miércoles, 5 de octubre de 2011

CRITICANDO AL CRÍTICO... sin rencor.

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Hubo un tiempo en España, antes del advenimiento de la democracia, en el que se conspiraba desde dentro. Muchos de los exiliados de la guerra civil habían vuelto expectantes, animados por el nombramiento de D. Juan Carlos a la sucesión en la Jefatura del Estado, esperando una posible abdicación de Franco o incluso su muerte. Durante este tiempo apareció la canción protesta, Raimon, Lluis Llach y Joan Manuel Serrat despuntaron entonces; Triunfo o Cuadernos para el Diálogo, por un lado y el Imparcial por otro era lo que se leía por entonces.
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En aquella época en la que se barruntaban cambios, no solo los exiliados empezaron a meter ruido, "los tapados" también. Y es el caso de Juan Antonio Gaya Nuño, este personaje, además de ser un ilustre y docto historiador de faceta impecable (se recuerdan sus trabajos sobre el Románico en España y El Museo del Prado entre otros), fue también un crítico de cierto renombre en el arte moderno, y es en esta faceta donde me voy a centrar.
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En su biografía consta que su padre fue fusilado por las tropas nacionales en la guerra civil; es sabido que en tiempos de guerra los ajusticiamientos en uno y otro bando eran cuestión diaria, y aunque es rigurosamente cierto que, en poblaciones en las que el frente estaba más lejano, los paseos, sacas, y asesinatos eran más frecuentes en el bando rojo por el descontrol de grupúsculos desmandados más propicios al gatillo flojo; también es constatable que hubo fusilamientos en el bando nacional. Y por H ó por B, le tocó al padre de nuestro protagonista. No se sabe a ciencia cierta los motivos del fusilamiento, pero fue un hecho que le marcó para siempre.
Gaya Nuño arrastró toda su vida una amargura que le llevó a combatir veladamente al régimen, sin exilarse pero lo hizo como supo, a través del Arte y lamentablemente con el resentimiento por bandera.
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Fue el valedor de "artistas" iconoclastas como Tapies y Gris, trayendo a la esfera artística española todo lo que viniera de pintores y escultores noveles que sin el apoyo de Gaya, nunca hubieran sido nada.
Su inteligencia como mercader de arte y la opinión pública de entonces, tan abierta a defenestrar al "ancien régime" encumbraron a una pléyade de bocetistas sin oficio, ni beneficio, exceptuando, probablemente, a los dos antedichos.
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Claro que, a parte de servir de mecenas, también sacó también provecho económico y también... de prestigio personal en el mundillo en el que se movía. Es decir la pescadilla que se muerde la cola, unos se ayudan a otros, y "todo queda en casa".
Pero lo más relevante es que, Gaya Nuño no pasó por la vida como mero espectador en el arte, sino que actuó de primer figurante y aunque movido por un odio visceral, supo aprovechar la situación y sus conocimientos para combatir a su modo, lo que él, erróneamente o no, consideraba injusto.
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Hoy, he creído oportuno traer aquí al personaje, para divulgarlo y darlo a conocer, tanto por su ingente e interesante obra, como para tomar ejemplo; no en el resentimiento, ni en el odio, pero sí en el aprovechamiento de los talentos de que hizo gala para pelear por sus ideales; y esto es algo que sin duda, todos podríamos aprender de este tan excelente, como amargado crítico e historiador de arte.
Ahora ya solo podemos agradecer y nutrirnos de sus buenísimas obras y por descontado, rezar por su alma.... Así lo hacemos hoy, desde mi Hoja.
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4 comentarios:

Mento dijo...

Yo de politica ya sabes que entiendo poco, por eso me gustó siempre escuchar las historias de ambos bandos.
Matar a otro semejante por un ideal es el absurdo y la mayor aberración al don de la vida, eso sin contar los albortos por encargos que tenemos hoy dia.
Pero si admiro a las personas, bajo la bandera que se asienten a defender de palabra y con las virtudes dadas aquello en lo que creen aunque a mi no me paresca justo.
Prefiero siempre admirad al ser humano por lo poco de bueno que haga y exprese, que juzgarlo por lo malo. Que ya dios tambien conmigo echará su ratito a la hora del juicio.
un beso grandote.

Bruce dijo...

Es muy fácil caer en el prejuicio cognitivo de la llamada "demonización" pero hay que tratar primero de conocerlo y segundo de combatirlo.
Voy a poner un ejemplo casero de producción nacional: detesto la ideología política de Bardem, pero me gusta como actor. Trato de no caer en la demonización y separar ideología y arte.
Otro ejemplo, en este caso internacional, es el de Bruce Springsteen (algún defecto tenía que tener el hombre), que no me gusta ni un pelo que sea demócrata en vez de republicano y defienda la política de Obama, que en determinados puntos está alejadísima de la Doctrina de la Iglesia Católica. En puntos tan innegociables como el aborto o el tema de las células madres utilizando para ello fetos humanos cuando eso se puede solventar aprovechando los cordones umbilicales.

Personalmente sé que tengo muchos defectos, y alguna que otra virtud, espero que los primeros no lo eclipsen todo, como me pasa a mí conmigo mismo de vez en cuando, y también con los demás.

Con este señor del que hablas Arcen y que yo no tenía el gusto de conocer, habrá que hacer lo mismo, olvidarnos que es un rojelio y valorar que es un figura en lo suyo. Tampoco les vendría mal a los rojelios hacer este sano ejercicio, con la gente de la derecha.

Maria del Rayo dijo...

Me imagino cual es la ideología de las izquierdas, quizás sea:
el menor esfuerzo y la mayor ganancia.
Muchas ideologías por vencer.
Gracias Arcen!!

Militos dijo...

No me gusta demasiado tu post de hoy, lo siento, yo también defiendo mis ideales y en el bando nacional no se mató a nadie por su religión o por su ateismo, sólo a los que intrvinieron en acciones de guerra.
Sé que hubo algunos linchamientos pr insidias personales, pero eso no fue culpa del régimen, ni del bando nacional, sino casos puntuales que se llevaron a cabo personalmente por algunos.
Te dejo que Paula está mala y no para de toser.

BESIÑOS DE CRÍTICA

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