miércoles, 4 de mayo de 2011

DIOS NOS HABLA

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Indudablemente, DIOS habla. Por supuesto lo hace a través de la misma vida, de su belleza, de la armonía de las cosas, de algunos gestos que nos muestran cariño y lo hace también, de manera clara, de algo mucho menos…. “abstracto”, de algo que es más evidente y perogrullesco, de su Palabra misma, es decir de la Escritura, del Evangelio.
Esa es mi experiencia y así la cuento.
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Y es que últimamente, las lecturas de la Misa, que después de la misma, releo con delectación, están siendo para mí, en este tiempo pascual, una fuente inagotable de buenas inspiraciones y mejores propósitos.
Hoy, quiero contaros, concretamente, dos de los “soplos” más sugerentes que he tenido, y que en parte, están marcando mis pensamientos en estos últimos días.
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La primera lectura a la que hago referencia creo que es la del domingo pasado (Jn 20, 24-29)
Se trata de aquel pasaje en el que, Jesús le pide al incrédulo Tomás, que meta sus dedos en sus llagas para que acabe siendo partícipe de la resurrección, para que tenga lo que Él viene a traer: “Paz a vosotros”.
Pues esta sencilla historia, corta pero llena de profundidad y sentimiento, es la que hoy me hace reflexionar personalmente, sobre las “llagas” que hoy tiene el Cuerpo de Cristo.
Porque hoy, a más de 2000 años de aquello, Cristo sigue teniendo todas las heridas abiertas, y sufre…, en los que sufren, ya sean más lejanos o más cercanos, da igual porque todos son prójimos.
Esa lectura también me hace reflexionar y reconocer que muchas veces, esas dolientes heridas, en el Cuerpo de Cristo de hoy, que es la Iglesia, las provoco…, yo mismo. Eso pasa cuando no soy fiel, cuando no ayudo a los demás, cuando paso de consolar, de echar una mano, de ser diligente, de regalar una sonrisa.; y por supuesto más lacerantemente cuando hago un mal gesto, cuando provoco un desencuentro, cuando hago, por voluntad propia, algo que sé que no está bien.
Y el caso es…, que mientras no me atreva a reconocer esas llagas, a meter mi dedo en ellas para intentar sanarlas; mientras no llegue personalmente a creer, si quiera en la posibilidad de la resurrección, nunca voy a tener verdadera Paz.
Una vez más, me empapo de la evidencia y me convenzo que de mi depende mucho, la curación de los males del mundo. De mi actitud, de mi fé.
Aumenta pues, Señor mi fé, para que yo, como Tomás, pueda caer rendido a tus pies, recitando esas sinceras palabras de perdón y reconocimiento, Señor mío y Dios mío.
Esa es la primera de las meditaciones recurrentes que estos días me ando haciendo y que ahora comparto con vosotros.
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La segunda lectura, es también muy pascual. Es la de los discípulos de Emaus. (Lucas 24, 13-35). 
Al margen de la “ceguera” de aquellos dos desencantados, algo descreídos como Tomás; a mí, me anima mucho saber y constatar con este pasaje, aquello de que “cuando dos o más se reúnen...” hablando de Él, aunque sea de forma invisible y misteriosa, Él se hace realmente presente entre ellos, aunque, en principio, no lo reconozcamos, -hasta que parta el pan para nosotros.-
Probablemente por esa causa…, también, Santa Teresa, mujer recia y además doctora de la Iglesia, animaba asimismo -a los cristianos de toda condición y en todo momento-, a reunirse para hablar de Jesús, para que “Él se hiciese presente entre ellos”… No es mala cosa, hacerlo y hacerlo con frecuencia.
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Acogido pues, a esas inspiraciones, tanto del Evangelio como la de la Santa de Ávila, quiero enlazarlas directamente con la próxima reunión de blogueros, que ya anunciaba Angelo desde su blog hace unos días (Ver enlace)
No quiero acabar sin hacer mención de mi deseo, que estoy seguro será el de todos los asistentes. La intención convertida en oración es, sin duda, tener a Jesús tan presente en ese inminente encuentro, como lo está cuando hablamos de Él, en cada uno de nuestros blogs.
En definitiva.., ¡Que Dios nos siga hablando, también a través de nuestros amigos y que nosotros sepamos transmitir siempre, su amorosa voluntad! Espero de corazón, que así sea.
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Y hoy acabo con esta música, porque a parte de gustarme mucho, para alguno de los asistentes y para mí, en particular, tiene alguna significación adicional. Abrazos a todos, en la emoción de la espera.
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4 comentarios:

gosspi dijo...

El Señor en la Misa diaria me roba el corazón sabes?....siento como entra, lo hiere y lo sana....todo a la vez. Y siempre me invita a sonreir, aunque a veces sé que El lo hace por mi...lo digo por las miradas que me llegan de los demas....creo que siempre lo hace por mi...si, eso creo...nada de a veces.....un abrazo y me acordaré de la reunión, que en las proximas me vereis, seguro.

Mento dijo...

Desde luego que habla...
...La mayor parte del tiempo...

Militos dijo...

"Habla, Señor, que tu siervo escucha"
me gustaría poder veros por lo menos un rato-
Gracias

Bruce dijo...

Esa costumbre que popularizó Juan Pablo II instanto a que se imprimieran evangelios de la misa diaria está haciéndo muchísimo bien.

A mí también me gusta releerlas nuevamente en casa una vez explicadas por el sacerdote en la homilía.

Recomiendo algo más, y es leerlas en casa ANTES de ir a misa. De esta manera nos va a sonar y le vamos a sacer más provecho a la homilía del sacerdote.

Además, está comprobado, el escuchar el evangelio durante la misa provoca tos. Sí, si, no os riáis, que todos los días pasa y uno no se entera de lo que dice el sacerdote porque en ese momento justamente todo el mundo esmpieza a toser o carraspear. Y si no haced la prueba y fijaos.

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