lunes, 22 de octubre de 2012

ACTITUD POSITIVA (post de lunes)

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Las circunstancias de las personas y de las familias van cambiando a medida que pasa el tiempo. Desde hace 20 años que nos casamos, en casa siempre hemos tenido coche y siempre lo he manejado yo. Yo era el que llevaba a los hijos cuando eran pequeños a casa de los abuelos, a la guardería o al colegio y después me iba a trabajar. Trabajé durante muchos años de comercial y me movía por toda la comunidad de Madrid, así que para mí, el coche era una herramienta laboral más.
Al paso de los años, los chicos han ido creciendo y valiéndose de sí mismos, así mismo mis condiciones físicas también variaron hasta el punto de tener que dejar tantos ajetreos.

Aunque mi mujer trabaja fuera de Madrid, ella nunca había tenido permiso de conducir; estuvo a punto de sacarlo poco después de casarnos, pero quedó embarazada y entre las molestias propias del estado y el trabajo, lo dejó.
Hace un par de años, por San Valentín, mi regalo fue la matrícula en la autoescuela. Lo acogió con sorpresa (a la vejez, viruelas -dijo riendo-), pero se lo tomó en serio y gracias a DIOS, sacó el carné a la primera.
No ha habido mejor inversión que esta. Yo ya no uso el coche como antes, y ella, que antes se levantaba dos horas antes para ir a trabajar, ahora solo necesita una. Duerme más, va más relajada y llega más descansada; y lo que es mejor de todo.., por la tarde vuelve mucho antes y estamos más tiempo juntos.

Pues bien, desde que hemos cambiado esos hábitos "vehiculares", hay siempre una cosa que compartimos y es que, cada viernes o sábado, vamos juntos a poner gasolina. Llenamos el depósito para que durante el resto de la semana ella esté más despreocupada y no tenga que repostar.
Siempre, o casi siempre lo hacemos en la misma gasolinera, y casi siempre nos sirve un chaval joven, que en realidad es el desencadenante del post de hoy.

Muchas veces, mi mujer y yo hemos hablado de él, después de cada visita a esa estación de servicio. "Hay que ver que majo es"..., es lo primero que te sale del alma, al salir de allí. La verdad que es un gusto encontrarse con gente así. Siempre sonriente, siempre de buen humor. Siempre hablando bien de todo el mundo: del anterior cliente porque "iba muy pintón y tenía mucha clase" y con el del camión de suministro porque, -aunque es del Barça-, siempre "cuenta muy buenos chistes y se echan unas risas".
Aunque seguro que el chico tendrá sus momentos, yo no le he visto aún, una mala cara, un mal gesto, una mala palabra..., y la verdad es que es de agradecer una actitud, siempre tan amable y positiva. Como que... te ayuda a seguir adelante, como que.., contagia, como que..., te refuerza para afrontar la semana con otro talante.
"¡Que fácil sería todo, si todos fuésemos así!, que fácil es hacer felices a los demás, y que poco empeño ponemos en ello", decía mi mujer, con toda razón. Este pensamiento que comparto, me trae un recuerdo precisamente de mis tiempos de comercial.
Cuando estuve en activo, tuve que asistir a varios cursos profesionales y leer varios libros sobre el tema. Unos más amenos que otros, unos más prácticos que otros, pero -como conocimientos que son- todos me resultaron útiles.
Ahora bien..., de todos aquellos manuales de ventas, me quedo sin dudarlo con las obras de Dale Carnegie.

Dale Carnegie es un clásico en la teoría comercial. Carnegie fue un conocido empresario de éxito estadounidense, famoso sobretodo por sus libros. Fue autor de varias obras que hoy se consideran fundamentales en la formación de empresarios e instructores comerciales.
Una de las ideas centrales de sus libros, para mí una de las más interesantes, es que es posible cambiar el comportamiento de los demás, al cambiar nuestra actitud hacia ellos.
Entre sus libros más celebres están:
"Como hablar bien en público: e influir en los hombres de negocios"
"La Manera Rápida y Fácil de Hablar Eficazmente"
Y sobre todo su best seller, "Cómo ganar amigos e influir sobre las personas", sobre el que me quiero centrar más.
Os quiero traer aquí uno de sus mejores párrafos. Se trata de una breve anécdota personal que narra el propio Dale Carnegie, que mi memoria ha enlazado directamente con mi "suceso" con el gasolinero simpático. Os la transcribo íntegramente y en seguida vais a comprender porqué.

