lunes, 26 de marzo de 2012

CONVERSACIONES CON JUAN


No sé si os pasa a vosotros, pero a mí, me afectan cada vez más, "los ruidos" de alrededor; tanto es así, que en ocasiones... llego a entender -aunque esté desfasada para el mundo- la figura del viejo y ¡sabio! ermitaño.

Ciertamente vivimos en un mundo saturado de información, bombardeado continuamente de noticias, yo diría -incluso- que vivimos aplastados por la actualidad. Gracias a los avances técnicos, lo sabemos todo al minuto, casi cuando ocurre...; y como humanos que somos, al saber esto o aquello, en seguida tomamos postura; nos decantamos, y rápidamente.... opinamos, dejamos nuestro juicio (a veces poco o nada razonado) con esa celeridad que, permiten herramientas como el facebook o el twitter.
Es esa misma inmediatez, -que huye de respuestas más pausadas, meditadas y... educadas-, la que provoca, no pocas veces, sonoros enfrentamientos virtuales, desde luego alejados de cualquier atisbo de paz de espíritu, que es lo que más necesita esta sociedad.

No quiero ser agorero, ni demonizar los progresos tecnológicos; El fallo en sí, no está en las herramientas, sino en su correcta utilización.
Cuando veo ciertos comportamientos, me acuerdo de esa maravillosa fábula filmada que es "Milagro en Milán". Una de sus singulares escenas escenifica magistralmente un diálogo de dos -sin alma-, empiezan discutiendo y acaban ladrándose como perros.
¡No puede haber mayor verdad!, y hoy en muchos sitios, esto ya es... jauría.

Decía una canción que no son buenos tiempos para la lírica, ahora tampoco son los mejores para el respeto, la tolerancia, la buena educación, la cortesía y la amabilidad.
¿Que se puede esperar de una sociedad cuyas "tendencias" de conversación, sean el insulto y la ofensa entre opuestos? como tantas veces se produce en la red.
Lo malo, lo pésimo, es que como decía al principio, toda esa vorágine sinrazonada no solo te acaba afectando, sino que también en muchos aspectos, te acaba contagiando.., mimetizando, y eso, no es nada bueno. No deberíamos permitir, -sin luchar-, que la masa acabe devorando al individuo..., como está pasando.

Tengo un buen amigo, llamémoslo Juan.
Juan es cristiano, católico comprometido y buen rezador.
A Juan le gusta el fútbol (es del Madrid). En política, vota en conciencia, en las últimas al PP y... también de vez en cuando, Juan entra en Internet, visita ciertos blogs (entre ellos, mi HOJA) y chatea con los amigos en el Twitter.

El roce al paso de los años y las concordancias ideo-religiosas, llevan primero al cariño y después a la confidencia más íntima. Así que, de vez en cuando, Juan y yo nos echamos unas parrafadas tan largas como edificantes, en las que en un par de horas repasamos tanto lo humano, como lo divino...
En la más reciente de estas charlas, (hoy mismo), me contaba que, últimamente tiene dos obsesiones...., y le comprendo, porque en cierto modo (aún con menos pasión), las comparto.
Me decía que, como cristiano, le preocupa todo lo que está ocurriendo en el mundo y especialmente en España; por ejemplo: las elecciones andaluzas. La noticia del mantenimiento del PSOE en aquellas provincias, después de todos los trapicheos socialistas, a Juan le entristecía mucho. Decía que le afectaba, que le quitaba la paz.

Por otra parte Juan, como gran merengón que es, tampoco es ajeno a todos los enfrentamientos y trifulcas del Real Madrid con el Barça.
Juan me dice (y estoy de acuerdo con él) que esa rivalidad, en muchos casos no es deportiva sino política; y en esa esgrima de provocaciones y desplantes, entramos todos, aficionados incluidos. Y eso, también le quita la paz.

Le quita la paz, la política; y le quita la paz, algo que debería rebajar la tensión: el deporte. Consecuencia, Juan no tiene paz de espíritu.
No la tiene, porque teme que sus grandes pasiones y su exacerbado apasionamiento le haya llevado muchas veces a discutir (ladrando) en la red, a veces, faltando el respeto y el deber de caridad a los demás.
No tiene paz porque sabe que se ha aparcado la mesura y se ha dejado llevar por lo más visceral.
Porque sabe que, incluso, ha llegado a faltar a la verdad, para defender su postura.
Porque ha dicho cosas..., con la intención de ofender.
Porque sabe, como cristiano, que nada de esto, está bien.

