sábado, 12 de marzo de 2011

JAPÓN

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Es curioso observar como, a pesar de vivir en la era de las comunicaciones, haya gente que todavía no se haya enterado de la catástrofe que ha asolado parte del Japón y que está afectando a medio mundo. Hoy he hablado con varias personas, que no sabían nada, que parecen vivir de espaldas al mundo.
Al margen del examen de conciencia que tendrán que hacer algunos ante ese fenómeno de “rechazo” a los medios, (quizás por saturación), lo que me preocupa más, es que una vez sabida la noticia, tras una breve expresión de fingida sorpresa o una forzada mueca de asombro, aparentemente la indiferencia es el denominador común en muchos casos.
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He empleado adrede la expresión –aparentemente-, porque lo que creo que lo que subyace tras esa cómoda postura de “pasar” de todo, es el miedo. Porque todos sabemos que, lo que hoy pasa a miles de Kilómetros de nuestro protegidísimo hogar, mañana o dentro de unos minutos, nos puede pasar aquí; queramos o no, somos todos conscientes de ello. Sin embargo es mejor, mirar para otro lado, “comamos y bebamos que mañana moriremos”….
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Nuestro mundo está lleno de hipócritas contrastes, por un lado, aunque lo disfracen de aséptica información te cuentan la realidad del terremoto del Japón desde todos los ángulos posibles y machaconamente (¿a ver si lo de la saturación es pura estrategia?) y por otro, no dejan de intentar despertar tu lado más sensiblero con las últimas hazañas amorosas de Belén Esteban o Paris Hilton, que para el caso es lo mismo.
Un toma y daca imposible, pero muy eficaz. Una sociedad adormilada es fácilmente adocenada…
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La actitud cristiana no es esa. Evidentemente, no podemos estar pre-ocupados de “posibles” futuros, pero tampoco debemos ser unos perfectos insensibles.
No estamos aquí, para pasar de nada, la Cruz es sacrificio y donación, y nos llama, nos obliga a movernos a favor del prójimo.
Lo que hay que tener claro es que el prójimo, no depende de la proximidad física, sino de lo próximos que los queramos tener de nuestro corazón. Claro que nuestro radio de acción es limitado, pero nuestro pensamiento es Católico y por tanto Universal. Cristo clavado en la Cruz, no hizo distinciones, ni de distancias, ni de tiempos…., por eso su Salvación, también es posible para nosotros.
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A pesar de todo, es probable, que tras este nuevo mazazo de la naturaleza, vuelvan otra vez las dudas y los reproches contra DIOS. Ante tanto dolor es lógica la reacción del hombre en busca del - ¿por qué?- El mismo Benedicto XVI en su visita a Auschwitz, hizo suya está cuestión, preguntándose orante… "¿Dónde estaba Dios en este momento?”
¿Dónde está Dios?, nos seguimos preguntando, seguimos incomprensiblemente, esperando milagros divinos que cambien el curso de la naturaleza y las leyes físicas, mientras que para otras cosas, además de no contar con Él, ¡hasta le negamos! Y después nos extrañamos si Dios guarda silencio y no actúa como queremos.
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Dios efectivamente no modifica las leyes naturales, LAS RESPETA y no está a merced de la voluntad caprichosa de los hombres, aunque nunca, como Padre, desoiga sus ruegos.
La cuestión es que, no ha evitado el terremoto de Japón, ni intervino en Auschwitz, pero tampoco evadió la Cruz en el Gólgota; esa es su mejor respuesta.
Es probable que nuestra mente humana no llegue a comprender el plan de DIOS, y que a veces esa confianza ciega que la fé nos exige, sea difícil de seguir. Pero incluso por lógica humana podemos entender ciertas cosas.
El mundo y el hombre son obras de un Creador que respeta la libertad humana y el dinamismo de la naturaleza. Así pues no podemos esperar intervenciones prodigiosas, sin asumir esas premisas y por tanto la existencia de unas leyes físicas que conocemos cada vez mejor, gracias a la ciencia.
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Sin embargo, la solución a la gran tragedia de este siglo está en manos del hombre, no culpabilicemos a DIOS. Este mundo rico en recursos no sabe repartirlo equitativamente, no quiere compartir. Creo efectivamente, como tantas veces hemos leído en la Escritura, que el origen de todos los males está en el pecado.
Un pecado que nos señala cuando constatamos que tenemos todos los recursos para acabar con el hambre y mitigar las catástrofes naturales, pero a veces preferimos emplearlos en escudriñar en la insulsa vida de los famosos y en todos los despilfarros consumistas que la caja tonta nos vaya dictando. Por tanto, del mal del Japón todos somos un poquito responsables
La solidaridad que exige este acontecimiento no puede quedarse en lo puntual, aunque sea necesario, sino que exige otra forma de vida. Un cambio radical, que tiene que inciarse desde lo personal. Que cada cual se estudie y dictamine.
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El desastre de Japón tiene que hacernos reflexionar, tiene que movernos y removernos. Ha sido algo terrible, catastrófico, pero no nos podemos quedar solo en el estupor.
El que pueda, que ayude económica o fisicamente a través de Cáritas o cualquier otra Ong que preste auxilio humanitario. El que no pueda hacerlo así, ¡Que rece!, que esa es la mejor ayuda.
Todos los que creemos en Jesús hemos de actuar en consecuencia, para que nadie se pregunte donde está DIOS. Dios estará donde nosotros estemos, donde nosotros le queramos llevar, porque hemos de ser una vez más y siempre, -alter Christus, ipse Christus-, no dejaré de repetirlo.
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Concluyo. Muchos, tras el terremoto japonés, ya se han agarrado otra vez, a las supuestas profecías mayas, para seguir alimentando la cansina teoría del fin del mundo. A los cristianos eso nos da igual…, como dije antes, no podemos vivir pre-ocupados de posibles futuros, por muy probables o improbables que puedan ser. Hemos de vivir cada día uno a uno, porque cada día tiene su afán y ha de vivirse como si fuera el último.
Lamentable o afortunadamente, Dios sabe más; después de esta catástrofe muchos habrán pasado ya, su juicio particular…, nosotros todavía lo contamos.
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La otra gran lección de este acontecimiento es la fragilidad de mi vida. No sé el día, no se la hora, no sé como…., pero sé que ocurrirá. Como decíamos el Miércoles de ceniza, somos polvo, hemos de morir. Lo importante será hacerlo, sabiendo que nos hemos esforzado en bombear AMOR en cada latido que nuestro corazón haya dado, en favor de todos los prójimos, próximos o cercanos. Por los de Japón, por supuesto..., también.
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5 comentarios:

LAH dijo...

Rezo mucho por ese pais, para que la Iglesia sea acogida como una Madre deseosa de consolar a sus hijos. Estoy hoy apenada por las imagenes que hemos visto en al tele...abrazos Arcen.

Bruce dijo...

De entre los llamados de este mundo por el Señor.

Pues muchos a la Gloria, luego no creo que hayan perdido con el cambio, yo de hecho me cambiaba por ellos ahora mismo.

Otros al purgatorio, bueno, no pasa nada, se han salvado, por ellos oramos, intercederemos mutuamente nostros por ellos y ellos por nosotros a partir de ahora.

Los menos, porque Jesús no fracasó en la Cruz, se han condenado libremente porque han querido rechazar a Dios no ya en esta vida, sino nada más morir. Esos mejor que se hayan ido de este mundo que mucho daño hacían, sin alegrarnos por supuesto ni de que fallezcan y menos todavía de que hayan elegido condenarse.

¿Dónde estaba Dios? junto a cada uno de todos ellos, especialmente a los próximos a condenarse.
Que vino por todos, especialmente por los más pecadores.

"NO SON LOS SANOS LOS QUE NECESITAN MÉDICO".

Misericordia Señor!, misericordia!

Julio dijo...

La actitud de un cristiano,como bien dices,debe ser de una identificación total con el sufrimiento humano. Cristo clavado en la Cruz nos lo exige.
Tu artículo nos acerca a esa realidad,nos aproxima a nuestro Jesús entregado por un mundo mejor. Muchas gracias Arcendo.

MARISELA dijo...

Tú, como siempre, pensando en el prójimo...y se te agradece la diatriba, pues hay muchos a los que estos fenómenos les hacen reflexionar, pero como al cangrejo, hacia atrás. Somos polvo y a Él volveremos, pues albergo la esperanza (aún contra toda esperanza) que nos recibirá a todos. Voy a bombear más amor con mi corazón.
Aparte te lo agradezco porque la familia de mi primo Joel es japonesa y han pasado unas horas angustiosas tratando de comunicarse con ellos. Gracias a d7Dios, no hay que lamentar daños en la familia. Yo estoy en oración constante estos días, así que rezaré por todas las víctimas.
Un abrazo grandote

Maria del Rayo dijo...

Arcen, pues es como tu dices, a todos nos va a llegar el momento de encuentro con Dios, encomendémonos a su Misericordia, y aunque por méritos creo que no lo lograremos por Él sí, pero no cansarnos de hacer el bien.
Y pedir por nuestros hermanos de Japón, porque son situaciones verdaderamente desesperantes, hablando humanamente.

Saludos.

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