martes, 20 de abril de 2010

MEMORIA DE UN GRANDE

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Dios puede sacar el bien del mal sin nuestro consentimiento. El diablo puede sacar el mal del bien, no sin nuestro consentimiento.”
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Esta frase veraz, certera y genial, que convendría que todos leyésemos e interiorizásemos profundamente, fue escrita hace ya algún tiempo, por alguien que hoy, desgraciadamente, es un perfecto desconocido, y sin embargo es uno de los más grandes pensadores católicos. Se trata de León Bloy.
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De Bloy se puede decir que su vida fue intensa e interesantísima:
Escritor católico, converso; pasó de un anticlericalismo violento a un catolicismo apasionado. Fue, y sigue siendo, un escritor capaz de impresionar fuertemente, de hecho muchos grandes intelectuales como Georges Bernanos o Jorge Luis Borges siempre se declararon fieles admiradores de Bloy.
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Pero hoy, más que su biografía (
ver enlace), me interesa resaltar una curiosa anécdota.
Fue Bloy, un adalid de todos los valores que hoy parecen en el olvido, un tipo integro, alguien que prefirió vivir en la miseria, una vida tremendamente dura, antes que claudicar a la erosión de los mediocres. Por eso esta carta escrita en junio de 1905, a un par de nuevos admiradores que le habían enviado algún dinero por carta, junto con el ofrecimiento de ayuda y amistad, nos da cuenta del verdadero valor y el ejemplo de esta excepcional persona.
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Señores (o señor y señorita, porque ese nombre "Raïssa" me sorprende y desconcierta):
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La carta de ustedes, tan simple y afectuosa, me ha emocionado sobremanera. Nada me cuesta declarar que los veinticinco francos llegaron oportunamente. Esa mañana había tenido que pedir prestada una pequeña suma al peluquero para el almuerzo de mi mujer y mis hijas. No hay nada de temerario en el hecho de aspirar a mi amistad. Si son ustedes almas vivientes, como presumo, cuantan desde ya con el cariño de este viejo hombre de dolor, que estará encantado de conocerlos.
[...] El mes próximo cumpliré los cincuenta y nueve años, y todavía lucho por mi pan; sin embargo, he podido socorrer y consolar a muchas almas, y esto es un paraíso para mi corazón.
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La pareja en cuestión, eran
Jacques Maritain y su mujer. Con veinte años, recién salidos de la Sorbona, agnósticos, cultos y desesperados (planes de suicidio incluidos), Un año después los dos (más la hermana de Raïssa, Vera) recibían el bautismo, con Bloy como padrino.
Lo que demuestra que Bloy fue una persona que marcaba, y marcaba con fuerza el sello amoroso de Dios sobre la frente de muchos con los que se cruzó y sobre otros muchos que tuvieron la oportunidad y la suerte de leerle.
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León Bloy, es un desconocido muy a tener muy en cuenta. Ojalá se pusiera de moda de nuevo, yo os lo recomiendo.
Terminemos pues el post, como empezamos, con otra de sus memorables e impactantes citas:
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Cuando no hablamos de Dios o en el nombre de Dios, es porque el diablo nos habla y nos escucha en un silencio formidable."

DESCANSA EN PAZ, LEÓN, NOS RESISTIMOS A OLVIDARTE.

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5 comentarios:

FOTELIAS dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=r1dai8HJewI

maria jesus dijo...

Había oido hablar de él, pero lo desconozco, intentaré subsanar mi ignorancia, pero no creo que sea facil.¿Porqué no nos recomiendas algún libro? ¿Sabes donde se pueden encontrar?

Oceanida dijo...

Wow, lo que Dios no pueda hacer...

me fascina la historia de este hombre, le tendre que leer pues no le conocia y gracias a ti ya esta en la lista. Hay maneras de vivir que parecen pobres pero llevan toda la riqueza inimaginable en el camino.

Un fuerte abrazo Arcendo!

Militos dijo...

Solo vengo a dejar mi protesta. o sea que después de acostarme temprano, pasarme la mañana fuera de casa, tener que hacer la comida a estas horas, vengo y me encuentro con dos post de Arcendo, no me da tiempo a nada, así que hasta la tarde no podré leerte con tranquilidad.
¡HE DICHO!

cLARO QUE BESIÑOS SI PUEDO DEJARTE Y TE LOS DEJO

Militos dijo...

Bueno, por fin, después de firmar en tu libro de reclamaciones, puedo sentarme a leerte con tranquilidad.

Impresionante la vida y obra de Leon Bloy. La frase inicial es genial. Y qué pocas veces caemos en algo así, por lo menos yo no había caído en que el demonio necesita nuestro consentimiento para sacar el mal del bien.
Por eso muchas veces cuando achacamos al demonio algo malo que hemos hecho, resulta que hemos sido nosotros solitos quienes se lo hemos consentido.
Desde luego es para pensarlo y examinarnos despacio.

Qué vida tan dura debió llevar este gran hombre, siendo un genio. Grande habrá sido su recompensa en el Cielo por haber acercado a Dios las almas de los Maritain y tantas otras que no conocemos.

Ha sido estupendo que lo hayas sacado a la luz en tu Hoja. Creo que es obligación nuestra dar a conocer a católicos tan ejemplares y estimulantes.

Besiños,Arcendo, he disfrutado tarde de este post, pero mucho, mucho.

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