viernes, 29 de octubre de 2010

PREPARANDO ¡ALEGREMENTE! LAS FIESTAS

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A mediados de mes ya lo advertíamos (
Ver enlace), y como el tiempo –afortunadamente- no se detiene, ya tenemos encima la amenaza del jalouín; esa “fiesta” odiosa, fea y foránea que, tercamente se empeñan en meternos con calzador.
Bueno pues nosotros insistimos y reivindicamos justa y alegremente las dos FIESTAS cristianas que se avecinan, y esas sí, merecen espléndidas celebraciones, porque además son la antesala del Adviento..., las puertas de la ESPERANZA. ¡Que bien enseña la Iglesia!, que excelentemente está diseñado el tiempo litúrgico...
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Primero el día de Todos los Santos y posteriormente el día de los difuntos, son dos momentos fundamentales, porque nos recuerdan nuestro destino, quienes somos, que debemos hacer y adonde vamos.
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En LA FIESTA de TODOS los Santos, la Iglesia como Madre, nos señala, un año más, que Dios nuestro Señor nos quiere, a todos y a cada uno de nosotros, plenamente santos, absolutamente santos y eso nos obliga a todos, se convierte en un imperativo que no podemos renunciar. "Sed santos... porque Yo, el Señor, soy santo" (Mt 5, 48)
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El camino nunca será fácil, siempre encontraremos muchos obstáculos y caeremos muchas veces: Se equivoca de plano, quien piense que los santos son personas especiales, casi sobrehumanas, que ni tuvieron dificultades, ni cometieron errores. Muchos de los santos más grandes, fueron también grandes pecadores. San Pedro y San Agustín… son dos buenos ejemplos de ello.
Los Santos los son, porque en su momento, supieron reconocer sus fallos, se arrepintieron, tuvieron la valentía de pedir ayuda y la humildad de pedir perdón y sobre todo…., porque una vez descubierta su vocación, perseveraron firmes, a pesar de todas las contrariedades y tropezones.
Santo no es quien no cae nunca, sino el que no se resigna a la mediocridad… la propia y la ajena; es el que tiene las agallas y el AMOR encendido y dispuesto para levantarse tras cada batacazo.
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El día de Todos los Santos, es sin duda una buena fecha, probablemente la más propicia del año, para reflexionar sobre la santidad y hacerse un buen auto examen de conciencia.
La clave de la santidad es la lucha constante contra uno mismo y el perseverar es lo más costoso, pero es que la lucha por tenerlo TODO exige un esfuerzo de Amor redoblado, que en ningún caso tiene porque acompañarse de conductas extrañas o sucesos extraordinarios.
Los santos son de carne y hueso, todos ellos y la llamada es para todos. Dios nunca pide imposibles, la santidad está al alcance de todos.
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El otro día a celebrar, por todo lo alto, con alegría, sin miedos ni negruras es LA FIESTA de los fieles difuntos.
También es un día fantástico para reafirmar nuestra fé y para unir lazos, tanto con los que todavía compartimos esta vida, como con los que ya no están con nosotros.
Para los católicos, son unos días muy especiales, en los que la comunión de los santos se hace más presente que nunca. La unión de las iglesias, militante, triunfante y purgante se estrecha especialmente en estos días, se acerca mucho. Por eso, quizás deberíamos aprovechar la ocasión y rezar más por las tres Iglesias, con especial atención en ese día, a las que serán… más pronto que tarde, nuestras futuras patrias.
Pero aquí no hay lamentos, porque nuestro anhelo esperanzado es poder encontrarnos con Nuestro Creador, cuando Él decida llamarnos; y porque en contraposición con las modas actuales, estos días, muy especialmente, los creyentes hemos de ser portadores de la alegría, de la luz y de la PAZ, que nos da nuestra convicción de Hijos de Dios.
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Estas fiestas tienen un valor y un sentido eminentemente cristiano, no podemos, ni debemos caer en la chabacanería imperante. Nosotros con nuestra fé, con nuestra palabra, con nuestros actos podemos y debemos cambiar las cosas y dar el significado de esperanza que el mundo necesita, hoy más que nunca.
Es ahora cuando entendemos que "el plano de santidad que nos pide el Señor, está determinado por estos tres puntos: La santa intransigencia, la santa coacción y la santa desvergüenza." (Camino 387).
Por eso..., durante estas fiestas y siempre, mi propósito quiere procurar ser fiel a esos tres puntos, sugeridos en mi oído por el autor de Camino:
No doblegar mi fé ante ninguna presión; hablar de Cristo y de su Buena Noticia a quien me encuentre y ante todo, no acomplejarme ante nada, ni ante nadie por mis creencias.
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A mi Madre María, le pido también ayuda en esta lucha contra mis propias bajezas, que me ayude a ser fuerte y constante en mis anhelos por alcanzar la santidad. Que me ayude a entender, asumir y propagar que siempre... –el amor, SU AMOR, es más fuerte que la muerte, mi muerte-

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3 comentarios:

Bruce dijo...

Qué gracia me hacen los detractores de la Obra mencionando y sacando de contexto ese punto de Camino que mencionas.

Si no llega a ser por la santa desvergüenza de un numerario ahora gran amigo mío, que sin conocerme de nada valientemente me abordó al salir de misa donde me veía todos los días, yo no conocería la maravilla que creó San Josemaría, esa magnífica obra faraónica de la santidad, esa fábrica de santos que es el Opus Dei.

Desvergüenza ya tengo una poca, ahora me falta encauzarla hacia la santa desvergüenza.

Y a mí que nadie me venga pidiendo caramelos disfrazado de mostruito en "jaloguin" porque no se va a llevar nada, si vienen en Navidad como se ha hecho toda la vida sí que se los llevarán.

Vivo frente a un cementerio, qué alegría! (esto no lo entiende todo el mundo) pasear por las calles de sus parques rezando el rosario cualquier tarde por las tres iglesias.

Un cristiano no teme a la muerte "nuestra querida hermana la muerte" decía San Josemaría, nosotros tememos ofender a Dios, pero no la muerte.

"La muerte no es el final", como dice y se titula la canción himno de los caidos de nuestros ejércitos, de hecho después de la muerte empieza lo bueno.

Que bien se está en tu blog Arcen, esto es parte de la Gloria ya en la tierra!!!

Maria del Rayo dijo...

¡Que tal Arce!
Para mí estas fiestas son de la Iglesia entera, primero porque la festejamos la Iglesia peregrina, unida a la Iglesia Triunfante (santos), con nuestra Iglesia Purgante (fieles difuntos).
Para mi festejar a los muertos, (los fieles difuntos) es unirme en oración para pedir por su pronto ingreso a la Gloria Celeste, porque para mí la muerte no es final de la vida, la muerte es la puerta que nos lleva hacia Dios.
Le tengo una admiración y devoción a San Josemaría, aunque no conozco su obra pero él es un gran santo.
Besos

Eleonora dijo...

Amigo Arcendo:

Tu blog es una maravilla. Eres realmente genial. Coincido plenamente contigo con esa fiestuki importada que no sé realmente cual es el sentido en la cultura mediterránea.
Dicho de otro modo, ¿qué celebran los cristianos los días 30 y 31 de Octubre?.

Una lástima que no sean los padres los que eduquen asus hijos. ¡Ojo!, digo educar, no enseñar.

Saludos Arcendo.

Me encanta la pieza de Chopin, y la cantando bajo la lluvia.
Muy buen repertorio musical.

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