devolver la tarea concursal a quien le pertenece. Así, que de nuevo, la pelota ya está en el tejado de “
Siete en Familia”, y nosotros nos quedamos esperando, ansiosos que caiga de nuevo…, posiblemente en este largo fin de semana…, o cuando su dueño quiera.
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Pero….. no, no, este post no acaba aquí, que eso sería muy soso y a mi me gustan los finales además de felices…., esperanzadores.
Dejadme que os cuente una maravillosa historia real. Se trata de una anécdota crucial en la vida de un gran actor: Alec Guinnes
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A este gran actor londinense, lo recordaremos siempre por su oscarizada actuación en El puente sobre el río Kwai (1957), y también, más recientemente por su personaje de Obi wan Kenobi en La Guerra de las Galaxias (1977); pero aún siendo esos, dos sus trabajos probablemente, más sonados, son muy reseñables otras muchas recreaciones suyas de los grandes clásicos de la literatura, preferentemente inglesa, con obras de Shakespeare o Dickens.
Posteriormente tambíén son importantes sus interpretaciones en las películas del Padre Brown, basadas en las celebres novelas de Chesterton…, pero antes de eso y por eso… viene lo que hoy quiero contar aquí.
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Muchos saben que su conversión al catolicismo fue su reencuentro con una paz que el actor ya buscaba hace años. Antes, Alec Guinnes ya había dejado escrito en su diario, algo de gran hondura: “mi alma, mi cuerpo, mi cerebro languidecen necesitando religión. El mundo es demasiado inhóspito e inexpresivo sin un sentido de adoración”.
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Según cuenta el propio actor en sus memorias, “Blessings in Disguise” (1985), ni su infancia fue fácil, ni su adolescencia fue la más propicia. Posteriormente Guiness, frecuentó todos los ambientes turbios que un joven predispuesto a lo peor, puede conocer. Después, afortunadamente enderezó su vida y acabó casándose.
Años más tarde, ya arrepentido y acordándose de aquella mala época escribiría que todas aquellas pasiones “podían controlarse, si no curarse, mediante la oración, el arrepentimiento y la Gracia de Dios”…., pero antes de llegar a esa fervorosa conclusión, tienen lugar en su vida dos acontecimientos claves, que creo, son los verdaderos desencadenantes de ese cambio radical.
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Empiezo contando, cronológicamente el hecho más reciente:
Cuando su hijo Matthew cayó enfermo de poliomelitis, Guinness hizo un curioso pacto con Dios. ¡El buen actor se convertiría, si el chico se curaba…!
Matthew se curó y Guinness se convirtió. Así de sencillo y así de cierto….
Pero… ¿no hay algo más?
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Efectivamente puede ser cierto, lo que algunos biógrafos sostienen, y es que su conversión fue tan solo, un paso más en un deseo lento pero tenaz de querer vivir y crecer en la fé de la Santa Iglesia Católica…., y tiene su mérito. Sin embargo yo…, prefiero agarrarme a otro clavo, no menos real, pero creo que algo más… póetico, más sutil, también.
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De nuevo nos remitimos a sus “memorias”, y esta vez nos sitúan en un tiempo anterior al de la enfermedad de su hijo. Este es, ahora, el escenario de los hechos:
Se estaba grabando una de esas películas del padre Brown, y después del rodaje, Alec decidió marcharse, pero por el cansancio no se cambio de ropa y se fue vestido de sacerdote a su pensión.
Por el camino encontró a un niño, que con toda naturalidad, le cogió de la mano y le acompañó hasta llegar a su casa, donde le despidió. Alec Guinness quedó pensativo sobre la confianza que movía a un niño a coger la mano de un desconocido, tan solo fiado en su atuendo. Aquello le llevó a profundizar sobre la labor sacerdotal, la Iglesia Católica y dicen que finalmente influyó de manera decisiva en su propia conversión al catolicismo. Yo también lo creo.
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Me encanta esta anécdota por varias cosas. En primer lugar porque habla de la relevancia del atuendo en los curas, ahora que algunos le da tan poca importancia.
Pero también porque me parece oportuno y bonito hablar de esta conversión, enlazándola con el nombre de Chesterton, otro converso, y todo ello en este tiempo, en que se acaba de beatificar al Cardenal Newman…. ¡Oh dioscencias de la vida!!!
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Sir Alec Guinness, murió el año 2000 a la edad de 84 años. En sus memorias escribiría: “Si de algo debo lamentarme es de no haber tomado antes la decisión de convertirse al catolicismo”. Pero Guinnes tuvo definitivamente el fínal feliz que quiso. Al final, venció. Igual que su personaje, el maestro Obi Wan parece fracasar, cuando muere…, pero –gracias a DIOS-, eso no es así. Nunca es así...
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¡Que la fuerza –del Espíritu Santo- le acompañe!.

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3 comentarios:

Angelo dijo...

Un buen testimonio para afirmar que quien busca la verdad, con un corazón abierto, la encuentra. Me recuerda a San Agustín. Es una alegría para los amantes del cine, comprobar que sus actores y actrices buscan un sentido a la vida, que la fama y el dinero no les da. Tengo pendiente de hablar un día, de un grupo creado en Hollywood por diversas confesiones cristianas que se reúnen para rezar por una intención en común: La conversión de los actores y actrices, el encuentro con el Señor de ellos. Son numerosos los que forman este grupo. lo dicho, un día posteo sobre ello. Un abrazo.
P.d. El domingo si D.q concurso, por supuesto

Bruce dijo...

¿Sabes qué me pasa Árcen con el cine? Pues que carezco de la cultura que vosotros teneis tan excelente sobre él.

Solo puedo aprender de vosotros, pero no opinar.

Me alegra siempre oir hablar de conversos, me entusiasma.
Solo una cosa, y es que he visto que pasa los mismo muchas veces con los cristianos que con las compañías telefónicas que premian al recien llegados para captar clientes,esto está bien en los cristianos ya que es la fiesta del Hijo Pródigo.Pero luego las compañías telefónicas olvidan e ignoran a los viejos clientes con peores ofertas que a los nuevos en vez de premiar su fidelidad, y entre los cristianos sucede muchas veces este mismo error,ya que acojemos bien a los hijos pródigos y luego a quienes están ya en el camino del Señor no les pasamos ni una, somos muy críticos con el más mínimo pecado o defecto.Es una observación que quizás deberíamos reflexionar. El primero que cayó en ello por supuesto que he sido yo.

Yo jamás entendí la parábola del hijo pródigo como he dicho varias veces, hasta que me convertí en uno, y doy gracias a Dios a pesar de que lo pasé muy mal y todavía hoy pago las consecuencias en muchos aspectos, porque me hizo más humilde (aunque solo fuera un poquito) y me ha ayudado a entender por ejemplo a los conversos que antes no los entendía.

A Dios le pido que nunca se me olvide el camino que tuve que recorrer, no vaya a ser que me vea otra vez como antes o incluso peor.

Señor dame humildad! humildad! humildad! y más humildad que se me olvida serlo.

Maria del Rayo dijo...

Arcen, tu nombre debería ser ARSENAL pero de conocimiento.
Sabes mucho.
Me parecieron impactantes estas historias, creo que Dios esta muchísimo más cerca de lo que nosotros nos imaginamos, solo espera una respuesta para que le abramos nuestro corazón.
Estancarse es lo peor que le puede pasar al ser humano.
A lo que me invita tu post es a revisar mi vida.

El tema de la película del Puente esta fantástico, la música, el sonido de los silvantes.
Lo que no se es donde se consiguen las películas.
Gracias Arcen.
Besitos.

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