"Estaba yo en una cola esperando registrar una carta en la oficina de correos de la calle 33 y la octava avenida, en Nueva York.
Noté que el empleado de la ventanilla se hallaba aburrido de su tarea: pesar sobres, entregar los sellos, dar el cambio, escribir los recibos, la misma faena, monótonamente, año tras año. Me dije, pues:
"Voy a tratar de agradar a este hombre".
Evidentemente, para conseguirlo, debo decir algo agradable, no de mí, sino de él. "¿Qué hay en él que se pueda admirar honradamente?" A veces es difícil responder a esto, especialmente cuando se trata de extraños; pero en este caso me resultó fácil. Instantáneamente vi algo que no pude menos que admirar sobremanera.
Mientras el empleado pesaba mi sobre, exclamé con entusiasmo:

"¡Cuánto me gustaría tener el cabello como usted!" Alzó la mirada, sorprendido, pero con una gran sonrisa.
"Sí. Pero ahora no lo tengo tan bien como antes" -contestó modestamente.

Le aseguré que si bien podía haber perdido algo de su gloria, era de todos modos un cabello magnífico. Quedó inmensamente complacido. Conversamos agradablemente un rato, y su última frase fue:
"Mucha gente ha admirado mi cabello..."

Apuesto a que aquel hombre fue a almorzar encantado de la vida. Apuesto a que fue a su casa y contó el episodio a su esposa. Apuesto a que se miró en un espejo y se dijo: "Es un cabello muy hermoso".

Una vez relaté este episodio en público, y un hombre me preguntó:
"¿Qué quería usted de aquel empleado?" ¡Qué quería yo de él!
Si somos tan despreciables, por egoístas, que no podemos irradiar algo de felicidad y rendir un elogio honrado, sin tratar de obtener algo en cambio; si nuestras almas son de tal pequeñez, iremos al fracaso, a un fracaso merecido.
Pero es cierto. Yo quería algo de aquel empleado. Quería algo inapreciable. Y lo obtuve. Obtuve la sensación de haber hecho algo por él, sin que él pudiera hacer nada en pago. Esa es una sensación que resplandece en el recuerdo mucho tiempo después de transcurrido el incidente."

Yo no tengo mucho más que añadir porque la anécdota me ha parecido especialmente significativa. Pero aún así, me gustaría cerrar el post con otra de esas maravillosas frases de Carnegie, que personalmente es una de las que más llevo a la oración, para tener una buena actitud, con los que a diario, DIOS ponga en mi camino:
"Pasaré una sola vez por este camino; de modo que cualquier bien que pueda hacer o cualquier cortesía que pueda tener para con cualquier ser humano, que sea ahora. No lo dejaré para mañana, ni la olvidaré, porque nunca más volveré a pasar por aquí."
.      .      .
 
...
*    *    *    *    *

6 comentarios:

Angelo dijo...

Uff... que bien se respira después de leer tu post. ¡Si es que la verdad, es que cuesta muy poquito...!
No pierdo la esperanza de un mundo mejor. Genial el video. Un abrazo

Sacramento Rosales dijo...

Me gusta mucho tu entrada de hoy brother. Desde la imagen que la abre, pasando por lo que nos compartes de ti, lo que instruyes...Hasta el video, je,je.
Yo no conocía a Dale Carnegie ni he leído nunca un libro de estos que refieres, pero en mis años laborares de cara al publico aprendí que una sonrisa y derramar un poco de alegría en las personas hace milagros. Me gusta mirar a la gente, las observo y como en esta anécdota que cuenta Dale, destacar algo que despierte su autoestima del momento. Y puedo decir que es contagioso, cuando lo haces por los demás algo de ellos te impregna y te transforma también a ti los ánimos. Que fácil seria vivir si cada uno se levantase proponiéndose dar una sonrisa a la primera persona con que nos crucemos, seria tan bello y reconfortante vivir relacionándose con los demás...
Un abrazo sanador.

Militos dijo...

Hace mucho tiempo ya hablaste de este Carnegie ¿No? Es merecedor de que le hagamos caso, aunque yo no tengo problema en ese sentido, no me saldría otra cosa que decir amabilidades a troche y moche, tampoco tengo que proponérmelo porque siempre encuentro algo digno de resaltar en mis semejantes, y no es mérito mío es del que me hizo así.

De todas formas lo que más me gusta es el chico de tu gasolimera y la frase de tu mujer y cómo compartes con ella las tareas, ahora en lo que está a tu alcance y sobre todo, que sepas aceptar de muy buena manera hasta donde puedes llegar ahora.
Dios te va a premiar todo eso, tu libro de la vida ya debe estar casi repleto, pero por favor no te excedas demasiado no vaya a ser que te reclamen ya, se un poquito malo ¿Vale?.

