jueves, 25 de octubre de 2012

ALGUIEN ESPECIAL (la rosa blanca)

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Hay personas que tienen el nombre, clavado. No es que sus padres acertaran, es como si predispusieran al vástago con el apelativo impuesto.
Cándido López, era así..., como su nombre y también como su apellido. Un tipo sencillo, normal, sin malicia alguna, una buena persona.

Cándido contaba ya treinta años, tenía un buen trabajo y vivía con sus padres. Quizás por su forma de ser, aún no había encontrado a la mujer de su vida. No es que fuera tímido..., es que según él: "todavía no ha aparecido alguien especial".
Casi todos sus amigos de la infancia y de la juventud se habían ido emparejando y él seguía solo. Alguno le decía: "Tío..., te vas a quedar para vestir santos", y algún otro le animaba a buscar la medía naranja a través de internet o de alguna de esas agencias matrimoniales tan de moda...; él siempre rechazaba tales propuestas: "todavía no ha aparecido alguien especial" decía y se quedaba tan fresco; "pues es una pena porque, se te va a pasar el arroz", le espetaban sus amigos..

Algunos, tras una dura jornada laboral acuden ávidos a los bares a gastar su tiempo, bebiendo cerveza y comentando el día, pero Cándido siempre fue distinto. A Cándido después de trabajar y antes de ir a casa, le gustaba pasar una hora en la biblioteca de su calle, y explorar otros mundos a través de las páginas de los libros...
"¡Así, poco va a ligar!" pensaban los que le conocían..., sin embargo, los caminos que tiene dispuestos DIOS para las gentes buenas son impredecibles.... Aquella tarde iba a ser trascendentalmente decisiva. 

Al tomar un libro de un estante, se sintió intrigado, no por las palabras del libro, sino por las notas escritas con lápiz en el margen. La suave letra reflejaba un alma pensativa y una mente especialmente lúcida, que dejó encandilado a nuestro protagonista.
En la primera página de aquel volumen, descubrió el nombre de la antigua propietaria de aquel libro, lo firmaba Rosa María Blanco. Tanta fue la fascinación por aquellas palabras allí escritas, que misteriosamente el simplón de Cándido, se transformó. Desde entonces no paró un momento y tras ocho meses de continuas indagaciones, pudo lograr su dirección de correo electrónico y se decidió a escribirla.

Le escribió un primer correo presentándose e invitándola a cartearse. Sin embargo, -(la vida tiene sus métodos)-, justo al día siguiente de ese primer contacto, Cándido tuvo que  embarcar a América. La sucursal canadiense de su empresa había sufrido una baja importante y era él, la única persona que podía cubrirla. ¡Estuvo más de un año, fuera!
Ahora bien, durante todo ese tiempo.. siguieron aquella relación, a través de esa correspondencia virtual y realmente llegaron a conocerse. Es más, cada carta era una semilla que caía en un corazón fértil; el romance empezaba a echar raíces.

Cándido le pidió una fotografía..., pero ella siempre se rehusó. Pensaba que si realmente estaba interesado en ella, su apariencia no debía importar. Cuando finalmente llegó el día en el que el debía regresar, ambos fijaron su primera cita a las siete de la tarde en la vieja Estación del Norte.
Ella le había escrito: “Me reconocerás por una ROSA BLANCA (igual que su nombre), que llevaré en la solapa.” Así que a las siete en punto, él estaba en la estación, buscando a la chica cuyo corazón amaba, pero cuya cara desconocía. Dejaré ahora que el propio Cándido nos cuente lo que sucedió después:

Una joven preciosa venía hacia mí. Su figura era delgada. Su impresionante pelo negro caía hacia atrás sobre sus delicadas orejas; sus ojos eran lo más bonito que había visto. Sus labios y su barbilla tenían una firmeza amable y, enfundada en su traje azul celeste de falda larga y elegante, era como la primavera misma, que empezaba a latir en mi interior.
Comencé a andar hacia ella, olvidando por completo que debía buscar la rosa blanca en su solapa. Al acercarme, una pequeña y provocativa sonrisa curvó sus labios.
- ¿vas en esa dirección? Murmuró. Casi incontrolablemente, di un paso para seguirla y en ese momento vi, entre la multitud..., a Rosa Maria con su rosa blanca en la solapa.”

