lunes, 18 de julio de 2011

DIES ATER

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La Historia, en mayúsculas, tiene su memoria; con la particularidad de que, aunque en un principio no se conozca la verdad en su totalidad, el–recuerdo- siempre es fiel, terco y acaba por desenmascarar las trampas. Las caretas caen, los farsantes quedan con el culo al aire, y la verdad siempre acaba por brillar en todo su esplendor.
Afortunadamente, los manipuladores de la Historia, solo triunfan de forma momentánea.
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Es precisamente este día, 18 de Julio de 2011, que para muchos pasará desapercibido; el que yo he elegido para rescatar –por justicia-, una parte de la Historia.
Creo que ya es tiempo de reivindicar como es debido, una página de la más reciente Historia colectiva de este santo país. Ciertamente, esos tiempos pasados (de los que voy a hablar hoy) fueron azarosos, sin embargo creo que también fue una época de grandes esperanzas, con un final, luminoso.
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Hablar hoy, del 18 de Julio y de sus consecuencias, aunque las nuevas generaciones no sepan ni de que va, no solo es “políticamente incorrecto”, es casi ¡anatema!, pero para mi es UN DEBER y además... UNA NECESIDAD.
Bien es cierto, que últimamente, ha habido estudiosos (Pio Moa, Cesar Vidal, Ricardo de la Cierva), que afortunadamente ya se han desprendido de las viejas obsesiones izquierdistas y pretenden “ver” la Historia de manera más ecuánime, pero todavía, aunque han pasado más de 70 años, hay demasiados prejuicios sobre ese tiempo y casi nunca bien encaminados.
Mi intención no es, librar una batalla ideológica con eruditos, no me considero tal y saldría siempre perdiendo. Lo que quiero es, hablar de lo que yo he visto, he leído y he “mamado” de esa época. Dentro de esas –experiencias personales-, vividas o contadas por gente de la que me fío a pies juntillas, hay de todo, pero el balance final es absolutamente positivo.
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Hace unos días, nos sorprendíamos leyendo en la prensa, una peregrina idea sobre el 18 de Julio. La propuesta partía de uno de esos grupúsculos sin excesiva importancia, ni popular, ni parlamentaria y pedía que se declarase esta fecha del 18 de Julio, como “el día del rechazo al régimen franquista”.
Hablemos nosotros también de la fecha, pero hagámoslo con propiedad.
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El 18 de julio es día que hace el número 199 del año, y el número 200 en los años bisiestos y fue conocido por los romanos, como "DIES ATER".
Pero lo que hoy nos hace hablar de esta fecha con tanto apasionamiento, son los acontecimientos que tuvieron lugar, en España, el 18 de Julio del año 1936.
En realidad, todo lo que se desató aquel caluroso sábado de Julio, se había empezado a fraguar mucho antes…, y pese a lo que se crea, Franco, ni fue el promotor, ni fue el detonante. Antes bien, según las últimas investigaciones históricas (seguramente las más fiables), Franco fue, ante todo, un defensor de la legalidad vigente:
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Según cuenta hoy mismo en “La Gaceta”, Jaime Ignacio del Burgo (Ver ENLACE), “Mientras el general Emilio Mola preparaba el levantamiento militar desde Pamplona, Francisco Franco alertó al presidente de la República, Alcalá Zamora, y a Manuel Azaña sobre el desarrollo de los acontecimientos, a lo que este último respondió: “No temo a las sublevaciones. Lo de Sanjurjo lo supe y pude evitarlo, pero preferí verlo fracasar
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Por supuesto cuando la situación fue insostenible, la guerra fue inevitable, y Franco no tuvo más remedio que ponerse al lado de la ley y la razón, precisamente por el caos institucional reinante y sobretodo por los evidentes –golpes de estado- populares, que arremetieron con ferocidad y dureza, contra todas las instituciones democráticas básicas, empezando por la Justicia.
Uno de los protagonistas supervivientes de aquello, el Capitán General González del Hierro, que entonces tenía 20 añitos y era cadete, recuerda hoy (Ver ENLACE) que  “La guerra era inevitable. O al menos esa era la sensación que se respiraba desde meses antes”.
