viernes, 25 de septiembre de 2009

LA GRACIA DE SU MERCED

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Hoy ya es 25 de Septiembre, sin embargo ayer mismo, día 24, la Iglesia celebraba una fiesta que no quiero dejar pasar, pues la tengo especial cariño. Ese día se conmemora la aparición de la Santísima Virgen a San Pedro Nolasco en el año 1218, que dio origen a la creación de la Orden Mercedaria.
La Virgen entonces, instó al santo a que fundara una comunidad religiosa que se dedicara a auxiliar a los cautivos y desde su nacimiento los mercedarios, a través de los siglos, se dedicaron a ayudar a prisioneros de toda condición, cosechando en la Orden, grandes Santos y memorables mártires.
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El motivo de mi devoción a dicha orden es muy simple; una tía carnal mía fue mercedaria en un convento manchego durante muchos años y aunque ella ahora ya está en el cielo, mi vinculación con aquel sitio no ha desaparecido.
Durante muchos años, mi familia y yo íbamos a visitar a mi tía muchas veces a la clausura, y siempre fuimos recibidos con especial afecto y ternura por todas las monjitas. Aquellos recuerdos, que van desde mi niñez hasta la madurez, son muy especiales para mí. Y sé que aún hoy, aquellas almas divinas rezan por mí y por los míos todos los días; por eso, es de ley que yo corresponda a sus amores con la misma moneda, además de, con mi grata memoria.
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Por eso, no quiero dejar pasar este día y lo quiero honrar de dos maneras, para la primera os pido colaboración. Os ruego hoy, a todos mis lectores que echéis una rezadita conmigo por este convento en particular y también por todas las almas contemplativas que nos sostienen con su dedicación y sus renuncias a nuestra querida Iglesia.
Y segundo, es de lógica que, en este día, hablemos también de la Virgen, que seguro además a nuestras monjitas, les pondría muy contentas.
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Para hablar de la Madre, me gustaría hacerlo destacando una magnífica devoción diaria, la de las tres Avemarías, a través de una preciosa anécdota que contaba hace unos años, el querido Padre Jesús Urteaga en uno de sus escritos llameantes de gracia divina.
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"Me encontraba en Madrid. Acababa de ordenarme sacerdote. Tenía 26 años. Era un atardecer a la hora de terminar el trabajo.
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- "Te llaman por teléfono", me dijeron. Una voz masculina, un tanto nerviosa, explicaba la razón de la llamada:
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- "Mire, tengo un amigo que se encuentra muy mal, puede morir en cualquier instante. Me pide que le llame a usted porque quiere confesarse. (…) No, no le conoce, pero quiere que sea usted." - (Nunca he entendido por qué)- "¿Puede venir a esta casa?"
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- Salgo para ahí en este momento.
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(Me interrumpió)
- "Mire, el asunto no es tan fácil. Me explicaré. El piso está lleno de familiares y amigos que no dejarán que un sacerdote católico entre en esta casa; pero yo me encargo de facilitar su entrada".
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- Pues allá voy, amigo. Dentro de un cuarto de hora estoy ahí, lo que tarde el autobús.
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El piso era muy grande. Lo estoy viendo ahora que describo la situación. La puerta entreabierta, un pasillo largo. Entro decidido después de encomendarme a la Virgen para que facilitase el encuentro. Rumores de voces en las habitaciones contiguas; algunas personas que me miran con gesto de asombro. Con un breve saludo me dirijo a la habitación que estimo puede ser la del enfermo.
Efectivamente lo es.
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- "¿Le han dejado entrar?"
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- "He visto caras de susto y gestos feos; pero ha podido más la Virgen, nuestra Señora."
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- "Gracias. No tengo mucho tiempo (el enfermo jadeaba). Quiero confesarme."

(Cogí mi crucifijo, lo besé) - "Comienza, Dios te escucha".
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Yo muy emocionado. El hombre (era un personaje importante), también. Apliqué mis oídos a sus labios porque apenas se le oía.
La confesión… larga, muy larga.

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- "…Y yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo".
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Al terminar pocos minutos le quedaban de vida quiso explicarme "su" milagro. Lo hizo fatigosamente. Se lo agradecí con toda el alma.
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- "He estado cuarenta años ausente de la Iglesia. Y usted se preguntará por qué he llamado a un sacerdote".
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El lo decía todo. Yo callaba.
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- "Mi Madre, al morir, nos reunió a los hermanos… Mirad. No os dejo nada. Nada tengo. Pero cumplid este testamento que os doy: Rezad todas las noches tres avemarías. Y yo (¡cómo lloraba el pobre!), yo lo he cumplido, ¿sabe?, lo he cumplido.

Se moría mientras cantaba. A mí me pareció todo aquello un cántico:
- "Yo lo he cumplido, yo lo he cumplido".
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Y yo añado…, ¿Qué duda cabe, que aquel pobre hombre, también estaba cautivo?, sin embargo de manos de la Madre misericordiosa, mediadora divina, obtuvo la Merced de su libertad, la verdadera libertad. Eficaz pues, lo de las tres Avemarías y ¡Hermosa advocacion y hermoso nombre el de Mercedes!
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Aprovecho también, aunque con retrasillo, para felicitar a todas las Merches y Mercedes que se acerquen por aquí, y mando un saludito a todos mis lectores/as.

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4 comentarios:

Guerrera de la LUZ dijo...

Mmmmmm qué post más impresionante Arcen. Para variar, me voy de aquí llorando. Para mí también es muy especial la Virgen de la Merced, intentaré buscar un rato para escribir una historia muy bonita, a ver si puedo.

Lo de las 3 AVM diarias es una devoción maravillosa.

Cuenta con mi oración por tus monjitas :)

Muchos besos.

Militos dijo...

Querido Arcendo: yo también pensaba escribir el 24 sobre la Virgen de las Mercedes, pero me trajeron la estampa de la Virgen de los Nudos y cambié de Virgen.
Como tú la tengo mucha devoción porque en los años que vivimos en Ferrol siempre íbamos a Misa a los Mercedarios que tenían una imagen de Ella preciosa, con una cadena rota en sus manos que significaba la libertad de los cautivos.
En cierto modo guarda relación con la Virgen de los Nudos porque de una forma u otra nos libera a todos.

La anécdota de Urteaga ya la conocía, pero me alegra que la hayas contado porque tengo una fe ciega en esas tres Avemarías.

Besiñps un poco anudados hoy, gracias por encomendar

Angel dijo...

Arcen: Si es que siempre atinas. Has hablado de las tres AveMarias y en tu post has hecho tres menciones importantes: La Vigen, el sacerdocio y la vocación contemplativa. ¿Puede habermás espiritualidad en esta entrada? Todas las fiestas de la Virgen son preciosas y seguro que cada día se celebra una en diversos puntos del mundo. Hoy quiero hablarte de esa imagen en la clausura monástica. A Mi me impresionó ucho la primera vez. Sentí una paz y una alegría que solo la he percibido cuado el Señor ha querido enviarme consolaciones espirituales. Siempre he admirado y admiro a estas mujeres y hombres que ya han entregado su vida por completo a Dios. Por supuesto hoy una plegaria especial por la intención que nos pides. Gracias una vez más por este momento de paz y serenidad al alma. Aquí hay tanta hoy, que mi compañera de trabajo que está en la mesa de al lado está frita. Así que estoy en silencio casi monástico. Un abrazo

eligelavida dijo...

¡Qué historia tan impresionante! No la conocía. ¡Y luego dicen que los milagros ya no existen!

Por supuesto, me uno a tu oración por las Mercedarias contemplativas. Un abrazo.

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