BESIÑOS AMABLES Y como supongo que todavía no puedo decirte "qué bonito pelo tienes" ¿O sí? te digo qué guapísimo estás, da gloria verte.

Rosa dijo...

¡Me ha encantado!, yo también lo creo, y la última frase es preciosa...para aplicar...

¡¡¡Gracias!!!

Anónimo dijo...

Leí esos tres libros cuando era adolescente. Siempre pasaba por la cristalería de una librería de mi barrio con la ilusión de comprármelos, no tenía pasta, e intúida que serían muy buenos.

Reuní dinero como pude y me los compré. No me equivoqué, nada más empezar a leer me di cuenta enseguida.

Sospeché un poco y dudé en comprarlos precisamente porque tenían unos títulos demasido comerciales, demasiado buenos para ser verdad .... y como nos lo han pegado tantas veces en esta vida, pues cuando te lo ponen así no te lo crees.

Todavía conservo en mi estantería el que viene a ser un resumen o compendio de los otros dos "Cómo ganar amigos e influir sobre las personas".
Los otros son buenos, pero a mi juicio lo que tienen sobre el que he nombrado es más casuística, más ejemplos, pero las ideas básicas y genéricas están ahí con ese vale, se puede uno ahorrar los otros, por eso lo conservo precisamente.

Como anécdota, hará unos 12 o 13 años me operaron de menisco, porque un señor mu güeno me dio una patada, bueno la primera me la dio en la boca, quizás el menisco me lo rompí yo en mi legítima defensa. (es muy largooo de contar así que me ahorro detalles de quién y por qué paso eso, solo diré que estaba trabajando).

El caso es que estando recuperándome de la operación cogía el coche de vez en cuandouletas y todo.
Al llegar a casa, no había aparcamiento en el todo el barrio, no sé que pasaba, pero allí no faltaba nadie y eso que era media mañana. Así que hice un cosa muy mala,y es aparcar encima de la acera, una acera muy ancha eso sí, tanto como una calle entera, no molestaba a peatones ni nada, en un lado así como el que no quiere la cosa.

Mala suerte, un vecino del barrio, que nunca he saludado, ni antes ni después de aquello es curioso, que es poli local, me hizo una receta.
15.000 pts de la época.

Sé muy bien como va eso de poner y quitar multas, hacer recursos etc y sabía que no había nada que hacer desde un punto de vista legal, es decir que me tocaba pagar y envainármela.

Pero ... tiré de ingenio y me acordé de este libro, más que un pliego de descargo parecía una carta de declaración de amor al policía que me puso la multa ... y coló! jajaja! todavía la conservo jajaja!

Amorticé multiplicado por no sé cuánto de un golpe lo que en su día tanto me costó ahorrar comprando esos libros. Y amprendí varias lecciones que no olvidaré jamás, la primera no aparcar encima de una acera nunca más, la segunda, que todos somos seres humanos y que a veces recordárselo a los demás es bueno.

De todas formas no repitáis el experimento en vuestras casas, todos los días no son fiesta.

Ah! querido Arcen, como me sigas hablando de ese chico de la gasolinera terminaré creyendo a Iker Jimenez cuando dice que existen los extraterrestres y están infiltrados entre nosotros. Deben ser estas personas tan amables. Mira que es raro ver alguien así.

Una de ellas, es una chica que trabaja en el Mc Donals junto a mi casa, ya le dije que ella era la "culpable" de que estuviera a dieta, porque solo por saludar a una chica tan simpática merecía la pena comer comida rápida todos los días.

Por supuesto está casada,alguién así no puede estar solo, es más le he profetizado que será rica, lo que le hace mucha gracia, y se lo argumento en que si yo fuera jefe de una compañía importante no me la dejaría escapar a cambio de un sueldo estratosférico. Le digo que tenga paciencia, que ya aparecerá ese jefazo algún día y la sacará del Mc Donals, Mc auto más concretamente, la que recoge los pedidos en la calle de pie en la ventanilla de los coches y quién sabe, igual yo me hago rico, y volveré por ella para contratarla. Eso también le hace reir, y lo triste es que tiene razones para reir jajaja! bueno, mejor reir que llorar.

Gracias Arcen por recordarme como tengo que ser, como tengo que comportarme, por contagiarnos tu alegría.

PD: El anuncio de Coca-Cola del diez!

Militos dijo...

Este anónimo que parco es en palabras ¿Verdad?
Un beso para él y BESIÑOS de mañana para mi Lohengrin

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