miércoles, 19 de octubre de 2011

NUESTRA CATALINA FUE muy GRANDE

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Elaborando ayer el post sobre el origen de la fiesta del Rosario, no pude evitar sentirme un poco triste. Rabia y tristeza es lo que siento cuando veo lo mal que tratamos los españoles, a nuestra gloriosa historia, sobretodo desde las últimas décadas.
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Gracias al cine y al patriotismo de otros, sabemos mejor la Historia de otros países que la propia. Hay que ver la cantidad de pelis que hemos visto, magnificando la -breve- historia americana. Hemos visto tanto, que ya nos sabemos de memoria todas sus hazañas, desde la épica batalla de Little Big Horn hasta el desembarco de los hombres de Ike Eishenhower en las playas de Normandia.
Es curioso, pero muchos españoles sabemos bien quienes fueron Abraham Lincoln o Luther King y sin embargo no podríamos decir absolutamente nada de Don Pelayo, de Daoiz o del sitio heroico del Alcázar toledano, pongo por ejemplos.
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Durante estas dos pasadas legislaturas se hablado mucho de la "Memoria histórica", sin embargo, esa -maniobra amañada- nada tiene que ver con la verdadera recuperación de todos aquellos valores históricos que hicieron grande a España.., todo lo contrario. Los promotores de toda esa memoria parcial, olvidan deliberadamente lo más fundamental, porque como decíamos ayer..., nuestra Historia, siempre ha estado ligada a la religión. Nunca se puede entender una cosa sin la otra.
Por eso, hoy quiero traeros un trocito más de nuestra Historia, para que la conozcamos y la empecemos a honrar y amar como se merece.
En las épocas de los Reyes Católicos, del Emperador Carlos o de Felipe II, no todo fue inquisición, leyenda negra y oscurantismo, como se empeñan los progres en resaltar. Todo tuvo su razón de ser y además... en todos los países "cuecen habas".
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Así pues..., ahora que están de moda las bodas reales con plebeyas y cosas similares, contemos ahora, un pedacito de nuestra historia "rosa" que nos vincula directamente a la pérfida Albión y que hay que contar para descubrir a una mujer, poco conocida, pero realmente excepcional.
Es tan curioso este relato que los huesos de nuestra protagonista, española por los cuatro costados, reposan hoy en suelo inglés, y en su tumba aparece la siguiente inscripción: "Katharine Queen of England" (con la forma antigua Katharine, no Katherine).

