jueves, 31 de marzo de 2011

MORTIFICACIÓN PARA LA LIBERTAD

Por unas cosas o por otras, lo he ido posponiendo, pero de hoy no pasa. Tenía pensado desde hace tiempo, hablar de un tema tan eminentemente cuaresmal como… tan políticamente incorrecto…, del sacrificio, a través de la mortificación.
Minutos heroicos, mortificación de palabras y miradas, sacrificios variados que podemos ir ofreciendo día a día en beneficio nuestro y en el de nuestros prójimos. Al fin y al cabo, se trata de generosidad.
Comprendo, que estos asuntos, hoy, no sean del agrado del “gran público”, que provoquen rechazo, que incluso, asusten. Lo que no se entiende, a veces, da miedo. ¿Cómo podríamos explicar a alguien –bienintencionado- el sentido de la mortificación dentro de esta sociedad hedonista y sin valores? La respuesta en principio es bien sencilla, ¡mirando fijamente la Cruz de Cristo!; sin embargo, eso que parece fácil, hay que ponerlo en marcha, hay que fijarlo con clavos en la propia vida… y eso es lo que cuesta, eso es lo que hoy, no se quiere entender.

Comencemos por establecer algunos conocimientos básicos. 
En un sentido estricto del término, según el prestigioso diccionario Larrouse, "Mortificación" significa:
Dolor o sufrimiento físico buscado como castigo con el que conseguir dominar los deseos y las pasiones”

Y según el Diccionario de nuestra Real Academia, en su segunda acepción, "mortificarse" es: “Domar las pasiones castigando el cuerpo y refrenando la voluntad

“Dolor”, “sufrimiento”, “castigo”…., Efectivamente, no son estas, salvo para un masoquista, cuestiones muy atrayentes; sin embargo no debemos olvidar el fin perseguido…

La palabra en sí, proviene del latín –mortem facere-, hacer morir, y se trata exactamente de eso, de –hacer morir- al pecado en nosotros, de –matar- todo aquello que se opone a la gracia y que nos estorba en nuestro camino a la perfección. La perfección, la santidad es la meta, y a ella se llega por amor, y mirando la Cruz:

"Si alguno quiere venir en pos de mi niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame" (Lc 9.23). En realidad la mortificación, no es otra cosa que la negación de nosotros mismos, para bien de los demás y por amor a DIOS.

Sin embargo, no debemos asustarnos tanto, porque Dios solo nos da cargas asequibles, como dice San Josemaría en “Es Cristo que pasa”: “La mortificación no consistirá de ordinario en grandes renuncias, que tampoco son frecuentes. Estará compuesta de pequeños vencimientos: sonreír a quien nos importuna, negar al cuerpo caprichos de bienes superfluos, acostumbramos a escuchar a los demás, hacer rendir el tiempo que Dios pone a nuestra disposición... Y tantos detalles más, insignificantes en apariencia, que surgen sin que los busquemos --contrariedades, dificultades, sinsabores--, a lo largo de cada día

Por eso, no debemos huir de la mortificación, antes bien, debemos buscarla y practicarla, porque la mortificación pertenece a la esencia misma del cristianismo: no hay cristianismo sin cruz. Y cada uno ha de buscar donde emplearse más a fondo para lograr el objetivo.
Pero que nadie se engañe… la generosidad NUNCA es triste, siempre provoca alegría, a pesar del sacrificio; y es esto lo que este mundo no entiende…

Cada año y cada año más, con la llegada de la Cuaresma, se aviva la polémica. Es lógico que quienes tienen un planteamiento materialista de la vida, no puedan entender, ni el ayuno, ni la abstinencia, ni cualquier otra práctica penitencial…, lo que ya no es, ni admisible, ni razonable, son las críticas y mucho menos, todas las burlas que nos hacen quienes tanto presumen de tolerantes.

No deja de ser pasmoso, el rechazo furibundo de esta culturilla “new-age”, a algo que si se mira desde el punto meramente terrenal, es una práctica personal, totalmente libre, que a nadie obliga y a nadie daña. Sin duda, ese rechazo huele a la más grande de las hipocresías, máxime cuando… esta sociedad –tan progresista y avanzada- promueve algunos casos de sacrificio, a cual más absurdo:

- Dietas estrictísimas, para mantener el tipito.
- Cinturones gástricos que impiden comer más de la cuenta. 
- Duras sesiones de castigo en los gimnasios
- Sesiones solares insoportables, para obtener el bronceado perfecto.
- Costosas cirugías estéticas para engañar a "mamá natura" y al tiempo 
- Piercing, con los que agujerearse el cuerpo y llevar colgando todo tipo de metales en las partes más variadas del cuerpo: lengua, ceja, cintura, pechos, etc. 
- Y tatuajes, que marcan el cuerpo que duran para toda la vida.
.
Sacrificios, duros, muy duros…, y nadie dice nada y todos los aceptan. ¿Por qué entonces se horrorizan de nuestra mortificación y no de las suyas? 
Lo que me queda claro de todo esto es que se mire por donde se mire, el sacrificio es parte de la vida de cualquier persona. Cambian las prácticas concretas y sobretodo, las motivaciones…, pero ahí está la mortificación, incluso en aquellos que tanto nos critican. ¿No será, que lo no se entiende, no es la mortificación en sí misma, sino el motivo por el que se realiza? Porque nuestra mortificación, en palabras de Monseñor Tarancónno tiene por objeto destruir o debilitar la naturaleza, antes al contrario, sostenerla, cuidarla, ordenarla, mejorarla, hacerla fuerte, pronta, animosa y constante para todo bien” (Ver enlace)