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De la España republicana, no solo podemos y debemos recordar, la consabida quema de conventos y la persecución religiosa; convendría en todo caso apelar, a los libros y a la MEMORIA de los nuestros más allegados. Unos y otros constatarán fehacientemente que las detenciones indiscriminadas y todos esos actos violentos contra los desafectos a la República,  fueron perpetrados, no solo por anarquistas, grupos aislados y descontrolados, sino que en muchos casos, fueron guardias de asalto los que actuaron con el apoyo o la connivencia –más o menos tácita- del gobierno de la República. Veáse sino, el asesinato –anunciado- de Calvo Sotelo, que probablemente, si fue, la mecha del Alzamiento.
Clara Campoamor, diputada de las Cortes Constituyentes y adversaria de las derechas, manifestó:
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Madrid vivió desde mitad de mayo hasta el principio de la guerra civil en una situación caótica: los obreros tomaban sus comidas en los hoteles, restaurantes y cafés, negándose a pagar la cuenta y amenazando a los patronos de estos establecimientos cuando manifestaban el propósito de reclamar la ayuda de la policía. Las mujeres del populacho hacían sus compras en los almacenes de alimentación sin pagar sus adquisiciones, por la buena razón de que estaban acompañadas de un "chulo" que llevaba un elocuente revólver. Además, incluso en pleno día, en los barrios alejados y hasta en el centro de la ciudad se saqueaban los pequeños comercios, se llevaban los géneros amenazando pistola en mano a los comerciantes que protestaban”.
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Resulta paradójico que aún hoy, alguien tache todavía de “rebeldes” y de falta de respeto a la legalidad vigente, a aquellos que se sublevaron contra el caos.
Los mayores actos de represión, ejecuciones, torturas y violaciones se llevaron a cabo en la zona roja. La España republicana era un absoluto e ingobernable caos, que se extendió mucho más, después del Alzamiento.
En pueblos y ciudades donde no fue necesario un solo tiro para someter a la población bajo el yugo clara y notoriamente soviético, se emprendió una feroz cacería contra los simpatizantes de Franco. Todo sospechoso de “faccioso” era carne de checa y el miedo, algo cotidiano.
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Aquí, sin hacer menoscabo de otros testimonios, quisiera dejar constancia de lo vivido por mi familia durante los años de guerra.
A mi familia, le tocó en pleno bando republicano.
Yo por edad, tuve la inmensa fortuna de no vivir aquellos años; sin embargo mis familiares todavía hoy relatan con verdadero estupor aquellos hechos que todavía hoy humedecen sus ojos y enfrían su alma. El que vivió aquello es imposible que lo pueda olvidar.
Es difícil no recordar, sin que te retumben aún los oídos, las terribles detonaciones de los “paseos” y la zozobra de pensar que en el siguiente registro, podrían llevarte a ti o a cualquiera de los tuyos. Es complicado no acordarse de las noches sin término escuchando la radio, bajo una manta para no llamar la atención.
Las escenas se apiñan en lo más profundo de la memoria como una colección de días de miedo, que nadie hubiera querido vivir.
Algún día, espero, alguien con la suficiente bravura y con los medios adecuados, pueda hacer de este período de la Historia española, una película al modo de la magnífica “Lista de Schlinder” de Spielberg. No se puede olvidar que nuestra guerra fue para muchos otro gran holocausto.
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La inquina a lo religioso era tal, que la posesión de cualquier imagen, estampa, rosario; cualquier objeto de este carácter, era prueba inequívoca de traición a la república.
Muchas muestras del tesoro artístico de la Iglesia desaparecieron a manos de una iconoclastía sin sentido, pasos de semana santa, imágenes seculares, sillerías, retablos, cálices; los mismos templos eran quemados o demolidos. Las imágenes de las iglesias se sacaban a la calle, eran profanadas, rotas, fusiladas. Las Iglesias no derruidas se convertían en “casas del pueblo” o garajes. Los sacerdotes, monjas y civiles católicos eran torturados de la manera más cruel, y hasta los cementerios eran impunemente violados; se sacaban de sus tumbas los cuerpos de conocidos terratenientes, curas o simplemente gente que por venganzas personales caían mal, y como en un desfile macabro y dantesco, los cadáveres se paseaban en caballo, se colgaban, se quemaban o simplemente se dejaban en las puertas de las casas.
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Mi abuelo, como cualquier otro, no tenia más delito que el de hacer su trabajo de abogado con diligencia, y ser un buen católico practicante, sin más pretensiones políticas o de otra índole. Supongo que esto ya fué suficiente motivo para “catalogar” a mi familia y tenerla “marcada”. Mi padre fue encarcelado. La familia no supo nada de él, con las consiguientes dudas sobre su vida, hasta poco antes de terminar la guerra. Posteriormente, se enteraron que no fue fusilado por su ascendencia mejicana.