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Por supuesto estamos hablando de Catalina, hija menor de Fernando II de Aragón y de Isabel I de Castilla.
Su historia es ciertamente fascinante, puesto que, en cierta manera, con su firmeza hizo cambiar el rumbo de la historia de Inglaterra, al menos en lo tocante a la religión.
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Nuestra protagonista nació el 15 de diciembre de 1485 en Alcalá de Henares. Recibió el nombre de Catalina en honor a su abuela Katherine de Lancaster, reina consorte de Castilla y fue educada para ser una joven casadera con vocación al reinado.
La verdad es que.... su inteligencia, que dicen que era mucha, ayudó a su extensa educación. Además de saber tejer, bordar y guisar..., le gustaba mucho la danza y la música y hablaba perfectamente seis idiomas: castellano, flamenco, francés, alemán, inglés y latín.
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Con estas cualidades, además de su belleza, no fue dificil encontrarle buen partido.
Al llegar a los 16 años, sus padres optaron por casarla con Arturo, hijo mayor del rey inglés Enrique VII Tudor. El -trato- matrimonial entre ambas coronas, que se produjo el 14 Noviembre de 1501, pudo considerarse como una alianza entre los dos países, como era costumbre en la época. Sin embargo, a pesar de la "obligación" de Estado, al parecer, Catalina y el joven Arturo, se llevaron bien desde un principio, pero Arturo... que era tísico, desgraciadamente moriría a los pocos meses del enlace, el 2 de Abril de 1502.
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El inconveniente suceso iba a propiciar una jugada maestra de Enrique VII para no perder la sustanciosa dote de la princesa española. En principio, pensó casarse él mismo con Catalina, después de la muerte de su mujer Elizabeth. Pero fue su hijo, el hermano menor del malogrado Arturo, el que le propuso boda. Estamos hablando del que luego sería proclamado Rey, como Enrique VIII.
Los nuevos esponsales se celebraron el 11 de Junio de 1509 y de esta manera Catalina de Trastamara se convertiría en reina de los ingleses.
Al principio Catalina y Enrique se entendieron bien. Pero eran completamente distintos y pronto tomarían caminos diferentes.
Enrique se destaparía como un auténtico casquivano, patán, mujeriego y amigo de juergas; mientras que Catalina emplearía su tiempo en hacer caridades entre los más pobres, en apoyar la cultura y la educación, y sobre todo en proteger y difundir la religión católica que era en la que le habían educado sus padres.
Además, Catalina fue una consorte excelente. Mientras que él andaba pavoneándose por las cortes europeas, ella administró tan bien el Reino que se ganó el respeto del pueblo, que siempre estuvo de su lado, hasta el punto de llamarla "the beloved Katharine"
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Catalina, entre tanto y tanto, tuvo seis embarazos, solo uno de los cuales, la de la niña que luego sería la reina María, llegó a buen término. Por eso llegó un momento en el que se supo que no podría tener mas hijos y ese fue el detonante de su calvario.
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El caldo de cultivo tuvo dos serios ingredientes.
Por un lado la presión ejercida por la nobleza para que su hija Mary no llegase a reinar (por ser mujer) y por otro, las continuas infidelidades de Enrique, cada vez más públicas.
Los más notorios adulterios, fueron los que tuvo Enrique, primero con María Bolena y luego con su hermana Ana.
Esta última, Ana, resultó ser muy astuta..., se negó a ser solamente -la concubina- y  no accedió al lecho hasta que Enrique pagara su pasión con boda. Así que el Rey no tuvo más remedio, que buscar la más drástica de las soluciones.
Enrique le planteó el divorcio a Catalina, alegando que su matrimonio estaba maldito por haberse casado con la esposa de su hermano. Así Dios les castigaba negándoles un hijo varón. Catalina, como fiel católica, se negó en redondo a darle el divorcio.
Ella se aferró con dignidad a su -verdadero- amor por Enrique y sufrió mucho por esa decisión. Desde entonces, vivió ya entre preocupaciones y oraciones, los desprecios eran frecuentes. Enrique se hacia ver con Ana Bolena que actuaba como Reina aunque no lo era. Hasta que Ana finalmente exigió que exiliaran a Catalina.
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Al tiempo, Enrique VIII rogó, amenazó y escribió muchas cartas a Roma, pero el Papa, también temiendo represalias del sobrino de Catalina (el formidable emperador Carlos I), se negó a conceder cualquier tipo de nulidad de ese santo vínculo.
Las consecuencias pudieron ser nefastas, sin embargo Catalina, con muy buen criterio y bondad evitó lo peor. El Emperador Carlos había preparado el ejercito y la armada germano-española para invadir Inglaterra si finalmente Enrique VIII rompía con Roma separándose ilegalmente de su tía, pero Catalina le rogó que no invadiera por ningún motivo a la nación que tanto amaba.
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A pesar de todo, animado por esa incontenible lujuria que se apoderó del rey, tuvo lugar lo inevitable. Enrique en un alarde del absolutismo más radical y de un egoísmo sin límites, perpetró el cisma con la Iglesia Católica y con el, el nacimiento de la Iglesia de Inglaterra. Consumó, primero el matrimonio -ilegal- con Ana Bolena y posteriormente coronó a la amante como Reina de Inglaterra.
A partir de entonces, oficialmente Catalina ya no fue la reina, sino la Viuda del Príncipe de Gales, Arturo Tudor. Y esa decisión implicó no pocas encarcelaciones y algún que otro ajusticiamiento, entre los "apoyos" de la Reina española, el principal , el de Tomás Moro, -un hombre para la eternidad-, un gran santo que siempre apoyó a Catalina.
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Catalina aun así, siguió esperando la resolución del Papa Clemente VII que presionado por Carlos V, acabó excomulgando a Enrique VIII y condenando el acto cismático donde hicieron, cabeza de la Iglesia de Inglaterra a este lascivo personaje.
Por fin, en cierta manera había triunfado la verdad, Enrique era reconocido ante el mundo, como un hereje contumaz, un bígamo y un falso cristiano, sin embargo, el final de la desdichada y firme Catalina fue una vez más... ¡ejemplar!.
Aislada, encerrada... apartada violentamente de su hija a la que nunca dejó de añorar; así pasó sus últimos años, pero murió amando, perdonando, rezando y deseando hacer el bien.
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Tenia 50 años, el reconocimiento de la Historia y el cariño del pueblo. ¿Se le puede pedir más a un personaje público?....., la santidad si acaso y ya hay incluso, quien la solicita a través de una bitácora (ver ENLACE) donde aparece esta tan curiosa, como veraz, oración privada:
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"Reina buena Catalina, siempre firme en la fe en su matrimonio y en la Iglesia de Cristo, soportaste con valentía la crueldad y la traición, pero nunca traicionaste tu fe sucumbiendo a las falsas promesas hechas por los que te abandonaron. Enséñanos el camino de la fe. Concédenos Señor la gracia de seguir el ejemplo de su fe, coraje, piedad, bondad y compasión. Ruega por nosotros."
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"Good Queen Katharine, ever steadfast in your faith to your marriage and to Christ’s Church; bravely enduring unkindness and betrayal, yet never betraying your faith by succumbing to the false promises made by those who abandoned you.  Teach us the way of your faith. Grant us the grace to follow the example of your faith, courage, piety, kindness and compassion. Pray for Us."
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Por todo lo dicho, yo acabo este post, entonando con orgullo esta conocida frase:
¡GOD SAVE THE QUEEN... CATALINA DE ARAGÓN!
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8 comentarios:

Maria del Rayo dijo...

Es muy necesrio saber de historia, pero la verdadera, no la que inventan muchas veces en los libros de texto de muchos gobiernos.
Ahora entiendo porque muchos anglicanos están regresando a la Iglesia Católica, pues surgieron del capricho de rey.
Cualquier persona bautizada cristiana y católica que haya vivido en grado heróico las virtudes cristianas puede ser santa canonizada en la Iglesia.
Si una diócesis le inicia un buen proceso la reina Catalina, puede ser Santa y venerada en la Iglesia.
Redundo y digo lo mismo que tu dices, disculpame.
Saludos en Jesús y María.

Angelo dijo...

Me apasiona Catalina de Aragón. Por eso hoy he disfrutado con tu post. Es uno de mis personajes históricos preferidos. Lástima que la serie de los Tudor no sea apta y la hayan estropeado con escenas fuera de lugar, pero me encantó como presentaron a Catalina. Una mujer fuerte, serena y sobre todo con una gran confianza en Dios, defendiendo la fe por encima de todo. Fantástico.
¿Cómo estás? Ayer pedí oraciones a la familia.
Off topic: Hoy tengo que formatear el ordenador, así que como algunos amigos en común entran aquí, sabrán el porqué de mi silencio. Estoy un poco estresaaaaaaadooooo, llevo con problemas informáticos desde ayer y hoy tengo que trabajar, y dormir, así que antes tengo que arreglarlo. Espero poder entrar en casa de todos por la tarde. Un abrazo.

LAH dijo...

Una preciosa historia que no deberia quedar en el olvido, Arcendo me ha gustado que me refresques la historia! un abrazo

Mento dijo...

Genial, aqui a una que no es muy intelectual le vienen de perillas estas entradas, gracias hermano.
Un beso.

Bruce dijo...

Madre mía, que mal empezaron los anglicanos poniendo a la cabeza a Enrique VIII, no me extraña que la cosa derivara en lo que es hoy la iglesia anglicana.
Desde luego lo de Catalina es digno de elogio, todo un ejemplo.

eligelavida dijo...

Muy interesante. Esto sí que es memoria histórica y no las sandeces que nos quieren encajar. Dice Tomás Moro que Catalina fue una reina muy querida por el pueblo. No es extraño que descanse en suelo inglés...

Andy dijo...

Uno de mis intereses es la Historia (estudié 3 años de carrera) y, concretamente, la historia de nuestra España.

Muchas gracias por traernos al recuerdo a esta gran mujer, hija de una de mis reinas favoritas, la gran Isabel, la católica.

Iba a ponerte el enlace de la web inglesa para la causa de canonización de la reina, pero ya he visto que la has incorporado al post.

PD: Es la primera vez que te escribo, pero no la primera que te leo.

Un saludo y enhorabuena por el blog.

Militos dijo...

me encanta esta sección nueva de la Historia de España, no la dejes, por favor.
BESIÑOS y mi deseo constante y orante de que estés bien

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