Es decir, que nuestra motivación es diametralmente opuesta a la del mundo, porque la mortificación cristiana no se hace por tener un cuerpo más atractivo, ni para presumir, ni para triunfar en el deporte, ni para ser más famoso. Nuestra motivación es otra, y creo que por eso… escandaliza, desconcierta tanto y hasta indigna.

Pero, lo que ha de quedarnos claro a los cristianos de esta hora, es que debemos perder el miedo, (“¡No tengáis miedo!”), porque mientras no se pierda el miedo a la mortificación, estaremos condenados a vivir una vida espiritual mediocre en la que no existirá verdadero progreso sobrenatural y seguiremos esclavos de nuestros caprichos y nos faltará la libertad para poder amar a Dios sobre todas las cosas.

Vivimos en unos tiempos en los que los hipócritas ridiculizan nuestra mortificación; en los que pretenden pintarla como una aberración de espíritus descentrados; sin embargo yo cada vez, estoy más convencido, que estas prácticas, queridas por todos los grandes santos, son el camino cierto y directo a la auténtica libertad del hombre
 .

7 comentarios:

Pasto dijo...

Gracias por tus palabras de ánimo y por tus oraciones. La operación fue bien.En una semana estaré comentando y subiendo entradas con normalidad.Un fraternal abrazo.

Maria del Rayo dijo...

Arcen hablas muy claro.
Recuerdo una frase no se de quien sea: "Morir para vivir" que también se puede aplicar a los gustos terrenos. Y otra de San JUan Bautista: "Que Él crezca y que yo disminuya". Que todo sea para gloria de Él.
Gracias Arcen.

Mento dijo...

Tu entrada clara y tan explicita me ayuda a comprender, me alivia, al ver que no soy yo la unica que piensa de ese modo.

Bruce dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Bruce dijo...

-Knopler sublime! qué buen gusto tienes Arcen, (tenemos jajaja!).

-Ayer fui a ver con mi hermano "There Be Dragons" así que ya que hablamos de San Josemaría y de mortificación, él decía al respecto:

-"Una cucharada más de lo que no nos gusta, y una menos de lo que nos gusta", es decir: mesura.

-El padre Pío un día casi riñendo a un penitente que había sido muy riguroso al flagelarse, le dijo:
"El cuerpo es como un burro, al que hay que azotarle para que camine...pero ay! si nos pasamos y nos cargamos al burro, ¿quién nos llevará después?. Es decir: mesura.

San Francisco de Asis, reconoció al final de su vida que se había excedido en las mortificaciones. Él durante la Cuaresma se la pasaba entera a pan y agua, cosa que hoy siguen haciendo los franciscanos, pero es que San Francisco celebraba 3 periodos al año de 40 días a pan y agua, y muchos más ayunos y morificacioenes entre esos peridodos. Es decir que al final de su vida, tuvo que reconocer que es necesario un llamamiento a la: Mesura.

-La mesura no tiene nada que ver con la tibieza. Aunque un asceta le parezca muy tibia mi mesura, también es verdad que a un tibio le parecerá muy rigurosa mi mesura.

-Bien decía Sor Emmanuel en su libro sobre el ayuno: "NADIE ABSOLUTAMENTE OS COMPRENDERÁ CUANDO AYUNÉIS".

-La Virgen pide ayunar a pan y agua todos los miércoles y viernes durante todo el año. Evidentemente no lo pide de un día para otro, ese proceso pude llevar meses o años el conseguirlo.

-Yo en mi estancia en Medjugorje opté por ayunar sólo en viernes (que es lo que ya venía haciendo)pues todavía era mucho para mí ambos días. El resultado fue este:

1º-Al sacerdote franciscano que compartía habitación conmigo, me dijo que eso era ESCASO, teniendo en cuenta que estaba en Medjugorje debería motivarme un poco más y esforzarme y ayunar los dos días.Esto mientras comíamos en la pensión, delante de todo el mundo (detalle feo corregir en público).

2º-Otro sacerdote de los 7 que venían en nuestra peregrinación en un mismo avión, me criticó además abiertamente y delante de gente mientras estábamos en las cataratas de Tijalina, donde hacía escasos minutos habíamos visto el milagro del sol por segunda vez en nuestra estancia allí,(detalle feo nuevamente corregir de forma pública) diciendo
que era un ERROR que yo ayunara estando en Medjugorje, y que estando allí no debería ayunar, me recordó incluso el pasaje de las Escrituras donde Jesús dice a los fariseos por qué no ayunan sus discípulos pues mientras está el novio con ellos en el día de la boda no lo hacen, que ya lo harán después cuando no estuviera el novio, osea Jesús con ellos.
No sé muy bien a qué venía, pero bueno.