Mi familia sufrió interminables registros, cañón en la cabeza, buscando a mi padre, incluso en los cajones... y aprovechando la circunstancia, para llevarse todo lo que de valor o no, hubiera en la casa.
Mi abuelo fue llevado al SIM  para interrogarle y estuvo al menos 6 días en los que la familia ignoraba su paradero suponiendo lo peor.
La supresión de todos los derechos de los detenidos (presunción de inocencia, asistencia jurídica, habeas corpus, comunicación con el exterior, etc., etc), eran prácticas habituales en la “justicia” popular.
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¡Y el hambre....!, se pasó mucha hambre, interminables colas para conseguir un chusco de pan o un trago de leche; ante esa escasez se llegaban a buscar alternativas, comer mondas de patatas o naranjas previamente calentadas en una olla.
Recuerda una de mis tías, entonces niña, que en aquellos años de guerra y hambre acudía a diario a los camiones de suministros para llevar a su hermano, recién nacido, un simple cazo de leche; y que sistemáticamente el miliciano encargado, derramaba el blanco liquido ante sus ojos argumentando con desprecio “para los hijos de los fascistas no hay”.
Mi familia fue acosada y atemorizada y aún así, tenemos que dar gracias,  porque otros conocidos y amigos no lo pudieron contar.
En cuanto al hambre, no creo que llegara a  producir victimas mortales de forma directa, pero si produjo posteriores secuelas. Mi madre perdió fuerza en el nervio del ojo, años después lo perdería definitivamente a causa de la avitaminosis de aquellos años.
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Pero sobretodo fueron años de terror, porque la violencia era la dueña de la vida ciudadana. Individuos portadores de odios y rencores se aprovechaban de las circunstancias, en un país donde la verdadera justicia era una utopía.
Los juicios populares, las checas, el sim, eran los ejecutores de esta singular justicia, el veredicto, en muchas ocasiones, era acabar en una saca con destino a una fosa común.
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Contaba mi madre, que horas antes de entrar los nacionales en el pueblo, los milicianos o los que habían sido verdugos, delatores e instigadores, arrojaban las armas por los tejados y huían apresuradamente; de modo que cuando las tropas nacionales hicieron su aparición se encontraron la población casi desierta.
Días después y ya con las tropas nacionales, controlando la situación, el entusiasmo se apoderó finalmente del pueblo, que recibió a estos soldados como una verdadera liberación, con vítores, aplausos, con muestras de alegría inusitada y con el ansia de empezar una era más esperanzadora que dejara atrás esos años de angustia.
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Por todo eso, hoy 18 de JULIO, -dies ater-, ni puedo, ni quiero permanecer indiferente.
Para mi familia y por tanto, para mi con toda la razón y el sentimiento, el día 18 de Julio de 1936 fue el día de La liberación nacional. El principio del fín del caos y la sinrazón. El inicio de la esperanza.
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Aunque las secuelas de la historia sigan causando dolor, el pasado no puede ser enterrado por los intereses de unos y el miedo de otros.
Muchas veces el ejercicio de la caridad invita al silencio y en otras ocasiones, esa misma caridad EXIGE la palabra y el posicionamiento.
Así que hoy, 18 de JULIO, -dies ater- me es preciso hablar y recordar por todos aquellos que ya no pueden hacerlo. Así que con orgullo, reivindico esta fecha, la bendigo y de paso, rezo por todos aquellos que la hicieron posible, estén hoy con nosotros, o no.
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Post data, a propósito de la fecha:
A todo el españolito que tiene la suerte de trabajar hoy, le deseo ¡Feliz paga del 18 de Julio!. Invento este, junto con todas las prestaciones actuales de la Seguridad Social, instituido por Franco, a través del mejor ministro de trabajo que ha tenido España, José Antonio Girón de Velasco (1941/1957)
Al resto, a esos pobres españolitos, que durante este 18 de Julio de 2011, ni tienen trabajo, ni lo consiguen, que se lo “agradeZcan” a los que están ahora, y actúen, votando en consecuencia... faisanes, a parte.
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5 comentarios:

Mento dijo...

Nuestra historia sin duda son esas raices que nos asientan al suelo y nos mantienen erectos. Sea cual sea la parte de la historia que nos tocó vivir, personales o por familia, la historia debe ser contada justa y parcial respentado a todos los que tuvieron que vivir en dichas epocas, con sus dificultades y beneficios y mantenerla viva. Sin nuestra historia, miramos atras y no somos nadie. Gracias Arcendo por esta entrada de hoy.
Un abrazo.

Angelo dijo...

He quedado impresionado por la exposición que nos has brindado. Solo me queda pedir insistentemente a Dios que nunca más, nadie pueda vivir tanto dolor. Y ese camino es muy largo...
Un abrazo fuerte.
Off topic: He tenido un percance técnico con el blog irrecuperable. Ya te contaré...

LAH dijo...

Leyendote me ha venido a la memoria lo que mi padre nos contaba de aquel horror, lo llevaron al frente republicano con 17 años, hice una entrada acerca de esto, les llamaban "la quinta del chupete" por su edad, eran niños! y todo lo que vivio lo recopiló en un libro que edito hace pocos años:"Los Ultimos que fuimos a la guerra", porque fué ya en la etapa final. Fue todo tan espantoso que pido a la Virgen no vuelva a ocurrir. un abrazo Arcendo.

Titania dijo...

El 18 queda apuntado en mi agenda. Gracias.

Militos dijo...

Imposible entrar antes a comentar, ya me iba a decidir a publicarlo en el blog cuando me han dado vía libre.

Este año no pensaba hablar del 18 de julio del 36, entre otras cosas porque es el año en que nací, (ese 27 de noviembre que siempre se te despista, día de la Milagrosa) seguramente por eso vine al mundo con un cañón bajo el brazo...porque de pan poquito.

El caso es que si tú me sacas esta emotiva y verdadera entrada ¿Cómo me voy a quedar callada?
Todos sois mucho más jóvenes que yo, pero a mi me ocurre lo mismo, que de la guerra sé lo que mis padres y familia me contaron que es muy parecido a lo que relatas.

A mi madre lo que la aterrorizaba era el sonido de los "obuses" cuando caían cerca de su vivienda, bueno que no era la suya porque de recien casados vivieron en Ferraz, pero tuvieron que refugiarse con otros familares y abandonar cuanto poseian, ya que mi padre por ser hijo y hermano de militares estaba muy buscado. Uno de sus hermanos mmurió heroicamente en el cuartel de la Montaña y el otro en la Batalla del Ebro.
Lo más duro de la guerra fue en Madrid, donde también se pasó más hambre y penuris porque cuando, algo mayor, comentaba con mis amigas del cole, ellas decían que en las zonas donde vivieron como enseguida entraron los nacionales pronto hubo comida.
En realidad tú lo has expuesto todo muy bien y creo que no hay que añadir más, sólo que agradezco, como cada año, a Franco que en principio no quería unirse a los sublevados no contra la República, sino contra su abandono de autoridad y contra el comunismo de Stalin que se había adueñado de España, su decisión de secundar el Movimiento, como también los cuarenta años de paz y prosperidad que nos proporcionó a todos los españoles.
Es muy esclarecedoor lo que cuentas del aviso que le dió a Azaña.

Un dato anecdótico que te dejo es que, como yo nací al principio de la guerra, mi madre siempre decía que por eso era tan rebelde y, sin embargo, el hermano que me sigue que nació el 1 de abril de 1939 era buenísimo por haberlo hecho el día que acabó la guerra. No sé si tendría razón, pero lo tengo grabado desde niña. Lo que sí sé es que ¡póbrecita mi madre! que tuvo dos embarazos y partos en plena guerra, con el agravante de que mi padre, en cuanto le fue posible, la dejó con su familia para pasar a la zona nacional, donde, contaba, que lo primero que hizo en Santander, darse una comilona.

Ay querido, gracias por este trozo de historia de España que me has hecho revivir hoy, triste, pero buena porque terminó con la persecución religiosa tan cruel como la de Nerón.

BESIÑOS, MUCHOS, DE HERMANDAD, TAMBIÉN NACIONAL

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