Aquella otra chica del traje azul celeste ya se empezaba a alejar, hasta perderse. Me sentí como partido en dos, tan vivo era mi deseo de seguirla y, sin embargo, tan profundo era mi anhelo por conocer a esta otra mujer cuyo espíritu me había acompañado tan sinceramente....
Ahí estaba ella, esta otra muchacha: Su carita era morenita y regordeta y sus ojos tenían un destello cálido y amable. No dudé más. Habia venido a esto y tenía que hacerlo. Mis dedos afianzaron la gastada cubierta de piel marrón de aquel primer libro con su firma que había provocado nuestra relación y que ahora haría que ella me identificara. 
Esto no sería amor, en su acepción romántica, pero de alguna manera habría otra especie de afecto en una sincera y desinteresada amistad, por la cual yo estaba y debía estar siempre agradecido. Saludé y le extendí el libro, a pesar de que sentía que, al hablar, me ahogara la amargura de mi reciente desencanto:
"Soy Cándido, y tú debes ser Rosa María. Estoy muy contento de que hayas podido venir a nuestra cita.., tenía muchas ganas de conocerte en persona, ¿Puedo invitarte a cenar?
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La cara de aquella simpática mujer se ensanchó con una GRAN sonrisa:
No sé de que va todo esto, –respondió- pero la chica del traje azul celeste con la que te acabas de cruzar, me pidió que me pusiera esta rosa blanca en la solapa de mi abrigo. Y me rogó que, si tú me invitabas a cenar, por favor te dijera que te está esperando en el restaurante que está cruzando la calle, a la salida de la estación. Dijo que era algo así como una prueba. A mi me pareció divertido..., y aquí me tienes"
Cándido..., no cabía de contento. Plantó dos grandes besos en el rostro de aquella mujer y salió corriendo, cruzando la calle...., ¡hacía su destino!
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Moraleja: la verdadera naturaleza del corazón se descubre, muchas veces en su respuesta, incluso a lo que, a primera vista no es tan atractivo.
Admirable la sabiduría de Rosa María. Por fín, nuestro Cándido personaje, encontró en ella... a "alguien especial".
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...
*    *    *    *    *

7 comentarios:

Militos dijo...

Bueno, bueno, que historia tan bonita, eres increíble y vaya con el Cándido, qué pena que esta Rosa se me haya adelantado..., no creo que queden hoy muchos hombres así.

Me encantó y la moraleja más.

BESIÑOS Y FELICIDADES.

Ya veo que te volvieron las musas, jajaja...

José Ramón dijo...

Arcendo Ha sido una satisfacción conocer este admirable historia el amor nunca sabemos donde flórese
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Saludos desde Abstracción texto y Reflexión

Maria del Rayo dijo...

Esta bonito el cuentito, no se como inventas cuentos. Esta bello. La canción preciosa "más que palabras" me encantó, nunca la había escuchado.
Gracias!!
DTB!!

Rosa dijo...

¡Qué bonita historia!, yo me la creo, porque el amor es mágico y Cándido es encantador, supo esperar, lo tenía claro.

¡¡¡Muy bonito!!! Gracias.

Ailyn dijo...

Muy conmovedora historia.., pero en realidad pasó o es solo un cuento?
Al final ya no entendí, y como en la etiqueta dice cuentos..
saludos Arcendo :)

(Cuanto me gustaría me sucediera algo parecido :) )

Militos dijo...

Qué bonito el banner. Esa rosa blanca inspira tánto. Y el alfiler también me gusta mucho, hay algunas cosas que tienen mucho encanto, una Hoja verde, por ejemplo. Jaja..., si algun día nos conocemos puedes llevar una hoja verde, lo malo es que yo no puedo aparecer con un cañón...

BESIÑOS TODAVÍA NO DE BUENAS NOCHES.

Anónimo dijo...

Cuenta cuenta Arcen, es un cuento, una historia real ¿qué es?

Está bonito.

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