3º-Es decir: INCOMPRENSIÓN y eso que eran los dos sacerdotes, uno me dijo que me quedé corto y el otro que me pasé.

-Fue en momentos separados, tenía que haberles dicho a uno y otro que hablaran entre ellos y se aclarasen,más que nada para no liarme a mí.
Qué razón tenía Sor Emmanuele!!!

-Con estas cosas suele pasar como cuando hablo con mis amigos de izquierda que me llaman FACHA, y cuando hablo con mis amigos de derechas me llaman ROJO.

-Recapitulando: es cierto que a este mundo hedonista, lo de la mortificación les suena a masoquismo, que estamos chalados y somos unos talibanes fanáticos, pero es que además entre nuestros hermanos católicos también encontraremos incomprensión. Es decir lo mismo que le pasó a Jesús.
Seamos moderados, y que narices!! alegrémonos cuando nos critiquen por estas cosas.

Bruce dijo...

Otra cosa importante:

Jesús le dijo a Santa Faustina:

"LAS ALMAS QUE RECURREN A MI MISERICORDIA DE MODO ESPECIAL, SON LAS QUE MÁS SE COMPADECIERON POR MI PASIÓN". "ESTAS ALMAS RESPLANDECERÁN ESPECIALMENTE EN LA VIDA FUTURA."
"SON POCAS LAS ALMAS QUE CONTEMPLAN MI PASIÓN,A LAS ALMAS QUE MEDITAN DEVOTAMENTE MI PASIÓN, LES CONCEDO EL MAYOR NÚMERO DE GRACIAS"

"VALE MÁS UNA HORA DE MEDITACIÓN DE MI PASIÓN QUE FLAGELARSE A SANGRE DURANTE UN AÑO"

Ojo al dato con este párrafo último. He asistido a dos parroquias simultáneamente para recibir clases de hexégesis bíblica, y si esas palabras las hubiese dicho Jesús en el Evangelio hace 2000 años, ya me imagino lo que dirían los exegetas tan racionales ellos sobre las mismas: que ese párrafo es una hipérbole (exageración literaria), de esas que usaba Jesús muchas veces para mover los corazones de la gente o impresionarlos con ese objetivo.

Pero no!, eso lo dijo a Santa Faustina (primera santa en orden cronológico de este siglo XXI), es decir ayer mismo como quién dice no hace 2000 años con las posibles desviaciones por los traductores o dudas sobre lo que distintas expresiones de Jesús en aquella época podían sugerir una cosa y hoy otra distinta.Pero santa Faustina copiaba LITERALMENTE lo que Jesús le decía, luego no hay recurso literario que valga, si Jesús dice que meditar su pasión (Vía Crucis) con devoción se entiende por supuesto, habremos hecho más QUE FLAGELARNOS A SANGRE DURANTE TODO UN AÑO!!!!!!!!!!

Yo lo cuento, ahora que cada uno...saque sus conclusiones.

Yo por lo menos le he dado un valor nuevo al Vía Crucis. Un valor inmenso, pero no porque se me antoje a mí, sino porque lo ha dicho el mismo Jesús.
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María Simma dice que una de las cosas que más pedían las almas del purgatorio cuando la visitaban para pedirle ayuda y salir de allí, era la meditación del Vía Crucis (además de rosarios, misas...etc).

Esto se recogió en entrevista por Sor Emmanuele y que dicha entrevista se publicó como mini libro de Sor Emmanuele titulado: "El maravilloso secrecto de la almas del purgatorio" y que María Vallejo-Nájera en su libro sobre las almas del purgatorio "Entre el cielo y la tierra" también recoge por completo supongo que con permiso de Sor Emmanuele, ya que se deben conocer personalmente.
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¿A dónde quiero llegar con todo esto?
Que además de nuestras mortificaciones, mayores o menores, debemos meditar la pasión de Nuestro Señor, porque como el mismo ha dicho, vale tantísimo hacerlo y dándole más valor que mortificaciones tan severas como la anteriormente expuesta.

Ahí queda.

Angelo dijo...

Cuando se entiende el espíritu de la mortificación, ésta no resulta una carga , sino una liberación, a diferencia de los que la buscan sirviendo a un cuerpo que les exige unos cánones que la sociedad ha marcado.
Basta comentar en tu trabajo que no comes carne porque es Cuaresma, para que te miren raramente y lo más asombroso para mí: ¡Que haya gente que ni lo sepa! eso me ocurrió la semana pasada. Un compañero no sabía que era eso del ayuno y la abstiencia. ¡¡¡ Cuánto hay que evangelizar en este país!!!
Un abrazo y mi oración

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