-"Aquí, precisamente aquí, es donde echo en falta no ser un eremita, uno de aquellos anacoretas, que se retiraban al desierto, para no oír, nada más que la voz de DIOS, sin ninguna voz más estridente que la del aullido de un lobezno". -Me decía Juan-

Después añadió...,
- "y ahora vienen la preguntas de difícil respuesta:
Todo lo que pasa en nuestro entorno, como humanos nos afecta y como cristianos nos debe interesar, porque pueden estar en juego la salvación de almas.
Entonces..., si los cristianos hemos de estar en el mundo:
¿Hasta que punto, y hasta donde, nos es permisible huir de la tentación del enfrentamiento?.
¿Estaría reñida nuestra inequívoca vocación apostólica con largos aislamientos, incluso monacales, para buscar  la paz que el mundo nos niega?
¿Debemos escapar al desierto en busca del silencio total?"

Yo, enseguida me apresuré:
- "¡Felices aquellos que encuentran su vocación en la soledad de las montañas o entre los cuatro muros de una celda!; sin embargo, creo que, por ahora, ese camino no es el mío.
Ninguno de aquellos benditos anacoretas escogieron esa vida, para huir de nada. Yo, por coherencia, tampoco debo hacerlo.
Me guste o no me guste, lo que me toca es bregar con lo que hay, en este mundo y en este ambiente...., lo que pasa es que cada vez se me hace más difícil, porque son muchos los estímulos y demasiadas las provocaciones"

¿Como es posible que tengamos que discutir con el vecino por un insignificante partido de fútbol?, ¿Como puede ser que terminemos a gritos con el cuñado porque, él es del Psoe y yo no?
¡Que mal ejemplo estamos dando, unos y otros!
¡Que método de evangelización TAN PÉSIMO es este!
Por todo eso... me atreví a decirle:
- "Mira Juanito, la cuestión no es transigir, pero sí amar.
Para ser honestos habrá que defender siempre lo que creemos más justo y mejor; pero para ser coherentes, siempre deberemos hacerlo sin que falte el AMOR."

- "De todos modos pienso que estamos probablemente en la situación más adversa posible" Decía mi amigo, con gesto serio...
- "Tienes razón, pero por eso mismo, además de empeño, tenemos que pedir toda la ayuda posible -para no desfallecer-" le contestaba yo.

La ascética cotidiana actual no está en la reclusión, ni el aislamiento. Si no en el recogimiento interior, en intensificar la oración.
Somos Católicos y Apostólicos, una profunda vida de oración no implica refugiarse en el intimismo, ni encerrar la religión en la vida -privada-, ¡todo lo contrario!

- "¿Cual es la solución, pues?..." espetó Juan.
Y yo... acordándome de otra gran película, finalmente le respondí:
- "El equilibrio sobre el filo de una navaja es tarea casi heroica, que se puede hacer literalmente imposible, si NOSOTROS no ponemos el ingrediente mágico: EL QUERER.
Querer, en todos sus significados. Querer, en el sentido de -voluntad-, y querer en el sentido del -AMOR-"
- ""Amar a todos, como uno mismo", eso me suena..., si todos lo hiciéramos, el mundo rodaría mejor". Dijo Juan... luego se despidió y se marchó...
- "Hasta la vista amigo mío, siempre es un placer encontrarte"

*   *   *   *   *

3 comentarios:

Bruce dijo...

Yo tengo una idea mejor, que todos los del Barsa y los del Psoe sean los que se vayan al desierto bien lejos, en vez de nosotros.
No siempre es posible hablar, los del barsa y los socialistas son muy sectáreos.

Militos dijo...

Pues yo estoy con Juan.
El enfrentamiento es necesario, pero llegar al insulto es otra cosa. como vamos a decir: "si guana" cuando sea contrario a muestas ideas, religiosas, políticas o sociales.

El equilibrio es difícil, pero es lo que se nos pide, dejar las cosas claras, aunque no convenzas a nadie...

Ay hijo, ni sueñes con ser ermitaño, todo lo contrario, hemos de ser "contemplativos en medio del mundo," y,como dices, si estamos en el mundo han de interesarnos todas las cosas de él.
Así que no nos queda más remedio que recurrir a la ayuda, cada vez más intensa de lo ALTO
Imposible no hay nada, difícil mucho.

BESIÑOS y que Dios reparta suerte

Angelo dijo...

Permíteme que te hable de la música que acompaña al post. ¡¡¡Es otro de mis temas favoritos!!!
Guauuuu, como disfruto con ella.
Un abrazo

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